En lo que se podría denominar un “Albertismo continental”, el dirigente Luíz Inácio “Lula” Da Silva, comenzó a transitar el sendero de la campaña que lo devuelva al palacio de Planalto, luego de haber recuperado los derechos políticos que le fueron arrebatados, tras el fraudulento juicio iniciado por el Juez Moro Sergio Moro bajo el plan de persecución de líderes populares en Brasil, conocido como Lava Jato. Lula Da Silva, tras 580 días de detención, anunció que “Voy a volver a recorrer el país para conversar con el pueblo que no puede permitir que, un hombre que causa los males que causó Bolsonaro, siga gobernando”.

Con un discurso moderado y adecuado a los tiempos de reflexión que plantea la crisis generada por los gobiernos de facto de Temer y la victoria con proscripción de Bolsonaro, Da Silva anunció que será candidato en 2022. Su aparición en la sede del Sindicato de los Metalúrgicos en San Pablo, es la primera luego de la anulación de los procesos jurídicos que lo llevaron a la cárcel sin pruebas. El ex presidente de 75 años, que saco de la pobreza a 40 millones de brasileros entre 2003 y 2010, no expresó una voluntad revanchista pero sí una mirada sobre la actualidad del país: “el pueblo, que está sin empleo ni puede comer tres veces por día, está peor”. “¿Cómo puede costar una garrafa de gas 105 reales (aproximadamente unos 27 dólares)? Ustedes no saben la alegría que era en mi gobierno ver a los peones comiendo picaña (corte de carne muy popular en Brasil) y tomando cerveza. Todos con empleo.” 

Lula cargó contra los responsables de la Operación Lava Jato, Sergio Moro y el fiscal Deltan Dallagnol, por generar la pérdida de 4.4 millones de empleos por las quiebras de las empresas de ingeniería involucradas en el affair Petrobras y sentenció “Deberían arrestar a los empresarios y a los políticos pero dejar a las empresas seguir funcionando”.

“No tengan miedo de mí. Yo soy extremista porque quiero ir a la raíz de los problemas, construir un mundo más justo y humano” y extendió su razonamiento “Llegamos a ser la sexta economía del mundo. Brasil no nació para ser chico, nació para ser grande. Hay que pensar en grande”. Bajo una política que recuerda al “dialoguismo” practicado por el Presidente Alberto Ferenández y añadió “Necesito conversar con los empresarios para saber dónde está la locura de ellos, de percibir que se puede crecer con un pueblo sin empleo y más pobre. Sin crecimiento vamos a quedarnos rehenes del dios mercado”.

Pese a evadir la requisitoria formal y dejar en manos del órgano del Partido de los Trabajadores (PT) su nombramiento como aspirante a la presidencia, Lula ya sembró el sendero para su regreso a Brasilia. Es cuestión de meses que, en el estado actual del Brasil de Bolsonaro, resultarán años para los ciudadanos brasileños.

Redacción

Comentar con facebooks
Artículo anteriorLa Conmebol echó a Baldassi
Artículo siguienteUTE y ADEMYS repudiaron las amenazas y maltrato en Colegio de CABA