El descargo sobreactuado de Antonio Laje en su programa, en el que ensayó unas lágrimas que declamó, pero jamás fueron visualizadas, es una prueba más de la impunidad con la que, este siniestro personaje, se ha movido en los últimos veinte años en los medios. Las denuncias de acoso laboral y sexual de hoy son consistentes con la perversidad de sembrar terror en la ciudadanía a través de sus pronósticos jamás cumplidos. 

“Si alguien se sintió maltratada le pido disculpas de corazón”, la frase pronunciada por el denuniciado en siete oportunidades, por colaboradoras que van desde el maltrato laboral al acoso sexual, es la respuesta en modo control de daños, que se obligó desde la gerencia del canal América, conducido por Liliana Parodi. La ex productora de Intrusos, que rige los destinos del canal del grupo Vila-Manzano, esperó demasiado, creyendo que la denuncia desaparecería. Pero no fue así. La voluntad expresada por Eugenia Morea, así como María Belén Ludueña, Fiorella Vitelli y Maite Pistener, para que sus denuncias fueran parte de la agenda mediática, impidieron que el operador económico, pudiera “barrer todo bajo la alfombra”.  

Laje es uno de los operadores de la derecha argentina más longevos de los medios. Sus recordados trabajos junto al responsable de la comunicación latinoamericana de la derecha mediática, Daniel Haddad, en las medianoches de la televisión al momento del desastre del 2001, sembrando pánico desde esa monocorde, impostada y guionada verba en la cabeza de miles de televidentes argentinos, que ya eran mortificados a diario con las políticas económicas de la primera alianza conservadora, encarnada por Fernando De La Rúa, Domingo Cavallo, Patricia Bullrich y Hernán Lombardi entre otras joyas, son un botón de muestra de su accionar.  

Más tarde, Laje, continuó su tarea de sembrar terror, cuando la Argentina estaba pacificada tras el interinato de Eduardo Duhalde, al decretar sin datos algunos que, el dólar que se encontraba con un valor de cuatro pesos, treparía a 11, para lograr así una operación más de las que nos acostumbró en las últimas dos décadas. La realidad volvió a desmentir a Laje y el dólar se retrotrajo a tres pesos, siendo el único momento en la trayectoria reciente del país, donde la apreciación del peso creció un 25%. 

Ese momento histórico, tal vez, fue el momento para cancelar, tal como se entiende hoy el concepto de “cancelar” a Antonio Laje. Veamos: un tipo, que como modus operandi, siembra el terror económico y social y hace eso como modo de vida, ¿no es capaz de mucho, mucho, más? Por supuesto que sí. Su personaje en pantalla mostraba ciertos brillos de autoritarismo que hoy intenta que sean perdonados bajo la cruel máscara de ser “exigente, pero de ninguna manera maltratador”. Sus burlas a compañeros y a los personajes de la realidad, mostraban ese monstruo que continuaba creciendo. Bajo la falsa creencia que “no es fácil este trabajo, acá se vive tensión, se vive el minuto a minuto y obviamente, tampoco es para todos” intenta justificar lo que era vox populi y el mismo lo confiesa a medias “Cuando me enojo, lo hago desde lo laboral, no desde lo personal” aunque admitió “Tal vez exijo mal, pero de ninguna manera soy un maltratador”. Todas estas concesiones que se escudan en la exigencia profesional, suenan como los intentos de defensa de los que ejercen la violencia de género sobre sus compañeras. O ¿acaso hay diferencia con un “lo que pasa es que yo la amo demasiado”? 

Su perverso discurso cierra con una afirmación que tiene que aceptarse como una verdad revelada y jamás discutida: “No tengo ningún problema en pedir disculpas si alguien se sintió maltratado. Lo único que quiero dejar en claro es que, acá, no hay maltrato”. Para dar lugar al verdadero punto en el que hace a la cuestión: no está arrepentido de lo realizado (tal como dice que se trata de “lo que piensa el maltratado”) ni de las acusaciones de acoso sexual. Su problema radica en lo que él cree el meollo del asunto y es su, lamentable y psicopático, epílogo “tengo en claro que están tratando de liquidarme, de sacarme del aire. Toda la vida di la cara. Yo estoy acá”.

De nuevo y a modo de cierre: alguien que no tiene empacho en aterrorizar a un pueblo con mentiras y operaciones económicas para lograr un rédito económico, es capaz de muchas barbaridades más. Las denuncias ya están hechas y es hora de apoyar a las víctimas. 

Cancelemos a Laje. 

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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