Les voy a contar lo que casi ningún medio publica y me gustaría lo difundan antes que me silencien, antes que me crucen otra camioneta en la Ruta 3, antes de que lleguen mensajes tipeados a máquina, antes que me difamen profesionalmente:  

Cuando luego de terminar la primera etapa del ejercicio naval más importante de los últimos cincuenta años (así anunciado por la Armada), al ARA San Juan, lo mandan a realizar patrullaje de pesca ilegal y tareas de inteligencia sobre objetivos (Royal Navy Air Force HMS Protector Jason). 

Ya en navegación (noviembre de 2017) les cambian el software de comunicación por otro (fallando en los intentos de instalar -navegando- el nuevo sistema operativo ). Hasta que se logró el logueo en el mismo, no sabía el ARA San Juan que, la compañía de comunicaciones Claro, había cortado internet a la Armada 

por falta de pago del servicio de internet, impidiendo utilizar el segundo modo de comunicación (EUREKA). 

Al verse doblemente imposibilitado, El ARA San Juan llamó por telefonía celular satelital (último recurso permitido y solo en EMERGENCIAS el 14 de noviembre de 2017 a las 23:42 hs. La llamda fue al celular particular del capitán Correa en evidente emergencia. Más tarde, a la 1 AM del día 15 llama Villamide. Luego  1:30 AM vuelve a llamar al submarino. En esa madrugada logran hablar cuatro veces más pero, cuando llaman desde el submarino a las 7:19 AM del 15 de noviembre no se graban las llamadas, por lo que, debemos creer, eran “llamados de total normalidad” como dicen los procesados. Los procesados dicen “enviamos un mensaje a las 8:35 horas” no aclaran que jamás llegó, cuando los dejaron -luego de 8 horas desde el primer llamado de celular satelital (sólo autorizado en emergencias)- reportando un principio de incendio en baterías. 

El ARA San Juan arriesgó a ir a superficie para llamar durante toda la madrugada: los abandonaron.

La información la mantuvieron oculta: fue el portal Infobae el que alertó el 16 de noviembre,  a la noche: “Se perdió un submarino”. Se filtró la información y llegó a los familiares. Se debían inventar excusas: el 17 de noviembre,  informan a la prensa: “falta de contacto con el submarino”. Ese mismo día el Agregado de Defensa de EEUU,  Michael Rayburn, llama al ministro Aguad y le pide “Activen el SAR internacional” (búsqueda y rescate). Se lanza la misma. Llegan de todos lados a ayudar, a buscarlos. No había tiempo pero, para encontrarlos, debían decir la verdad. Y no fue así.

 Aquí es donde aparece en escena “el vocero de la mentira de la Armada”, luego premiado como agregado en Estados Unidos. Allí empezaba la gran mentira a las familias y a los argentinos. 

Había alimentos para 15 días, pero no decían que no había oxígeno para, máximo, tres días.

Mientras Aranguren licitaba la zona de navegación, para que exploren y exploten nuestros recursos hidrocarburíferos, los otros países se fueron. Dejaron de buscar.

La Armada salió a “buscar” con “brujos” a bordo (era obvio que no lo querían encontrar). La mentira creció al ritmo que, los agentes de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), espiaban mujeres (esposas, hermanas, madres). No espiaban hombres, sólo mujeres desesperadas.

La maldad volvió a ganar cuando quisieron contratar una empresa de búsqueda: elegida por Aguad, Igeotest, -empresa amiga- cobraría aunque no lo encontrara.

Ya como letrada de las familias de los submarinistas, impugné esta acción, sacándolos del juego. Allí empezó la desesperación de las familias y la fórmula que repiten los gobiernos: presión y maltrato, siempre a mujeres. 

Hubo otra empresa: Ocean Infinity dedicada a la búsqueda. Esta empresa está siendo investigada por el Fiscal Federal, Federico Delgado. El “hallazgo” del ARA San Juan, lo investiga el fiscal federal Guillermo Marijuan (dado que se sabía la posición del submarino antes del mismo). La  jueza Marta Yañez, me negó por segunda vez la posibilidad de peritar las imágenes para verificar si, las mismas, fueron editadas.

El hallazgo del submarino sucedió al año, y aunque era la mejor empresa del mundo, solo mostraron tres oscuras fotos. El resto de la información llegó dañado a la jueza pero, el pliego que hizo la Armada, incluía una copia para para sí. Justo a “la fuerza” responsable de abandonarlos y mentir. Las 67000 imágenes oscuras, fueron un desastre: Incluyeron hasta un saco naval de un oficial con todo detalle, pero falló la imagen del submarino completo y a color. Sin embargo, vi lo justo: reducido a la mitad (una parte entera, sin deformaciones y la otra la otra mitad, como una lata de gaseosa, abollado). Eso significa que -el mamparo- estaba cerrado y la mitad del submarino era estanco: los tripulantes que estaban allí lucharon por vivir.

En los planos hacia arriba, el timón, en subida, los tanques de lastre, abiertos: los tripulantes quisieron ir a superficie. No pudieron. Veintidós minutos lucharon. Habría confusión, gritos, humo, miedo y una certeza: querían vivir.

Esas imágenes demostrarán que hubo sobrevida a la explosión interna de proa. Sumado a la desidia de no socorrerlos, a las mujeres y familias que se quedaron en la base naval de Mar del Plata, les daban falsas esperanzas: les mentían. Mientras la AFI de Macri las espiaba y reportaba y los ministros y oficiales maltrataban, el desprecio por las mujeres, el subestimar a las mujeres, hizo que desde el mismo Ministerio de Defensa, se denuncie la desaparición del submarino en una posición que era competente: Caleta Olivia, donde había dos juezas mujeres, donde era difícil llegar. A los tres días de presentada la denuncia, corrigen posición, pero nadie advirtió -entonces- correspondía Comodoro Rivadavia, Ciudad de fácil acceso, con jueces, peritos, Cámara Federal. No les convenía. Lo dejaron entonces en mi amada Santa Cruz, en Caleta Olivia, Ruta 3. 

Fuimos mujeres las que luchamos y no pararemos. Ellas, las esposas y madres y nosotras, dos abogadas anónimas (Lorena Arias y quien escribe). Nos tomaban el pelo en las audiencias, los testigos, Oficiales de la Armada, “no recordaban nada”, “el submarino era seguro”. Los testigos oficiales iban con el libreto armado y los suboficiales con el semblante del temor. El 11 de octubre de 2020, con Alberto Fernández ya asumido, fue un Capitán a declarar espontáneamente: contó que lo presionaron, lo sancionaron y no lo ascendieron porque dijo algo de más. Antes, con cien testigos, logramos igual detectar mentiras , contradicciones, datos que no estaban previstos. 

En las audiencias, a veces, se les colaba el nombre de un tripulante que conocían y, a pesar de la emoción, los testigos preferían callar. Obvio que no todos.

Aquella noche previa que llamaron a las 23:42 hs, el submarino se movía como una botella en la  superficie, en mar cinco, con altas y bravisimas olas. Subieron a superficie once veces (todas las veces que llamaron con y sin éxito). Dentro del submarino no hay asientos ni hay ni cinturon de seguridad, ni nada. Solo paredes y 12 km de tuberías contra las que, sus cuerpos, atajaban las olas. Si subieron así, era porque estaban en emergencia. Hasta ahora no lo han admitido los culpables. 

Esa corajuda tripulación, navegando una nave atada con alambre -que usaba un celular sobre el periscopio para fotografiar a los buques ilegales-  a ellos les dijo Aguad y los oficiales procesados, que tuvieron la culpa. 

Ahora lo repiten en el secreto Consejo de Guerra que es a puertas cerradas y no podemos acceder las partes.

La misión 04/17 llevaba a bordo a un agente de inteligencia no submarinista (yo represento a toda su familia). Jamás había subido a un submarino pero, “Cabucho haga caso” Castillo, pidió una bolsa de dormir. Durmió en sala de torpedos pero, ante una emergencia, hay que correr al tambucho donde están guardados -embolsados- los trajes de escape. Se lo debe poner y meterse en un tanque de escape, que se llena de agua para igualar presión. Exhalar aire. Quizás, le dan un “piña” en boca del estómago para que salga el aire, sino la presión del mar hace estallar los órganos. Así debía salir, accionar los tanques de oxígeno para impulsarse hacia la superficie. Fácil, no? ¡No! La prueba de escape es difícil y horrible. 

Tengo mucho para contarles. Aún falta y seguiré esta lucha por ellos, los 44 que siguen esperando justicia a 900 metros de profundidad,  por sus hijos que querrán respuestas, por sus esposas que querrán paz, por sus madres que quieren ver presos a los responsables. 

 Para seguir, voy a necesitar el apoyo de ustedes. Voy a necesitar que le den visibilidad a a cada detalle.

Voy a necesitar que verifiquen las noticias. Prometo escribir una vez o dos al día para reportarme. 

SE QUE SOY MOLESTA PARA UNOS Y PARA OTROS

Difundan todo.

 Doctora Valeria Carrera – Defensora de los familiares de las víctimas del ARA San Juan

Comentar con facebooks