Hace unas semanas volviendo con el paralelismo entre la restauración conservadora y el increíble relato de Margaret Atwood, “El Cuento de la Criada”, reclamaba sobre la violencia discursiva de una derecha que se desquiciaba: “Un loco que grita solo en el bosque, solo lo oyen sus pensamientos. La amplificación de las barbaridades de Iglesias o Wolff, sólo se sostienen en el entramado mediático que denunciamos y que, cada vez, va elevando la vara de la violencia política. ¿Cuánto falta para que, un seguidor de estos canallas, eleve la apuesta y pase a la violencia física contra alguna de estas mujeres que, falsamente, acusaron? ¿A cuántas bravuconadas de Iglesias, Bullrich estamos de que alguien atropelle, golpee, violente o mate a otro por pensar distinto?”

Odio ser el pájaro de mal agüero, pero esto se venía venir. Se veía que nadie estaba dispuesto a parar esta locura. Lo de Arias pareciera, a la luz del silencio imperante en la oposición, un globo de ensayo para repetir lo sucedido a Enzo Bordabehere en el Congreso o aún peor. No se sabe aún si Arias era el destinatario de la bala que lo alcanzó de la misma manera que pudo ser el objetivo el Intendente de Paso de los Libres, Martín Ascúa, quien inmediatamente recibió custodia de la Policía Federal, o bien para la candidata Gloria Pared, que se encontraba en el uso de la palabra en el acto, al momento de suceder el atentado. ¿Alguien puede asegurar para quién iba la bala? Bordabehere recibió los tiros dirigidos a Lisandro de la Torre, incluso hirieron al Ministro conservador Duhau y al Diputado Manzini. ¿Qué diferencia hubo entre ese matón a sueldo enviado por los conservadores, que fue en un acto político? ¿Qué la nocturnidad ayudó a escapar al responsable? 

La provincia de Corrientes es escenario de violencia política desde hace varias décadas. La misma es gobernada desde el inicio de la democracia por una casta que, con sus desmanejos, llevó a una intervención, de dónde el ex ministro macrista Aguad (que aún debe explicaciones por la desaparición de 60 millones de pesos/dólares durante su intervención desde 1999 a 2001, en la que fue Juzgado pero luego absuelto por la prescripción de la causa tras 13 años de dilaciones) entregó a otro representante de la derecha provincial la banda de gobernador, en unos comicios que dejaron bastante para analizar. 

El Gobernador Valdez, intentó un tibio ensayo de solidaridad sobre lo sucedido, pero la cercanía de la elección para gobernador (mañana), lo mantiene intentando que ningún voto se le escape a la derecha y todo ante un férreo blindaje de los medios hegemónicos provinciales y nacionales al respecto. La falta de presencia de este grave hecho, sin precedentes en la democracia moderna (1983 al presente), en la tapa de los grandes medios de la Argentina, muestran lo deliberado del accionar político de estos. Totalmente embarcados en la campaña de apoyo al conservadurismo encarnado por el macrismo, obvian lo que debería tenernos a todos hablando al respecto: un intento de asesinato a un Legislador. 

Voy a seguir insistiendo en que, esta locura, debe detenerse. No todo es válido a la hora de una campaña electoral. Y es el gobierno el que debe terminar con esto si la derecha no decide frenar esta escalada de violencia. Las armas que tiene el Estado para detener esto, están al alcance del Presidente de la Nación. Es solo cuestión de usarlas. El diálogo no está sirviendo con estas personas. Esperemos que sí lo haga el peso de la ley.

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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