A los tres años deedad comenzó a transitar el sinuoso camino de su vida, caracterizado por rechazos, discriminación y muchos escollos. Su madre tehuelche abandonó a su padre mapuche, por lo que la joven princesa fue separada de su comunidad y terminó en el Hogar Saturnino Enrique Unzué, de la ciudad de Mar del Plata. Asistió al colegio María Auxiliadora, de esa ciudad y, finalmente, fue adoptada por una familia que le brindó hogar y una educación ajena a sus raíces.

Estaba perdida, cautiva en un mundo al que no pertenecía, pero tuvo una inesperada guía que la llevaría a convertirse en una referente atemporal de su pueblo: esa luz en la oscuridad, fue la música. Tanto en el hogar de huérfanos, como en el colegio de monjas, cantaba y -muy pronto- fue evidente que tenía condiciones para ello y fue parte del Coro de Niñas como soprano.

Cuando Aimé terminó el colegio, quiso independizarse de sus padres adoptivos y partió sola a la ciudad de Buenos Aires, en busca de su destino. Esa etapa no fue nada fácil. Para poder sobrevivir trabajó en lo que pudo: peluquera, costurera, pintó cuadros y fue asistente del artista plástico Roberto Ramaugé. Mientras tanto, ya había empezado a investigar sobre sus orígenes, y sobre la vida y las costumbres de los pueblos originarios de Argentina. Su principal motivación era llegar a ser una cantante reconocida, para lo cual comenzó a estudiar con Blanca Peralta, foniatría con Alba Gayer y guitarra con Roberto Lara. 

Ingresó al Coro Polifónico Nacional por concurso y fue miembro durante 5 años hasta 1976. La experiencia de cantar en grupo la alejó de ese sentimiento de soledad y vacío que la acechaba como un implacable fantasma y fue la puerta de ingreso a su carrera profesional. Cuando dejó el coro se transformó en solista y alcanzó la notoriedad dedicándose profesionalmente al canto mapuche.

Durante los años 60, a los 24 años, Aimé comenzó una intensa relación amorosa con un hombre 24 años mayor que ella: Ángel Lovezano. Un amor que, al parecer, fue único e irrepetible, pero que dejó un sabor amargo en ella: Ángel era casado y tenía hijos.

Durante muchos años Aimé hizo audible en Europa y en toda América Latina la voz del pueblo mapuche. Un pueblo injustamente calumniado, estigmatizado y masacrado por los civilizados “señores” nucleados en la Sociedad Rural Argentina. Aquellos que financiaron a la horda roquista de sicarios, para que convirtieran las tierras ancestrales de nuestros pueblos originarios, en rentables estancias que beneficiaron a unos pocos. Gracias a la “Princesa de la Mapu”, la voz de los ancestros asesinados por la codicia (de los que hoy siguen desangrando la Argentina) se hizo sentir en los lugares más distantes e inimaginables.

En 1987 viajó a Europa, invitada por el Comité Exterior Mapuche para participar de diferentes eventos en varios países. Le fue muy bien, se sintió feliz por primera vez en su vida: trabajo y sacrificio dieron frutos finalmente. Se había transformado en la “voz del pueblo mapuche”. Ese mismo año viajó a Paraguay para dar algunas entrevistas y realizar un concierto con su “cultrún” (el instrumento más importante de la cultura mapuche). El 3 de septiembre de 1987, mientras la estaban entrevistando para la televisión paraguaya, se desmayó en cámara y tuvo que ser hospitalizada de inmediato. Durante un tramo de la entrevista que Aimé cantó en lengua mapuche, sufrió una hemorragia cerebral producto de un aneurisma. Fue intervenida de urgencia en el Sanatorio Migone Battilana. Si bien logró sobrevivir a la intervención, Aimé quedó en un estado crítico de salud, que evolucionó en un coma irreversible. El jueves 10 de septiembre, falleció a las 11:45, en presencia de los médicos y de su más fiel amigo, el Dr. José María Bensadon Carbonell, a quien conoció en el Coro Polifónico Nacional, y que había viajado especialmente desde Buenos Aires, para acompañarla durante la intervención quirúrgica.José María se encargó de realizar todo lo necesario para repatriar sus restos a Buenos Aires, donde le organizó un velatorio íntimo. Sus familiares de Ingeniero Huergo trasladaron sus restos de regreso a su tierra natal en donde comenzó a formar parte de la Mapu para siempre.

Su rostro me deslumbró desde la primera vez que vi una imagen de ella. Si la belleza de nuestra Patagonia se pudiera resumir en una imagen, su rostro sería la síntesis perfecta.Era belleza en estado puro, un brote de nuestra tierra. 

No murió, Ngnechen le concedió el honor de vivir en la Wenu mapu en donde vive como una diosa y desde donde su canto se mimetiza con el viento, que hace conversar a los bosques y con el sonido del fluir de ríos cristalinos, que se pierden en la inmensidad de los lagos patagónicos.

La hermosura tiene nombre: Aimé Paine.

Glosario:

Ngnechen: dios supremo del pueblo mapuche

Mapu: tierraWenu mapu: el cielo en donde viven los/as dioses/as realizando las mismas acciones que los hombres y mujeres realizan en la tierra.

Pablo Targhetta

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