Muchas veces uno tiende a pensar que la pérdida de centralidad de algunos políticos los lleva a decir o hacer actos que, cuando están en el medio de su juego, jamás se atreverían a pronunciar (en el caso de Macri, intentar pronunciar).

Ayer se conocieron las declaraciones realizadas por Mauricio Macri en el foro ultraconservador Fundación Internacional para la Libertad, dirigido por el hijo del escritor Vargas Llosa. El cónclave de ultraderecha, financiado por ONGs de dudoso origen, denominado Foro Atlántico, tuvo formato virtual que, Macri, aprovechó para disparar un nuevo sincericidio, al referirse a las razones de su fracaso en la reelección esbozando: “les decían vuelvan con nosotros que le vamos a dar asado gratis o les llenamos la heladera y ahora, en vez de llenarse la heladera, muchos van a ver que la pierden” en obvia referencia al Frente de Todos. Y nuevamente volvió a cargar las culpas del propio fracaso en los otros: «las expectativas no estaban alineadas con la realidad».

La autopercepción, totalmente desfasada de la realidad, que mantiene Macri, lo obliga a creer que la «crisis en la que hemos entrado que será peor que la del 2001, muchos van a entender» que el rumbo que había tomado su Gobierno era el «correcto». Macri se cree víctima de una conspiración nacional contra su persona, donde todos hacen todo mal, excepto él. 

Sin dejar de caer en todos los “cliches” conocidos por la derecha vernácula expresó que el país realizó el «peor experimento con la cuarentena más larga» y «hoy ranquea entre los países, no solo con mayor número de contagios, sino también de fallecimientos» por la pandemia de Coronavirus sin hacer mención al sistema público hospitalario que dejó en estado terminal, ni la mención al sobreendeudamiento y vaciamiento del Estado realizado durante los cuatro años de la Restauración Conservadora. Habló de mal manejo de la pandemia, cuando su sugerencia fue realizar lo que el Premier Inglés propuso y luego se arrepintió, transformando a Inglaterra, en una de las naciones con mayor cantidad de contagios y víctimas fatales (y que está entrando en la segunda ola de la pandemia con más víctimas). Tampoco se refirió al descenso pronunciado que experimenta la Argentina en contagios y muertes desde hace dos meses.

En su gira de incoherencias, Macri tuvo un momento de lucidez: «Cometimos nuestros errores». Aunque enseguida retomó la fabulación y la mitomanía -que lo caracteriza- al mencionar que le dejaron una Argentina «quebrada, en default, sin energía, no tenía reservas el Banco Central, no tenía siquiera sistemas de información y estaba aislada del mundo». La sumatoria de dichos problemas, traería aparejada una crisis social sin precedentes, pero Macri los definió como «asintomáticos» dado que «había un nivel de consumo aceptable». El nivel de mentiras y delirios, roza lo patológico. 

Para el final (y para tranquilidad de los lectores, ya que jamás acertó un solo pronóstico) Macri auguró que, éste, es el «último Gobierno populista de la historia argentina», ya que «la gente aprendió» y para rematar la humorada sentenció: «espero que Juntos por el Cambio vuelva al poder y sea el primero en encarar el proceso de desarrollo de la Argentina». 

Recordemos que el psicópata, en el espejo, ve también al enemigo.

Redacción

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