Larreta sabe que podrá contar con toda la asistencia del presidente, del gobernador Kicillof y el equipo de salud que comandan Gollán y Kreplaj, lo que perdió por el resto de su mandato, y por culpa del doble discurso macrista expresado en el comunicado difundido por Juntos por el Cambio, es el buen trato y deferencias, ante las disparatadas requisitorias, que hasta hoy le fueron concedidas. Larreta optó por la postura Bullrich, lo que no entendió que Bullrich va por el mismo puesto que él. 

Larreta viene errando en las medidas tomadas. El golpe asestado por su propio espacio al difundir (por el espionaje ilegal macrista) la doble vida familiar que llevaba adelante el Jefe de Gobierno porteño, lo sacó de su eje. Los errores no forzados por parte de su equipo y especialmente por él, no pasaron desapercibidos por los mismos que alguna vez lo vieron como el reemplazante natural de Macri y que hoy dudan en acompañarlo en su aventura presidencial. Los millones de pesos en pauta publicitaria, no pudieron evitar que se conozca lo que era vox populi dentro del gobierno de CABA. 

Su relación extramatrimonial no lo convierte en un mal político, si no fuera que eso viene atado de una imagen creada para satisfacer al votante conservador: familia joven, ella profesional dedicada a la tarea de hacer felices a millones de nuevos matrimonios en su fiesta de bodas, él centrado pero accesible, niños de catálogo, en fin, la foto de la familia perfecta que siempre se encargaron de difundir en las revistas de sociedad que, oportunamente, fueron pautadas para mostrar la “familia blanca y pura”, si lo ponemos en palabras de la conductora Pamela David.

Su viaje de vacaciones a Brasil (denunciado por su ex esposa y que esconden otros motivos del viaje al exterior), el fiasco de la vacunación de mayores de 80 años, con escenas de desmayos en las eternas filas frente al Luna Park, la Rural y el Club San Lorenzo de Almagro con 30 grados bajo el sol, son muestras de una improvisación absoluta, y también de un permanente espíritu de realizar un show de marketing de cada acto de gobierno y capitalizarlo para su campaña presidencial.

Con la caída de Macri para un “Segundo Tiempo”, Larreta creyó allanado el camino a las internas presidenciales, pero no contaban que la propia presidenta del partido y la última en llegar al espacio conservador, pretende ese mismo asiento que él busca. Larreta sabe que su tiempo al frente del ejecutivo porteño tiene los días contados. Sabe que CABA, en el mejor de los casos, quedará al frente de su coequiper, Diego Santilli. O de no mediar una catástrofe, en manos de Martín Losteau, (que puede ser manejable si él accede al ejecutivo en 2023). Pero Patricia Bullrich está totalmente dedicada a que, eso, no suceda. La ex dirigente montonera, aliancista y ahora macrista, cree que la única manera que Juntos por el Cambio vuelva a acceder al poder es por medio de una catástrofe social. Ya hizo su ejercicio de prueba en Formosa, una provincia con cero casos, presenta hoy (después de las marchas en las que llevaron personas contagiadas de COVID-19 -como el dirigente ruralista y diputado Ricardo Buryaile-) la misma media de casos que el resto del país. Bullrich hizo suya la frase del escritor ruso, que fuera una de las inspiraciones de Lenin. El “cuanto peor mejor” de Nikolay Gavrilovich Chernyshevsky, fue tomada y expresada de la manera más salvaje: crear caos, llevar caos e involucrar a todos en el caos (para que “nadie saque las patas del plato”) y, en ese involucrar a todos, quedó entrampado Larreta. Sabe que no cuenta con el apoyo de Macri, su peso político es poco relevante sin la estructura partidaria. Cornejo y Losteau podrían propinarle el golpe de gracia a sus aspiraciones si desean hacerlo. Patricia Bullrich quiere su lugar, pero él no puede despegar de ella. Y así aparece, a la mañana, apoyando a la campaña de vacunación y por la tarde queda prendado del comunicado que, el ala dura del espacio conservador, le “ofrece” adscribir condenando la campaña de vacunación.

Larreta sabe que, de ir a una interna en su partido por fuera de las PASO, no le alcanza para competir con los radicales en el interior y menos con el ala dura en CABA y Provincia de Buenos Aires. Es por eso que, Larreta, ató su suerte a Patricia Bullrich y aspira a que -ella- de tanto tensar el hilo quede expuesta en su locura y eso le permita acceder como el “candidato potable” con experiencia de gestión en la derecha. Si el extremismo de ultraderecha de Bullrich logra generar caos antes de que se vacune a todos los adultos mayores y antes de las elecciones de Octubre, Larreta no tiene oportunidad alguna y el ala dura se perfilará como la opción presidencial con Bullrich Cornejo como la cara visible del grupo que intentará batir al Frente de Todos.     

Las naves están quemadas, Kicillof plantó su línea y sabe que no se moverá de esa traza. El presidente ya no lo llama amigo, sino Sr. Jefe de Gobierno, los radicales pretender recuperar el pago chico de CABA y Bullrich, bueno, ya hablamos de eso. Sabe que correrse para una Senaduría es una sentencia de muerte en su carrera política y su única aliada fue derrotada por veinte puntos en Octubre del 19. Las cartas de cara a octubre del 21 están bajando y hoy no puede asegurarse la candidatura a disputar el sillón de Rivadavia.

Editorial

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