El humorista Sebastián Fernández, definió a la figura que engloba ese accionar conjunto, casi endogámico, de medios, justicia y políticos de derecha para la instalación de una operación o noticia de su interés, como Nado Sincronizado Independiente. Tal como la disciplina olímpica, medios, justicia y políticos conservadores se unen en una danza coreografiada que es la envidia de los mejores equipos del hemisferio norte. Pero todo de modo “independiente”.  ¿Cómo sucede? Desde la centralidad del poder, digamos Clarín, se decide un tema, una operación o un carpetazo que sea de interés para el grupo. A partir de ese momento en un movimiento de avanzada, los editorialistas del grupo comienzan la tarea de liderar el ataque a través de sus columnas, los comentaristas de noticieros harán su parte pormenorizando razones (que, por apócrifas, no dejan de lucir verosímiles) y ya instalado en la pantalla, los operadores políticos, terminarán de decorar el tópico con engolados monólogos mirando a cámara. La confirmación de este nado sincronizado, se ve sustentado por los medios satélite: La Nación, Perfil e Infobae y se rubrica con la adhesión a la postura de lo más rancio (o talibán) de los políticos conservadores. Todo envuelto en un aire de espontaneidad e independencia ¿Un ejemplo? Clarín necesita horadar la popularidad de Alberto Fernández durante la pandemia. No lo puede atacar directamente por sus políticas de salud, entonces lanza a su jauría a minimizar la pandemia, recluta a pseudointelectuales decrépitos y hasta con cierto grado de senilidad (no es una burla a la enfermedad, grave e invalidante que muchos padecen, es simple descripción) como Sebrelli o Kovadloff para cimentar su prédica, recluta a talibanes de la política como Patricia Bullrich, Fernando Iglesias o a inimputables como Alfredo Casero o Baby Etchecopar y el circo se completa con mamarrachos mediáticos como Federico Andahazi o Eduardo Feinmann y la rueda comienza a girar. En los más de 300 medios que componen el ejército de fierros del grupo, comenzará a desfilar ese tema por cuanto programa esté dispuesto a darles un espacio. Lo verán en la en los primeros noticieros del día, lo colarán en el programa de variedades de la primera mañana, se volverá a ver el tópico en la edición del mediodía de ese mismo noticiero, en el programa de seudo variedades de la tarde (ese que era de “chismes” pero ahora incluye “opinólogos” y, obviamente, políticos de derecha). También podrá verse en los canales de noticias a la tarde, en el noticiero de las siete, de las ocho y de las nueve de la noche, para rematar estarán en los programas “serios” de los mismos editorialistas que arrancaron la embestida y cerrarán con algún móvil para el noticiero de la medianoche. Cansador, ¿no? Así operan, así se mueven, así presionan los resortes del “humor social”, siempre a través de la demolición, del desprestigio del otro. 

Hoy se trata de sellar la cloaca que se destapó con el espíagate, ese que apunta directamente a la casa Rosada y a los ocupantes que se fueron en Diciembre de 2019. Esa cloaca que salpica a Majules, Wiñaskis, Lanatas pero tiene “los dedos” de la administración macrista y el amparo del grupo Clarín impregnados. Hoy la cofradía habla, en perfecto nado sincronizado, de defensa de la democracia y la libertad de expresión. Muestran amenazada la palabra, cuando nada hicieron, cuando cientos de periodistas fueron expulsados de los medios a partir de Diciembre de 2015 convirtiendo en un monólogo único a la televisión. Declaman verse censurados, estigmatizados y perseguidos aquellos que formaron parte de un aparato “paraestatal” creado al amparo del mismo Estado. Esta suerte de Triple A del siglo XXI, no secuestró o mató físicamente, pero asesinó reputaciones con mentiras, desmoronó carreras con falacias y sirvió -como engranaje mediático- para llevar a cabo un latrocinio al patrimonio del estado que hace quedar a la última dictadura cívico militar como gente amateur. 

Hoy preparan la primera demostración de fuerza destituyente, la preparan para el 9 de julio. Ya amenazó Patricia Bullrich, ya Diego Leuco mintió con los silobolsas y las muertes que suceden solo en la imaginación clarinista. Ya Etchecopar destiló odio y llamó cáncer a la Vicepresidenta. Ya van preparando el terreno.

Así como la Restauración Conservadora de 2008, intentó forzar la renuncia de Cristina Fernández a través de la negativa a aceptar la resolución 125 por parte de los “Gauchócratas de la Soja”, hoy buscarán arriar a todo el pabellón psiquiátrico de la derecha vernácula, a todo el lumpenaje que transita Intratables, el programa de Fantino y el set de Leuco, los conminarán a salir a defender algo que jamás estuvo en peligro: la libertad de expresión. Preparan con tiempo y se superponen al llamado del progresismo a apoyar la gestión de Fernández durante la pandemia. Necesitan mostrar fuerza porque, la elección de 2021, los tiene que encontrar con fortalezas y esa alianza conservadora, hoy, se está haciendo pedazos ante la falta de un conductor carismático. Saben que no repetirán los guarismos de 2019, saben que parten de un techo que está muy bajo y de un piso que cada día se agujerea con las declaraciones de su principal socio, la UCR, el retiro de Carrió,  con Larreta y Vidal también envueltos en el espíagate. No alcanza con inventar un Medoexit, necesitan un mojón, necesitan mostrar que “se puede”. Y no lo harán con finas artes. Todos los días demuestran una escalada de violencia verbal superior al día anterior. En su imaginario está Jeanine Añez: aspiran a una revuelta que los devuelva a la Rosada como antaño: por la fuerza. 

Hoy, el colectivo Nacional y Popular decide no salir a manifestarse para cuidarnos y cuidarlos de la pandemia. No faltan ganas de defender el proyecto que eligió casi el 50% de la población. Sobran los argumentos para hacerlo.  Ellos, en cambio, quieren miles de contagiados y centenares de muertos para justificar, como errónea, la elección de la vida por encima de cualquier indicador económico. Hoy también depende de todos, no volver para atrás. Y mirar adelante significa salvar vidas. Porque sin vidas tampoco hay libertad de expresión que custodiar. La pandemia dejó al desnudo muchas cosas en nuestra sociedad, pero la más evidente, es la poca importancia que le asigna a la vida la derecha argentina. Y hasta en esa acción reprochable como es el desprecio por la vida, tienen la libertad de expresión para decirlo y hacerlo.

Editorial

Foto de Jennifer Polanco en Pexels

Comentar con facebooks
Artículo anteriorY un día todas las provincias se contagiaron
Artículo siguienteHallaron el cadáver de Fabián Gutiérrez