Así como en Estados Unidos, el espacio conservador que es el Partido Republicano (GOP) se vio revolucionado por el “huracán” de ultraderecha que significó la aparición de Donald Trump (en el escenario político) y que arrastró al bicentenario partido a posiciones extremas como el negacionismo de la pandemia o el negar la legalidad de la elección presidencial, Juntos por el Cambio ha sucumbido a la posición extremista que plantea Patricia Bullrich con sus marchas del odio, la militancia de los contagios o el violar la autonomía provincial de Formosa. Rodríguez Larreta en su necesidad de mostrar una postura frente a su electorado, corre en la dirección impuesta por la personalidad enfermiza de la Presidenta del PRO. 

Los Focus Group le mostraron a Larreta que su postura anticuarentena, antivacunas y antisalud no lo acercaban al favor de los grupos que sí apoyan a Bullrich y por el contrario, lo alejaban de los moderados que han sido su base votante. 

Esta semana, su protegida y quien fuera su asesora durante su gestión en PAMI, María Eugenia Vidal, decidió cortarse sola: las aspiraciones de la derrotada en la reelección bonaerense, alcanzan a la posibilidad de aspirar a la candidatura del espacio conservador al Sillón de Rivadavia.

Tras el lanzamiento de una suerte de autobiografía de su tiempo en la (des)administración de la Provincia de Buenos Aires, Vidal busca terciar entre Larreta y Macri y eventualmente, la mismísima Patricia Bullrich. En ese poker de calamidades, el espacio opositor queda compuesto por un ala ultraderechista con Bullrich y Macri, un ala inclinada a la ultraderecha con Larreta y un ala “moderada” con Vidal. Vidal vio el corrimiento a la ultraderecha de Larreta y percibió la oportunidad de quedarse con ese espacio. 

El fracaso del manejo de la pandemia, por parte del Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (en términos sanitarios, sociales y económicos), ya fue percibido por el “círculo rojo” que intenta -ahora- promover a Vidal como “la nueva esperanza blanca”. Este círculo, que antes ensalzó al nativo de Tandil, siente que Macri y Bullrich solo representan un pequeño sector “ultra” que no supera los dos dígitos en las encuestas en el espacio opositor y que Larreta alcanzó un techo, que no podrá batir a Alberto Fernández y Cristina Fernández en una eventual reelección. 

 La claudicación de Larreta (tras los dramáticos números de casos y muertes en CABA y los contagios de personal educativo -con 15 muertes desde la presencialidad-) que llevaron a aceptar los planteos sanitarios de Alberto Fernández, lo muestran totalmente desdibujado en la carrera presidencial. La presentación en sociedad de Vidal con el traje de candidata a Presidenta, es la estocada que lo termina de sepultar en sus aspiraciones para llegar a Balcarce 50 y su «¿Y Vidal?» se confirmó como la última traición.

Si a Larreta no “lo hubieran medido y no haya dado el peso”, Vidal jamás se hubiera atrevido a ese «Me gustaría algún día, pero no tengo desesperación por ningún cargo» seguido del letal «después de ocho años en la Ciudad y cuatro en la Provincia, tengo alguna experiencia para aportar». 

El espacio conservador sufre el luto y la sucesión que le sigue a la muerte del líder (con la diferencia que el líder se niega a ser enterrado, como ya dije) y por eso todos se le animaron a Macri, Larreta incluido. El Jefe de Gobierno, que llegó al cargo en una muy controversial elección por 1% de los votos y que fue validado con la reelección en un furor antiperonista en 2019, hoy mostró que no supo gestionar ni durante el macrismo y mucho menos durante la pandemia. Es por eso que hoy se le animan a él, que se suponía el candidato natural del espacio de derecha. Por otro lado, la Unión Cívica Radical, también “olió sangre” y promueve las candidaturas de Cornejo y de Morales por lo que, a Larreta, solo le queda cerrarse sobre si mismo, porque Carrió es una bomba de tiempo y Ritondo no es de “fiar”. 

La falta de renovación de cuadros en el espacio opositor, le impide a Larreta buscar nuevos aliados que cimenten su candidatura. Su imposibilidad de aspirar a un nuevo mandato en la Ciudad, obliga a Larreta a buscar la presidencial o correrse al costado y optar por la solución legislativa como Senador, dejando a su delfín, Diego Santilli, en la misma delicada situación que haría tambalear una segura candidatura del hijo del histórico dirigente riverplatense.

Larreta se encuentra en el peor momento de su carrera política: sin aliados, sin apoyos y con un fracaso total de gestión. Ya la enorme pauta, que reparte a medios hegemónicos y quitando presupuesto a las áreas sensibles de su gobierno, no alcanza para blindar los desmanejos en el gobierno de CABA. Esta oportunidad que vieron los integrantes de su espacio de “serruchar” su camino a las presidenciales, la oposición en CABA aún no se decide a aportar su granito y, lamentablemente, se convierte por defecto en el único sustento que tiene el Jefe de Gobierno porteño.

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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