Miguel Ángel De Marco, historiador liberal y mitrista, definió el desastre de Curupaytí como «una jornada de luto y de gloria”. 

¿Qué gloria puede haber en una masacre? Las tropas argentinas y brasileñas sufrieron más de 9.000 bajas mientras que, las paraguayas, fueron mínimas. 

De Marco trató de exculpar a Mitre al decir “Los batallones se agolpaban unos sobre otros, sin lograr su objetivo, hasta que, el comandante en jefe, ordenó la retirada cuatro horas después. Mitre, que se había opuesto en junta de generales a un ataque frontal, pero finalmente había aceptado la decisión de la mayoría, había estado siempre al alcance del  fuego adversario. En un momento dado, tuvo que cambiar de caballo porque el que montaba había resultado herido”.

La verdad es que, Mitre, fue el que ordenó el ataque frontal contra 5.000 paraguayos ubicados en una posición elevada y dispuestos a defender el fuerte, rotando en turnos para dividirse las tareas. Resistieron por días el fuego de artillería que, esporádicamente, arrojaba la flota naval del imperio esclavista del Brasil. Cavaron largas trincheras y derribaron centenares de árboles, para formar dispositivos de defensa militar formado por troncos y ramas apuntando al frente enemigo, con el fin de detener el ataque y ocultar las posiciones propias. Contaron con solo 50 poderosos cañones, más algunos otros, de menor alcance al margen del río.

Mitre tuvo bajo su mando cerca de 20.000 hombres y una escuadra de 22 barcos con más 100 piezas de artillería.

Pasadas las siete de la mañana del 22 de Septiembre de 1866, la escuadra brasilera lanzó un bombardeo que duró 4 horas y descargó cerca de 5.000 bombas. El ataque no fue efectivo por el gran camuflaje de las defensas paraguayas. Luego, Mitre, lanzó el ataque terrestre con 4 columnas de miles de hombres a campo abierto. La artillería paraguaya comenzó su letal descarga, que devastó batallones enteros. 

Los que lograron llegar a la líneas paraguayas tuvieron, como atroz destino, un pelotón de fusilamiento.

Fue el mismo Mitre quien relató su funesto fracaso en el parte: «La línea de abatíes obstruían el acceso a la trinchera enemiga, fue necesario reforzar el ataque con la segunda línea de reservas parciales, comprometiendo -en las dos columnas de ataque central- 24 batallones. En esas circunstancias, habiéndonos puesto de acuerdo con el barón de Porto Alegre, acordamos mandar replegar simultáneamente y en orden las columnas comprometidas en el ataque”.

Luego de Curupaytí, el mando aliado entró en crisis. Mitre dejó la conducción de la guerra. Los diarios de la época decían: «Resulta de aquí, que hay un ejército sin cabeza, o más bien dicho, con muchas cabezas, haciendo imposible una operación cualquiera. Mitre, jefe in nomine del ejército, está haciendo el papel más ridículo del mundo”.

Pablo Targhetta

Comentar con facebooks
Artículo anteriorTras el escándalo del Zoom, renunció el Diputado Ameri
Artículo siguienteTragedia no, el Atentado de Once