¿Qué lleva a un Congresista a llamar “Fucking Bitch” (maldita puta) a una colega? ¿Qué le permite a un representante del pueblo de Florida llamar “desagradable” a una Diputada? ¿Qué lo autoriza a un Republicano a decirle “loca” a una demócrata? Quién está realmente “fuera de sí” es el Representante de Florida en el Parlamento, el Republicano Ted Yoho. La víctima del “machirulismo” conservador es Alexandria Ocasio-Cortez

La afrenta sufrida por la representante del 14vo distrito de New York, dio la vuelta al mundo en muy pocos minutos. El violento representante conservador, ensayó una suerte de excusa diciendo que tiene esposa e hijas tras haber amenazado de “peligrosa” a la nueva estrella política de los demócratas.

Ocasio- Cortez en vez de responder a la bajeza, realizó un llamado en contra de la violencia patriarcal hacia las mujeres y la impunidad cultural. «Todas hemos tenido que lidiar con esto, de alguna forma, de alguna manera y en algún punto en nuestras vidas (…) Esto no es nuevo, y este es el problema«. También agregó “Tiene que ver con la cultura de la impunidad, de la aceptación de la violencia y del discurso violento contra las mujeres dentro de una gran estructura de poder que la apoya» en obvia referencia a Rodger Williams que estaba junto a Yoho, y que nada hizo ante los insultos proferidos.

También se refirió a la acción posterior de Yoho “No puedo dejar que las víctimas de abusos verbales u otros peores, puedan ver esas excusas como legitimadas por este Congreso«. También Ocasio Cortez demarcó una línea «No voy a estar toda la noche esperando una disculpa de un hombre, que no tiene remordimientos por usar ese lenguaje abusivo contra las mujeres. Lo que me parece inaceptable es usar a las mujeres, nuestras esposas e hijas, como escudo y excusa para justificar un comportamiento deplorable».

La acción, cada vez más frecuente, de una derecha (que se encuentra legitimada por los votos) a proferir cualquier tipo de insultos contra mujeres, minorías raciales y sexuales, se ha convertido en una nueva pandemia. Veinte años atrás, los comportamientos racistas y xenófobos de Jean Marie Le Pen, conllevaban el repudio de la comunidad política alrededor del globo. Aquí las expresiones del ex diputado Olmedo sobre el matrimonio igualitario, le valieron la censura ciudadana. Hoy podemos ver que presidentes como Trump, se vanaglorian de haber violentado mujeres, Ex presidentes como Macri que creen que a las mujeres “les gusta que les digan que tienen buen culo” o que la homosexualidad es una enfermedad y usen el “no seas maricón” como insulto para incitar a alguien para que se sume a su espacio político, dejaron de ser la excepción y son la regla. 

Hace mucho tiempo, con la salida del libro El Cuento de la Criada, pude graficar lo que antes había advertido como La Restauración Conservadora. Ese movimiento que se veía creciente allá por el 2013, que proponía retrocesos en los derechos sociales, en las libertades y en la diversidad social, Atwood lo planteó como ficción, inspirándose en la dictadura cívico militar argentina de los 70s. Atwood planteaba una distopía donde en poco tiempo, con una sociedad apática que daba por sentados sus derechos, permitió llegar a una teocracia machista. Esa Restauración Conservadora de la ficción, se convirtió en realidad cuando se transformó en gobierno por los votos, por la fuerza y por el odio en todo el continente. 

“Nolite te Bastardes Carborundorum” es la frase que Margaret Atwood pone en bajorelieve para que la protagonista lo descubra y le dé fuerzas. Ese “Que los bastardos no te hagan polvo” en un latín forzado que significa “que no te ganen”, se convirtió en un grito de guerra para los movimientos feministas alrededor del mundo Un grito para frenar esa avanzada que buscaba retrotraer derechos en todo el globo.  Pero, pese al trabajo realizado, la restauración conservadora ha dado un paso enorme en llevar, la agresión verbal, al terreno de la normalidad, de lo habitual. Normalizando lo incorrecto, corriendo los límites sociales de lo inaceptable. Retrocediendo. 

No lo permitimos en Le Pen. No lo permitimos en Trump. No lo Permitimos en Macri. Tampoco lo permitimos ahora. El mensaje de odio debe ser desterrado de nuestras sociedades. La ley es una. La discriminación por género está penada. La agresión está penada. Ya no se trata de llamar “puta” o amenazar con el dedo. Se trata de frenar y retrotraer esta avanzada antes que la violencia directa se haga carne. Antes que dejemos que los bastardos nos ganen.

Editorial

Foto de Facebook de Alexandria Ocasio-Cortez

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