La historia de la SIAM está íntimamente ligada con la de nuestro país. Su nacimiento, auge, decadencia, desaparición y renacimiento marca un absoluto paralelismo con nuestra historia. Dos pujantes italianos, Torcuato Di Tella junto y Guido Allegrucci patentaron en 1911, en pleno auge del modelo agroexportador, la primera máquina de amasar pan a la que llamaron SIAM (Sección Industrial Amasadoras Mecánicas).

Los Inmigrantes crearon un complejo industrial de gran importancia con 13 plantas industriales en donde fabricaron más de 250 artículos para la industria y el hogar. Llegó a ser la mayor y más avanzada empresa en su rubro de toda Latinoamérica, exportando productos a Chile, Brasil, Uruguay y al propio Estados Unidos en donde eran muy valorados por su calidad y durabilidad.

Durante el peronismo tuvo su mayor auge, llegando a producir de forma masiva las emblemáticas heladeras, las cuales aún existen y funcionan a la perfección.

Cuando Torcuato murió en 1948, sus hijos Torcuato y Guido se hicieron cargo de la empresa y la renombraron como Siam Di Tella. La misma siguió creciendo, gracias al impulso industrialista del peronismo, y decidió diversificar su producción. Comenzó a construir lavarropas, cocinas, televisores, pequeños electrodomésticos, motonetas y hasta autos. La motivación de la empresa no era solo el lucro, tenía un fin más profundo 

desarrollar en el país el desarrollo tecnológico.

El Siam Di Tella 1500 comenzó a producirse en 1960 y fue la versión criolla del auto inglés Riley 1500 de la BMC. De mecánica simple y confiable fue un éxito rotundo en ventas y se convirtió en el auto insignia de la clase media argentina durante los años 60. Se llegaron a producir unas 28.000 unidades entre 1962 y 1966. Al principio de los 70 llegaron los problemas y la empresa debió ser nacionalizada a causa de la deuda que mantenía con el Estado. Fue el comienzo del fin.

Luego del golpe cívico militar de 1976 y con las políticas económicas de Martínez de Hoz, la empresa comenzó su larga agonía hasta su definitiva muerte en 1986, donde fue desmembrada y vendida a otras empresas.

Durante su mayor esplendor la empresa generó empleo genuino para más de 9.000 

trabajadores, un reflejo inequívoco de la tragedia argentina causada por el «industricidio» neoliberal. Techint se hizo cargo de la planta de tubos, Pérez Companc se quedó con la fábrica de San Justo y Aurora Grundig con las de Avellaneda y Tierra del Fuego.

El menemato neoliberal terminó de sepultar los pedazos disgregados de la empresa.

Durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, el Grupo New San, decidió hacer renacer a SIAM gracias a la política de refundación industrial de la década ganada. La empresa volvió a producir heladeras, lavarropas, lavavajillas y cocinas de excelente calidad y equipadas con tecnología de punta. Productos de mayor calidad que muchos similares fabricados en Brasil y China.

Luego de 20 años, uno de los símbolos de la era dorada de la industria argentina había vuelto a la vida.

La historia de SIAM es la nuestra…la empresa es el ejemplo más elocuente de nuestras mejores y peores épocas.

Pablo Targhetta

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