En 2007, Mauricio Macri presentó su candidatura a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires posando con una nena pobre del sur de la capital. Su nombre era Melina y todos la recordamos por su cara tierna y pocas ganas de estar allí, pero por sobre todo nos quedaba la icónica imagen de su remera que, en un inglés que ella desconocía, rezaba “I love AR”. Esa nena fue buscada diez años después por Rosario Ayerdi, Editora en Perfil, para saber cómo había sido su vida después de la llegada de Mauricio Macri al gobierno de CABA y al Nacional. La sorpresa no era haberla encontrado terminando su secundario, rodeada de futuro con sus padres trabajando, la realidad de Melina era la misma pobreza y necesidades que al momento de cruzarse con Macri. Sin poder terminar el primario y ayudando a su madre a manejar un comedor popular, que contaba con un subsidio semestral de 1800 pesos en 2017. En esa nota, la madre de Melina contaba que “Macri le dijo a Horacio Rodríguez Larreta que se encargara de la familia y de darle un departamento, nos hizo una promesa y las promesas son deudas”. 

Ni Macri y menos Horacio Rodríguez Larreta le cumplieron la promesa a Melina o a su madre.

Tal vez sea el destino que, la misma Ayerdi, esta semana haya puesto contra las cuerdas la inoperancia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en vivo, forzando a un abnegado trabajador de la pauta como Luís Novaresio, a tirarse de lleno contra la granada lanzada por la periodista y salvar con sus propias palabras a un titubeante Larreta.

Hoy después de semanas de maltrato a jubilados, cierre de hospitales por venganza y la desaparición de Melina, el blindaje que da la pauta, tuvo que hacer esfuerzos de contorsionismo para evitar que la responsabilidad de la desaparición de la menor, roce al gobierno de CABA. Así y todo, no lo lograron. Hay un velo que se descorrió. No importa que una conductora afín a la cata de dióxido de cloro pregunte “quién es el intendente de Villa Lugano” y ante la confirmación de que se trataba de un barrio de la Capital, de la Ciudad de Buenos Aires como le soplaba su compañero de piso, ella pidiera el corte. Por tercera vez en menos de dos semanas, la política social, sanitaria del PRO quedaba a la vista: No importó que 24 horas antes, el Jefe de Gobierno, dijera que no había violencia institucional en su Gobierno, la desidia, el maltrato a los más vulnerables, una vez más, quedaba expuesto. De la misma manera que la verdadera cara de la gestión PRO. El mismo signo político que mandó a balear a los médicos y pacientes del Hospital Borda, el mismo que -a través de la UCEP- golpeaba a los sin techo, permitió desalojos en la Ciudad de Buenos Aires durante la pandemia. El mismo que ante la delicada situación de salud psicológica de la madre de Maia, no hizo nada. 

Nota para intentar comprender el perverso mecanismo de los medios: cuando los problemas son en un distrito manejado por el peronismo, la nota será Caos en Buenos Aires, Represión en Formosa, Violencia en Santa Fé. Pero si algo sucede en la Ciudad de Buenos Aires o un Distrito manejado por el PRO en los zócalos televisivos se podrá leer, salidera en Montserrat, presunta violación en Caseros, robo de autopartes en Florida o Presunto secuestro en Villa Lugano. La idea de agrandar o morigerar el problema depende de cuanta pauta hayan puesto los intendentes de cada lugar. Aclaremos que Villa Lugano, por si quedan aún distraídos, no tiene intendente y está bajo la jurisdicción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, gobernada por el conservador Horacio Rodríguez Larreta y cuya seguridad (después del papelón del partido entre Boca y River por la final de la Libertadores 2019) recae en el vicejefe de gobierno, Diego Santilli (el mismo que envío a su hijo en plena pandemia a Cancún, México, y volvió contagiado por segunda vez de coronavirus).

Ahora ¿Qué hacemos con Maia y su mamá, que hacemos con las miles de Maias y Melinas que hay en la Ciudad? El censo sobre indigencia y falta de hogares que la Ciudad informó, fue destrozado por varias asociaciones que manejaban números de primera mano: mientras Larreta acusaba menos de mil personas, estas asociaciones podían dar cuenta, con nombre y apellido más de 7000. Buenos Aires, la ciudad que tiene un PBI similar a los países centrales europeos, la que percibe mucho más de lo que gasta (y sin embargo está endeudado a niveles obscenos) la que lleva casi tres lustros de no inversión en materia social, de salud o de integración social no puede atender las necesidades de una madre con problemas y una hija, pero si puede colocar canteros a los que denomina “aliviadores pluviales”, macetas de cemento que cuestan millones, veredas y asfaltos que se reconstruyen año tras año en el mismo lugar. Ese Gobierno conservador no puede construir una integración social acorde con su población. La única provincia que no ha crecido en número desde hace tres décadas, la que expulsa a sus ahí nacidos, por alienación o por gentrificación. Una ciudad que pasó de capital de las artes a un “no lugar”, impersonal, con robos señaléticos o de arquitectura a cada capital europea o norteamericana. Una especie de Las Vegas pero sin los Casinos y Shows. Una ciudad falsa, que parece amigable pero que maltrata a sus propios ciudadanos.

Tuvo que ser la Provincia de Buenos Aires la que rescatara a la menor. Porque la ciudad tardó 48 horas en darse por enterada, así lo demostró la actitud de Santilli. 48 horas para dar la cara de algo que ocurrió a 5km de la casa de gobierno porteño. El problema es que, dar la cara, expone a aceptar que, entre la Foto de Melina y la de las Vecinas de la Madre de Maia que pedían para que apareciera, no había diferencia. O sí. Una diferencia de casi quince años -que en cuatro de ellos fueron gobierno nacional- y nada hicieron para que cambiara la suerte de las miles de Melinas y Maias. 

Hoy no alcanzan las limosnas de los Mc Donald´s, sería mejor que en vez de ofrecer primeros trabajos con sueldos por debajo del mínimo con la anuencia de este mismo gobierno conservador o monten locales en el Barrio 31 (y luego lo cierren), fomenten trabajo de cuatro horas para jóvenes que estudien, con el sueldo mínimo y comida en los locales para sus familiares. Tampoco alcanza el horror y la falsa solidaridad de los canales que apoyaron estas políticas. O la condena a la panadera que, con actitud nazi, no le quiso dar un poco de pan. 

Mañana, la cara de Maia será una historia que tuvo un final, pongámosle, feliz. Que la menor regresó a casa. Que la madre intentará poner su salud psicológica bajo cuidados. Pero pasado mañana nada cambiará. Volveremos a ver a miles de Maias convertirse en Melinas, sin oportunidades ni sueños. Y no podemos permitir que esto siga pasando. 

Este año en Octubre, la ciudad tiene la oportunidad de volver a ser una ciudad sensible, una ciudad que celebraba la osadía de Lola Mora pero también la Ciudad que, con gente como Juan Carr, se ocupó de los caídos del sistema. Catorce años han sido demasiado para este experimento. Catorce años que empezaron con un misterioso incendio en Cromagnon y una promesa de una ciudad mejor. 

Las promesas son deudas dijo la mamá de Melina pero sabemos que el PRO no cumple sus promesas. Eso debe cambiar.  

Editorial

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