La salud pública no es ciencia, es toma de decisiones. No se trata solo de evaluar cuál es el riesgo de usar una intervención médica sino también el riesgo de no usarla. 

Hubo discusión sobre si era un riesgo usar la vacuna «rusa», pero no les interesó el riesgo de no usarla. Esa fue una evaluación de riesgos y se saldó bien, avanzando con la única vacuna disponible. Otro: ¿Hay riesgo en usar solo una dosis de vacuna en vez de dos, vacunando al doble de gente? ¿Es un riesgo dar dosis 1 y solo “dilatar” dosis 2? ¿Cuál es el riesgo de “no” hacer esto?

Esta es una discusión -en estos días- en todo el mundo. Gran Bretaña abandonó las dudas y marchó hacia la practicidad: con una segunda ola que abarrotó hospitales y apiló muertos y, con la amenaza de una nueva variante -aun más contagiante-, eligió vacunar a más. ¿Arriesgado?

Estuve en una charla de Michael Osterholm, uno de los más destacados epidemiólogos del mundo, de los que advirtió sobre una posible pandemia y de los que acertaron -en casi todo- en esta. Preocupado por las nuevas variantes, cambió de opinión sobre el protocolo de vacunación:

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Hoy está a favor de:

1) Dar solo la primera dosis a la mayor cantidad posible y esperar para la segunda.

2) Una sola dosis para los que hayan estado infectados naturalmente.

3) Usar menos material en los casos (como la de Moderna), donde en fase 2, se vio que alcanzaba con mucho menos.

Las tres ideas están «fuera de protocolo». ¿Por qué las propone? Porque el riesgo sanitario de “no” hacerlo es mayor que el riesgo de “flexibilizar” el protocolo de fase 3. Es simple.

¿Porqué el riesgo es mayor? Porque hay 3 problemas posibles con una nueva variante:

1) Que se transmita más.

2) Que produzca enfermedad más severa.

3) Que evada las vacunas.

Hoy ya hay variantes que producen 1) y otras que producen 3). ¿Qué pasa si aparece una que cumple las 3?

“Ese” es el riesgo que hay que evitar. Riesgo muchísimo mayor al riesgo de usar una sola dosis (con eficacia algo menor), al riesgo de usar la vacuna fuera de protocolo, o de usar una vacuna sin la “puta” publicación en The Lancet. Hay que elegir el riesgo, fundamentalistas.

A mitad de enero, Carla Vizzotti, evaluó bien el riesgo epidemiológico de vacunar a más y más rápido vs vacunar a menos usando el protocolo “establecido” de dos dosis.

«10 millones de personas vacunadas con dos dosis o 20 millones de personas con una sola». «Es muy lógico pensar que se pueda vacunar a más gente con la primera dosis y diferir la segunda para cuando ya esté controlado el brote.» Impecable.

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Pero para los que evaluaron, durante toda la pandemia, solo la ventaja y el “riesgo político” de que el gobierno hiciera bien las cosas, la propuesta de Vizzotti era «polémica» y creaba «incertidumbre». Ni polémica, ni incierta,ni poco transparente: era política sanitaria correcta.

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Quizás con el oído puesto en las críticas de los medios y partidos de oposición (y evadir su propio “riesgo político”), el gobierno de Alberto Fernández liquidó rápido la idea y obligó a Vizzotti a dar marcha atrás. 

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Privilegiar la sintonía con los que buscaron desprestigiar o destruir todas y cada una de las medidas tomadas en pandemia, antes que con los que proponen soluciones prácticas para terminarla, no debiera ser motivo de orgullo.

Hay que considerar -seriamente- la idea de optimizar la vacunación: más vacunas en más brazos. Marchemos en esa dirección porque, los riesgos con las nuevas variantes son serios. El riesgo de no hacerlo es mayor que el de hacerlo.

Ernesto Resnik
Científico. Biólogo Molecular/Inmunólogo/Biotecnólogo

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