La colonización mental o el sentido común impuesto
El dinero no produce dinero. Los papeles son sólo papeles. Ninguno tiene valor concreto y ninguno vale más que otro, según su color u origen. El valor es subjetivo, simbólico. Le ponemos nosotros tanto valor como le ponemos valor a la bandera. Aún sin dinero, el ser humano existiría y necesitaría comer. El papel moneda es simplemente un vale que dice "entréguese un kilo de papas a cambio de este papel", nada más. A las papas hay que producirlas. Para ello, necesitamos tierra, aire, agua, clima, herramientas y EL TRABAJO. Ahora, si nos convencemos que, en vez de papas, necesitamos dinero, somos nosotros mismos quienes colocan el yugo y los grilletes en el cuerpo. Nos volvemos esclavos. Y los señores de los mercados o sus difusores televisivos, son simples capataces para arrear a la masa, al servicio de la Oligarquía Financiera Internacional.

Nuestra clase dirigente o política representa -sin dudas- las características personales de sus mandantes: no es casual que alguien, hace ya mucho tiempo, haya corregido aquella mentada frase: “Los pueblos no tienen los gobiernos que se merecen, sino aquellos que se le parecen”, luego han aparecido pensadores nacionales que han hecho célebres frases como “Cuando a la clase media le va mal, vota bien pero cuando le va bien, vota mal”. Sin embargo, en esta columna preferimos avenirnos al también popular y anónimo: “Vox Populi, Vox Dei” (la voz del pueblo es la Voz de Dios) y así jamás cuestionar a las mayorías populares, sino simplemente señalar el hecho que tengan los votos, no quiere decir que se tenga la razón. Esto vale para cualquier fórmula en el poder luego del debido proceso eleccionario.
Entonces, en este juego de espejos y espejados, de representantes y representados, empezaremos diciendo que nuestra clase dirigente en general -salvo honrosas excepciones- se encuentra en un estado de alienación mental tal (al igual que la sociedad que representa), que ha perdido por completo la noción elemental del dinero como medio de intercambio para la producción de bienes y servicios.
Acá surge interesante analizar algunas cuestiones, que se presentan como inmutables pero no son del todo correctas, para lo cual es necesario hacer un poco de historia: en plena Revolución Sandinista, se pusieron en boga algunas canciones de esas que, cuando uno las escucha (y entona), parecieran convocar a la batalla del buen combate. Una de ellas hablaba de los tan mentados 500 años, una pieza literaria que describe la llegada de los españoles a América. Esos que se llevaban las riquezas y dejaban las baratijas, “oro por espejitos de colores”. Así como suena, y sin entrar en el detalle si representa, o no, la verdad histórica (lo que dejaremos para otra columna), pero sí nos preguntamos si, esta reflexión, corresponde a una interpretación del hecho económico. Naturalmente tendemos a decir que sí. Tanto es así, que hay un juicio que, con frecuencia, planteaba el Presidente depuesto, Evo Morales: “…ustedes nos quieren cobrar a nosotros cosas extrañas, como aranceles, royalties, etc. pero yo les voy a cobrar toda la plata (mineral) que se llevaron de mi Bolivia y también el oro y que si eso lo actualizamos…” y hacía cuentas que describen el latrocinio perpetrado en América durante la Conquista. Quienes lo escuchan ponen cara de asombro , otros piensan que, si los europeos llegaran a darle toda esa plata a los bolivianos, inmediatamente pasarían a ser potencia. Idéntica situación con los aztecas: eran una potencia porque tenían oro y entonces, España, pasó a ser una potencia porque se apropió de su oro. Este es un sentido común instalado que vulnera el principio de la racionalidad económica y de la disciplina. Pensar que si uno tiene una tonelada de oro es rico y poderoso pero que si tiene una tonelada de agua, simplemente tiene una tonelada de agua es más bien ridículo. Aquí aplica el famoso principio de la incertidumbre que, en la física mecánica, nos dice: “aquello que es, siempre es, pero lo que no es, no es y es muy difícil que pueda llegar a ser”. Si se tuviera que optar entre uno y otro bien y, el entorno fuera el desierto del Sahara, hasta Don Perogrullo se inclinaría por el agua.
Este ejemplo es simplemente para señalar lo central del concepto de Riqueza en la Economía. Cuando en el siglo XX se juntan Lenin con los banqueros que le financian la Revolución Bolchevique, este comienza a hablar de la expansión del concepto capitalismo, al concepto capitalismo financiero que, si profundizamos un poquito, nadie sabe bien qué es esa expansión. Haciendo un esfuerzo de imaginación ¿no pensará uno que el banquero manda un barco con dinero (papelitos de colores)? Haga el ejercicio y responda. Y siguiendo con esta lógica -estamos obligados a reflexionar, ya que abrevamos en conceptos fundantes- aquello que Karl Marx describía en su Manifiesto Comunista como acumulación primitiva de capital, Y una vez más ¿qué imaginamos que es eso? ¿será un burgués con una bolsa de monedas de oro que, por ese motivo, es capaz de construir una fábrica? Quizás sea esa imagen la que se encuentra en nuestras mentes. En realidad nada tiene que ver aquello con este concepto: La acumulación primitiva del capital no es otra cosa que lo que se compra con ese dinero, aquello que preexiste al oro y no es otra cosa que El Trabajo transformando alguna materia prima o material. El Trabajo es factor esencial de la producción cuyos tenedores, los trabajadores, producen con su esfuerzo, técnica o saber y entender. Por eso Juan Perón dijo: “En la Argentina hay una sola clase de hombres: Los que trabajan!” Toda una definición si es que consideramos, a los otros, como los que viven de aquellos que trabajan. Las empresas (y su trabajo asociado) constituyen la base material de una nación en una articulación virtuosa entre trabajo presente y capital, definiendo al capital como trabajo pasado. Porque no hay modo de concebir a una maquinaria como capital si antes no se contempló el trabajo necesario para construirla y, todo esto, mediado por la tecnología que, no es otra cosa que el estado del arte de un momento determinado armoniosamente conjugado con el resto de los factores. Todo esto permite una dotación de bienes y servicios, para una población determinada, en un territorio común, articulada por estas empresas (unidades de negocio).
Una vez más, el sentido común impuesto ha de jugarnos una mala pasada si creemos que es el dinero el centro de atención de la Economía, cuando son los negocios de por sí, preexistentes al dinero en miles de años. Si uno revisa en los anales de la historia, el primer esquema de salario en retribución a un trabajo determinado fue la entrega de sal, elemento que, de por sí, ya tiene más propiedades que el papel impreso (sirve para conservar y/o condimentar alimentos, mientras que el otro, no sirve para nada). Lo curioso aquí es que, a nadie se le ocurre pensar que las fábricas de sal son el centro de la Argentina. De modo que le encontramos aún mayor valor de utilidad, incluso que el dinero, para proveer de sentido a dicha contraprestación. Y sí se nos ocurre pensar que aquello que reemplazó a la sal es de vital importancia para la economía.
Entonces, ¿Por qué cuando dos personas se encuentran a reflexionar acerca de los problemas económicos las primeras oraciones son: “no alcanza el dinero”, “la guita no llega a fin de mes”, “no tengo plata” y un largo rosario de etcéteras financieros?
Cuando la mayoría de la población dialoga acerca de la economía, tanto de un lado como del otro, se ha aceptado -en forma sumisa- la regla impuesta por por aquellos que se dedican a juegos de números y papeles, sea para hacer negocios, sea para obedecer una ideología o sea para intentar solucionar los problemas ocasionados por los dos anteriores, pero siempre haciendo del dinero un fin en sí mismo: El sistema financiero
Por supuesto que el sistema financiero tiene su utilidad en nuestras vidas (y nadie aquí la cuestiona): la creación secundaria del dinero a través de los créditos o la ecuación del multiplicador cambiario son elementos genuinos, pero eso sí sólo, el recipiendario, es un sujeto que se dedica a la producción de bienes y servicios útiles a una Comunidad.
Si analizamos el sistema actual de cosas en nuestro país, podemos concluir que, el sistema financiero, se dedica a vivir del trabajo de los demás, a arruinar el trabajo de los demás y, finalmente, a arruinar los recursos verdaderos. Simplemente nos han convencido. Hemos comprado el sentido común impuesto y por lo tanto nos han colonizado mentalmente.

El dinero no produce dinero. Los papeles son sólo papeles. Ninguno tiene valor concreto y ninguno vale más que otro, según su color u origen. El valor es subjetivo, simbólico. Le ponemos nosotros tanto valor como le ponemos valor a la bandera. Aún sin dinero, el ser humano existiría y necesitaría comer. El papel moneda es simplemente un vale que dice «entréguese un kilo de papas a cambio de este papel», nada más. A las papas hay que producirlas. Para ello, necesitamos tierra, aire, agua, clima, herramientas y EL TRABAJO. Ahora, si nos convencemos que, en vez de papas, necesitamos dinero, somos nosotros mismos quienes colocan el yugo y los grilletes en el cuerpo. Nos volvemos esclavos. Y los señores de los mercados o sus difusores televisivos, son simples capataces para arrear a la masa, al servicio de la Oligarquía Financiera Internacional.
Para concluir, es necesario salir de esa lógica perversa destinada a esclavizar a los pueblos. De un lado y del otro. ¿Estaremos a la altura de las circunstancias para salir de este dilema? Es deseable que así sea, sino no habrá futuro posible para nosotros y las generaciones venideras.

Alejandro Zárate

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