La obra de Jorge Coscia trascendió lo artístico y llevó adelante una función política transformadora, que involucró llevar la cultura a los lugares donde nunca había llegado. Su trabajo por acercar la cultura a los sectores carentes, lo llevó a mudar la Secretaría de Cultura a la Villa 21 en CABA. 

El cineasta dejó películas que marcaron los 80 como “Chorros” y “Mirta, de Liniers a Estambul” y “Cipayos”.  Su trabajo como realizador, sumado a su militancia en el peronismo, lo llevó a cubrir la Intervención al INCAA en 2002, tras la debacle económica y social que había dejado la primera alianza conservadora y fue ratificado por Néstor Kirchner al término del interinato de Eduardo Duhalde.

Su destacada labor lo llevó a integrar la lista de Diputados nacionales en las elecciones de 2005 y ocupó una banca hasta 2009 en que, por pedido de la Presidenta de la Nación, dejó la banca para ocupar la Secretaría de Cultura de la Nación, cargo que ocupó hasta 2014.

Con la llegada del macrismo, Coscia, volvió a las letras y publicó en 2019, La caja negra. La lucha contra su enfermedad lo obligó a no poder participar del gobierno que, desde la resistencia cultural, logró construir. 

El mejor homenaje sobre la persona, lo dio la vicepresidenta, Cristina Kirchner: “Lo conocí cuando todavía no lo conocía, a través de su película Mirta, de Liniers a Estambul: el retrato de una generación marcada por la tragedia y el exilio”. La sensibilidad y la mirada despojada de elementos que romantizan los terribles tiempos vividos en la Argentina y ese fue su sello. Predicó una cultura para todos y lo hizo carne mudando la sede cultural a esos lugares a los que la cultura habitualmente le escapa. La pérdida de este incansable trabajador de la cultura deja una vara muy alta en lo que refiere a difusión cultural.

Redacción

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