Hace una semana, advertíamos desde estas páginas virtuales, que la interna de Juntos por el Cambio se iba a tornar complicada. Lo mismo pensó el jefe de la oposición, quien después de ver el papelón realizado por Patricia Bullrich y ser desmentida -en el Congreso- por el CEO de Pfizer en Argentina, decidió que, la lapicera de las candidaturas, no podía quedar en manos de quién es una bomba en potencia. La anterior semana, Héctor Magnetto, que ya había desautorizado a Mauricio Macri -vía Luciana Geuna-, buscó terminar con la pelea intestina de sus mandados y decidió publicar el “rumor” que Patricia Bullrich se bajaba de la pelea por el primer lugar en la Capital. Lo que en cualquier lugar del mundo se conoce como “apriete”, Clarín lo difundió como corrillo. Pero lo claro es que, para “el gran diario argentino” Rodríguez Larreta era la opción más predecible, para intentar reconquistar el favor del votante de derecha, después del estrepitoso fracaso conservador en las elecciones de octubre de 2019. 

La mudanza electoral de María Eugenia Vidal, que se había transformado en la pelea de fondo entre el ala blanda y el ala dura del espacio conservador culminó: La remoción de la frase “orgullosamente bonaerense” de la portada de las redes sociales de la derrotada ex gobernadora, mostró la pauta que, no había vuelta atrás. La foto con la credencial de vacunación en CABA, confirmaba lo obvio, Vidal cambió su domicilio y ya no competiría en provincia. Allí se desató una catarata de insultos desde las redes sociales del ala dura, en los que sus más virulentos exponentes colocaban motes como Horacio “Larrata” o María Eugenia “Truchal” entre los más suaves del repertorio.

El “renunciamiento histórico” de Patricia Bullrich en una, por demás, extensa misiva abierta que nadie nunca pidió o el clamor popular inexistente, que entroniza a Vidal (y que saludó el magnánimo gesto de la ex Ministra, aunque sonó más a burla que a otra cosa) mostró que, las peleas en el espacio opositor, continúan como hasta que antes que, Don Héctor, decidiera quien será la candidata en el único distrito que gobierna el PRO. La pelea por el segundo lugar será tema de la próxima semana: allí por la ley de paridad de género, permitirá que los varones conservadores, salgan a mostrar todas sus miserias. El abonado ideal será, como siempre Fernando Iglesias y su derrotero de momento de vergüenza ajena, permitirán al espectador ajeno al espacio conservador, disfrutar momentos que, seguramente, serán los principales “memes” de las redes sociales. 

El otro “renunciamiento histórico”, pero está vez, desde Exaltación de la Cruz, lo protagonizó Lilita Carrió quien confirmó que no integrará una lista “habiéndose confirmado la candidatura de Facundo Manes, mi participación como candidata en la provincia de Buenos Aires carece de sentido histórico y mi sacrificio resultaría inútil”. La “Pasionaria” chaqueña, en pos de la unidad de los espacios que conforman los socios “menores” de la coalición conservadora, abdica a la pelea. Poco parece importarles las denuncias por cipayismo (la carta a Bush de 2002) o las supuestas malas praxis que lo eyectaron de Fleni (caso Cohen Kohan) que recayeron sobre el representante del neuromarketing argentino. El carisma de Manes parece suficiente, en un lugar que no hay tal cosa. Por lo que la CC, UCR y GEN, lograron un acuerdo al cual, el resto de la alianza, tampoco pudo llegar en suelo bonaerense. El distrito que presenta a dos históricos del conservadurismo bonaerense, uno por herencia y el otro, también, pelean por mostrarse dueños de la potestad de poder decidir el orden de los aspirantes a los escaños: tanto Jorge Macri, primo de Mauricio e Intendente del (poco influyente) partido de Vicente López y el heredero de Melchor Posse, Gustavo, disputan el primer lugar en la lista de legisladores nacionales. Desde el interior, donde el PRO es claramente minoría, el radicalismo (con la salida de Vidal), puede -sin esforzarse demasiado- imponerse en una casi inevitable PASO. La influencia de Clarín en territorio del interior de la provincia de Buenos Aires, se diluye a medida que los kilómetros los separan de CABA. Los caciques de los distritos que pudo conservar la alianza de derecha, tras la aplastante derrota sufrida en 2019, son en su mayoría radicales. En los que no y cuyos candidatos fueron puestos por radicales PRO o por el mismo Macri, exigen lugares de preferencia en las listas, incluso a expensas de aquellos PRO que tienen que renovar mandatos. Muchos, consideran que la experiencia PRO está acabada en sus distritos y consideran que, un acercamiento de diálogo con el gobierno nacional, es mejor que seguir en una postura “talibana” como la del procesado Intendente, Javier Iguacel, en Capitán Sarmiento, que impide que el gobierno provincial colabore con las necesidades locales. 

Las experiencias provinciales de Mendoza, Corrientes y la misma Córdoba, que no es gobernada por PRO pero si por un ex Socma, mostrará cómo se irán articulando las candidaturas conservadoras y las peleas por las mismas en esas regiones, que no estarán exentas de divertidos momentos para todos los que gustan del humor alucinógeno.

El duelo por la derrota y la falta autocrítica del espacio, ante la catástrofe nacional dejada y la falta de propuestas de futuro (más allá de la oposición a cada medida propuesta por el oficialismo), muestran el divorcio que el espacio conservador tiene con la sociedad. Se concentran en su círculo autorreferencial, aspiran a mantener la cuota obtenida en 2019 y rezan por que el oficialismo, pierda algunos puntos que los justifiquen. La magra cosecha obtenida en las PASO de 2019, los ubica en el 30%, (idéntica suma de las PASO 2015). Las encuestas los muestran, nuevamente, hablándole a un electorado cautivo. Lamentablemente, para ellos, renovar la mejor elección obtenida (2017), los obliga a obtener casi un 50% de los votos emitidos, sólo para poder mantener los lugares que ocupan hoy (y de allí la desesperación de los “siete votos para ser Venezuela (o Nicaragua)” pero saben que no llegan a esos guarismos con la oferta actual, a no ser que ocurra una hecatombe. 

La salida de la pandemia, es tal vez, el peor enemigo que tiene la oposición: una vez allí deberá demostrar que Argentina propone, pero hoy está demasiada ocupada en resolver sus pequeñas cuotas de poder y prefieren salir a cazar en el zoológico, aunque les cueste la derrota. Prioridades, ¿vio?       

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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