La imagen fue clara, los medios que cubrían el portón de salida del salón en Palermo, mostraban a un Mauricio Macri que se retiraba a las siete y monedas. El chiste comenzaba a bajar en las redes sociales: “Se va a ver Netflix”. El poco respeto que el dirigente conservador inspira en la sociedad, es el mismo que le tienen sus socios y sus aliados. Nadie en Juntos por el Cambio (o como sea la nueva denominación) reconoce a Macri como el líder del espacio. Su temprana salida del cónclave de la derecha vernácula, es la muestra cabal que nada se pudo arreglar en ese lugar y que -él- no tiene la lapicera que determine los candidatos ni en Ciudad, en Provincia y, mucho menos en el interior. 

La reunión organizada por la derecha argentina para organizar las candidaturas mostró todas y cada una de las fracturas que se podían mostrar, incluso la “pelea de fondo” que todos los movileros esperaban en la lluviosa tarde, no se dio: ni Patricia Bullrich, Presidenta del Partido, ni María Eugenia Vidal, aparecieron para mostrar sus diferencias. Vidal (quien no quiere cargar con un nuevo fracaso en la Provincia de Buenos Aires), reclama el regreso a Capital que la reinvente. Patricia Bullrich y Macri insisten (con insultos por sus operadores mediáticos, mediante) para que se quede en Provincia. El “muchos dicen de Vidal que era una leona y ahora es un gatito” de Eduardo Feinmann y Macri respondiendo que “Me imagino que muchos pueden pensar eso por lo que pasó en los últimos meses” no parece ser la forma más seductora de lograr torcer la voluntad de alguien. Pero tal vez no es seducción, sino el intento de un patrón de obligar a la empleada para que se haga lo que él quiere en su empresa. Macri necesita imponerse sobre Rodríguez Larreta. La necesidad del hijo de matar al padre, como él hizo con el suyo, es la pesadilla actual de Macri. 

Si Rodríguez Larreta logra imponer sus candidatos (y no la “comparsa mediática” que intenta imponerle Patricia Bullrich), será su paso directo a la candidatura presidencial y su conducción será indiscutida dentro del PRO. Para eso Larreta cuenta -sólo- con dos aliados, sin peso propio, pero con conocimiento de la sociedad: Vidal y Santilli. La primera viene de ser el primer gobernante bonaerense, en no renovar mandato (Duhalde, Solá y Scioli fueron reelectos), el segundo es el actual vicejefe porteño que busca competir con el primo de Macri, Jorge, y que no cuenta con ningún pergamino, más que ser parte del círculo de confianza de Larreta. El enroque es necesario para mantener la línea de flotación y no obedece a ninguna estrategia. Del lado Macri, su habitual falta de voluntad de esfuerzo, lo llevó a delegar en Patricia Bullrich el armado de la línea dura. La postura de Bullrich y el rodearse de elementos impresentables de la sociedad, llevó a Macri a embanderase con personajes mediáticos pintorescos, pero también con la ultraderecha más rancia. El pedido de Bullrich (“Vidal a Provincia”) busca, con la obvia derrota de Vidal en ese distrito, dos cosas: la primera terminar con la “idea fuerza” de Vidal como esperanza blanca y ocupar -ella- ese lugar. La segunda es horadar la postura de Larreta y, como candidata en Capital, reclamar la potestad de los votos capitalinos, en igualdad de posición para disputarle la presidencial a Rodríguez Larreta en 2023. 

Si los socios se están peleando, ¿qué pasa con los aliados? Los aliados radicales descubrieron la frase “a río revuelto” y ayer lo expresaron: Proponer al médico Facundo Manes, frente a las opciones Vidal, Santilli, Jorge Macri, no es casual. No es un candidato de unidad, no es una figura convocante para el espacio, es solamente la forma de poner una cuña en un espacio que los ha “ninguneado” desde el minuto uno. Los recién llegados Margarita Stolbizer y José Luís Espert, deben lidiar con el ego y los conflictos de los presentes, para pretender candidaturas. Stolbizer hace tiempo que luchaba por ser aceptada en el espacio, por lo que cualquier “hueso” que le tiren será bien aceptado. De más está decir que su aporte es mediático y no se transforma en votos a la hora de las urnas. Lo de Espert es más complejo, fue arrastrado a la coalición conservadora, tras el “carpetazo” arrojado por Clarín, en el que lo vinculaba con una financiación proveniente del narcotráfico para su campaña presidencial de 2019, pero esa apretada será combatida con pedido de candidaturas. Igualmente, por pocos escaños que les puedan ofrecer, son -al menos- dos lugares que tendrán que competir con los Dipys, Brandonis, Lombardis, Losadas y demás aspirantes a ocupar los mismos espacios expectantes en las listas.

El fracaso de la reunión llevada a cabo ayer, muestra que -al PRO- le será muy difícil evitar las PASO con una lista de unidad, pero más difícil será aceptar los resultados en un espacio en el que, la UCR, continúa manteniendo una base militante importante en Capital y el espacio libertario, cuenta con una base sub17 muy ruidosa en redes sociales, aunque poco numerosa en el territorio. Lo mismo sucede en la Provincia de Buenos Aires, donde el radicalismo sigue teniendo llegada en la franja +60 y una franja sub50 que fue alimentada a “antipolítica” justamente, por el mismo PRO. La hegemonía PRO podría mostrar -en las PASO- que no cuenta con un apoyo popular, sin el apoyo de los medios hegemónicos, que hoy evitan (con excepción de La Nación+, atribuida a Macri) mostrar preferencia particular por alguno de los candidatos de la derecha. 

Sentarse con una bolsa de pochoclos en la mano a ver la batalla campal que mostrará la oposición en las próximas semanas, conforme se acerque el cierre de listas, será la mejor opción para después de las siete de la tarde. Macri deberá resignar algunos capítulos de “Peaky Blinders” para no ser “enterrado vivo” y, el oficialismo, si no comete ningún “error no forzado”, se encamina a una victoria en las elecciones de medio término si la “sucesión” de PRO continúa en estos términos.

Walter Darío Valdéz Lettieri

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