Héctor Timerman se convirtió en Ministro de Relaciones Exteriores, después e un paso brillante por el consulado de Nueva York, durante la Presidencia de Cristina Fernández y dedicó gran parte de su trabajo a intentar lograr conocer la verdad y llevar a juicio a los verdaderos responsables de la voladura de la AMIA. 

Su tarea en la búsqueda de la verdad, que ha sido destacada por el ex Director regional de Interpol, Ronald Noble, buscó que siempre queden vigentes las “Alertas Rojas” para los requeridos por la justicia argentina.   

La canallada perpetrada por Claudio Bonadío fue inaudita. El juez no estaba en condiciones de impartir justicia por su enfermedad y, sin embargo, generó dictámenes cuando ya se encontraba afásico, tras habérsele removido parte del cerebro, que lo dejó con una imposibilidad en la ubicación espacio temporal y una ceguera parcial que hacía imposible, ni la comprensión, ni la lectura de nada de lo que le pusieran por delante. Ese Juez determinó la sentencia de muerte de Timerman.

A Héctor Timeman se le negó la posibilidad de viajar para extirpar los últimos dos tumores hepáticos que restaban removerle para poder recuperar su salud. Su prisión domiciliaria y la negativa de permitirle tratar su cáncer, determinaron su suerte. Héctor lejos de llorar su desgracia, pidió ser escuchado por la Justicia y Bonadío le quitó ese derecho. Ir para adelante era su lema, por eso, su testimonio fue grabado para la posteridad, cuando el TOF 8 recibió su declaración en dos partes por problemas técnicos y pudo realizar su defensa pese a lo deteriorado de su salud, no quería irse sin dejar en claro su inocencia. Sus palabras hoy cobran un sentido mayor, tras conocerse los vergonzosos lazos de los jueces Borisky y Hornos con Mauricio Macri. La denuncia de un Fiscal corrupto como Nisman, aprovechado por un perverso como Bonadío hoy se caen a pedazos. 

Llegará el tiempo que los responsables que aún quedan vivos, respondan por lo que le hicieran a Héctor Timerman. La mención del nombre de Héctor no es casual. Nombrarlo es tenerlo presente para que nadie vuelva a sufrir las arbitrariedades que él sufrió. Las que sufrieron su familia y amigos. Hoy el pedido de Justicia para Héctor cobra fuerza. Cuando esta causa sea declarada nula, su buen nombre y honor serán restaurados, pero allí empezaremos a reclamar con el peso de la ley a los que lo arrancaron de sus afectos, los que lo condenaron a muerte, por acción u omisión. 

Tuve el placer de conocerlo hace mucho tiempo, pude charlar bastante con él, cuando era directivo en una agencia de publicidad arriba del Palacio San Miguel y lo cruzaba en los pasillos. Mi admiración de pibe, intentaba lucir profesional frente a su porte, siempre impecable. Como redactor, intentaba buscar conversación para que me cuente anécdotas de esas gloriosas redacciones que transitó. El siempre tenía una palabra amable. Mi admiración siguió creciendo viéndolo acompañar como Sherpa a CFK, luego como Canciller. Su enfermedad y muerte, me calaron hondo. No fueron justas pero hay que ir para adelante. Nunca la reparación será total (porque él ya no está), pero al menos seamos nosotros los que sigamos nombrando para que, las generaciones futuras, sepan quien fue el que buscó la verdad para las víctimas de la AMIA y su vida se fue en ello. Justicia para Héctor.

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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