¿Qué pasa cuando uno cree que no hay nada que decir? ¿Uno debe forzar la pluma, el teclado para decir algo medianamente interesante? No lo creo. Hoy las musas han “pasao” de mí decía el cantautor catalán (otrora progre y hoy amigo de Leuco y Fernández Díaz) y, justo, ahí se me prendió la chispa: ¿qué ha pasado con los progres de los 70s, 80s y 90s? ¿Por qué se han convertido en mala gente? Qué lleva a gente como José Sacristán, otrora paladín de las causas más nobles, en contra de la censura y a favor de las libertades, enemigo de la derecha más retrógrada, despotricar contra el vicepresidente español Pablo Díaz? ¿Qué llevó a Imanol Arias a transformarse en un evasor fiscal? ¿Qué lleva nuestro ex “joven rebelde”, Mario Pergolini a reclamar la esclavitud laboral disfrazada de “freelos”?  Ya hace tiempo que el ex “transgresor” de los noventas había mostrado la hilacha, con declaraciones para el olvido y una defensa acérrima del gobierno de Mauricio Macri. Otros compañeros del ex joven de Martínez, en la “gloriosa” época de la Rock and Pop, han sucumbido al canto de las sirenas neoconservadoras: el mismo Pergolini, se encargó durante años, de “lapidar mediáticamente” a su ex coequiper en Feedback, Ari Paluch, por ser el primero que se pasó a las filas conservadoras. Ari, luego le siguieron varias conductas censurables -que incluyeron acoso a compañeras de trabajo y violencia laboral- pero primero estuvo su salto del radicalismo alfonsinista a la defensa de un modelo conservador como el del PRO. El último en saltar el banco (y en lo personal, el que más me dolió, por la cercanía barrial y por ser una gran influencia en mi enciclopedismo musical) fue Bobby Flores: escuchar su defensa del modelo y ser funcionario de Hernán Lombardi es muy fuerte. Saber que ese, ser despreciable que echó a la calle más de 300 trabajadores, sólo por ser contrarios a la bandera de Macri, a cualquier pibe de San Martín, lo hace dar media vuelta y decirle que se meta la dirección de Radio Nacional en el “orto”. Si, en el “orto”. Porque nadie bien nacido de San Martín, acepta injusticias. Eso lo aprendí cuando vine a vivir al barrio y Bobby, era el héroe local. El que llegó y no se había olvidado de sus orígenes. Pero todo cambia.

También hace poco descubrimos que los autodenominados intelectuales, siguen siendo tan antiperonistas como en la época de Borges. Y que, el macrismo sólo los empoderó. Las barbaridades que solo mascullaban entre amigos muy íntimos, hoy las dicen sin que se les mueva un pelo. Seres despreciables como Kovadloff y Sebrelli, son muestras claras, de que todo pasado fue mejor, o -al menos- la sabían disimular. Hablar de “Infectadura” me exime de mayores comentarios.

Los casos de acomodaticios pauta o subsidio mediante, muestran a artistas otrora populares durante décadas menos populares, mostraron su adhesión al macrismo cuando los convocaron para espectáculos o les dieron subsidios para perpetuar sus pequeñas empresas unipersonales. Los casos de Valeria Lynch, Patricia Sosa, Raúl Lavié o Maximiliano Guerra, son patrón de esto. En su defensa, nunca fueron progresistas o gente de ideas revolucionarias. 

El caso de gente que se disfrazó de una cosa y era otra muy siniestra, nos lleva a ese gran actor que es Luís Brandoni, un tipo que nos hizo emocionar con ese médico en Darse Cuenta, nos estrujó el alma en ese abrazo que Sara Vinocuor le da en la pizzería, cuando descubre que no lo desaparecieron en Made In Argentina, El papel de ese “Buscavidas” gruñón, pero muy humano en la tira del mismo nombre. Cuantas sensaciones durante cuatro décadas para terminar descubriendo que, en “Esperando la Carroza”, había hecho de sí mismo. Que ese facho irredimible, no era más que una muestra de lo que, como persona, se exacerbaría macrismo mediante.  Brandoni en su gran capacidad actoral, nos hizo creer -durante cuarenta años-, que era una buena persona.

La estafa mayor, aunque no es reciente, es la de Jorge Lanata, el otrora creador de El Porteño y Página12, comenzó con una estafa en Data54, en la que dejó a decenas de periodistas en la calle sin pagar indemnización. Lo mismo pasó años después, cuando en sociedad con el condenado español Antonio Mata, dejaron nuevamente en la calle a decenas de desocupados de una nueva generación de periodistas. Su última traición fue su desembarco en Clarín. Allí, aliado con Magnetto, fue el ariete para lograr la victoria de Mauricio Macri en los comicios de 2015. A base de operaciones y mentiras, dilapidó lo poco que le quedaba de prestigio ganado durante dos décadas.  

El lunes, estos seres, se unirán al coro que promueve la restauración conservadora, para realizar reclamos que no resisten -un solo segundo- si se razonaran. Reclaman la posibilidad de odiar, de insultar, de que, el otro no te importe. Reclaman la posibilidad que nadie les cuestione su indolencia, su egoísmo, su “ombliguismo”. Reclaman la posibilidad de ser mala gente.

Dicen que ganaron las calles. Nada más errado. Creen que son la opinión pública, cuando son la opinión publicada. Creen que están siendo patriotas y son irresponsables que ponen en riesgo la salud pública. Creen que están ganando y solo están cavando una fosa común.

Editorial

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