Iconoclasta puede ser la palabra que mejor defina a García, ese vocablo que es atribuido al movimiento que rechazaba el culto a las imágenes sagradas y por lo tanto las destruía, dio pie a que pasados los siglos se aplicara a aquellos que, deliberadamente, destruían aquellos íconos religiosos o políticos de una cultura determinada. Por lo que iconoclasta puede ser comprendido también como irreverente, rebelde, revolucionario, heterodoxo e, incluso, irrespetuoso. García es todo eso y más. García es el que compone la gran trilogía de bandas que dieron la columna vertebral al rock argentino con Sui Generis, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. García es quien, junto a Spinetta y Cerati (y tal vez Carlos Solari), componen el corpus literario del rock en español. García es también el que se fotografiaba con Menem y le brindaba un concierto exclusivo, pero también el que le dijo a Lanata que era un pelotudo en su propio programa. El que coqueteaba con el Jet Set barato argento, expresado en Hola Susana, solo para burlarse y ser panelista exclusivo del programa under, Televisión Abierta, dejando momentos inolvidables. El que homenajeaba a las Madres de Plaza de Mayo planeando recrear los “vuelos de la muerte” y el que se atrevía a decir, en plena dictadura, que los dinosaurios iban a desaparecer.  

Hay tantos Charlys como uno desea encontrar, desde el Hippie adolescente de Sui Generis y del supergrupo PorSuiGieco, el músico profundo de jazz rock de La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Giran, el rockstar de la primera etapa solista, el productor obsesivo que hizo brillar a decenas de músicos, el del bardo y el Aguante de la segunda etapa solista y el actual sereno y reflexivo, después de ser rescatado por Palito Ortega, tras su internación. Y dentro de esos Charlys, hay infinitos más en cada álbum. Porque ninguno se parece al anterior y tampoco se parecen entre sí. Universos dentro de universos que nunca se acaban. Cada vez que uno retoma un disco de García encuentra un nuevo arreglo, una nota, una capa y una mezcla que antes no notó. García siempre está un paso adelante y no tuvo empacho en decirlo. “mientras miro las nuevas olas, yo ya soy parte del mar”. 

Cada uno tiene una historia con Charly. Cada uno tiene en su cabeza, el momento que García entró en su vida. Y el recuerdo siempre viene con una sonrisa. Es parte de banda de sonido de la infancia y la adolescencia de cada persona que vivió los setentas, ochentas, noventas y el nuevo siglo también. Charly es la primera opción en los fogones, lo primero que se le muestra a un extranjero sobre qué es la música nacional, la que podemos cantar todos sin errarle una letra. Charly es eso que junta y une, porque la felicidad no existe en soledad.

Redacción

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