Después del papelón generado en la bizarra conferencia de prensa que le armaron al Jefe de Gobierno Porteño, para amenazar con un decreto menor (que aún no había sido publicado) y una judicialización ante la Corte, pero pidiendo una instancia de diálogo, aunque afirmaba que el gobierno había roto el diálogo, el dirigente conservador Horacio Rodríguez Larreta fue recibido por el Presidente de la Nación Alberto Fernández. En dicha reunión (que, de acuerdo a los presentes, fue en los habituales términos de corrección y respeto que mantiene el mandatario nacional) el Jefe de Gabinete expresó sus quejas que fueron derrumbadas con la contundencia de los hechos y la información científica provista por Fernández que no accedió a los planteos inoportunos y altaneros de Larreta. 

Fernández ya contaba con la información que el recurso de queja ante la Corte ya había sido presentado en ventanilla por el gobierno conservador, fue por eso que no se privó de decirle al Jefe de Gobierno todas aquellas cosas que, por respeto a las buenas relaciones, había preferido mantener para sí mismo. La decepción del primer mandatario frente al incumplimiento de lo acordado por Larreta en las reuniones previas, las cartas firmadas por Larreta apoyando las posturas de terrorismo sanitario de Patricia Bullrich y el oportunismo político de tomar de rehenes a la comunidad educativa (para mostrar fortaleza frente a una interna conservadora en la que está perdiendo la partida). 

Ya en la noche de ayer el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, había desmentido al Jefe de Gobierno y avalado la postura del Presidente de lo conversado en las reuniones que Larreta modificó y amplificó gracias al blindaje mediático que posee. Hoy Alberto Fernández tras la reunión, volvió a ratificar lo expresado por el gobernador y contó haberle expresado a Larreta su decepción por lo actuado. También contó su desagrado ante la no condena a las rebeliones incitadas por Macri y Bullrich, de quién no se privó de describir en un “ocaso”. 

Nuevamente y tras el discurso presidencial, el Jefe de Gobierno, volvió a la carga y, nuevamente usando el método favorito del PRO (echarle la culpa a otro) cargó por las promesas de vacunas del gobierno que no llegaron. Básicamente, Larreta perdió la oportunidad de colocarse como un estadista preocupado por la pandemia y la salud de su pueblo y pasó a integrar la barra brava que comanda Patricia Bullrich y que tiene como ruidosos hooligans a Fernando Iglesias, Álvaro de La Madrid y Ricardo Buryaile, comandado desde las sombras por Mauricio Macri.

Larreta sabe perdida la causa en la Corte porque la misma no puede ocuparse algo de lo que no es su competencia natural (la Ciudad Autónoma no es una provincia), necesita mostrar fuerzas de cara a un electorado que aún no lo reconoce como candidato a la presidencia y, todo, dentro de esa interna que no se decide en las bases sino en la calle Tacuarí y en la Embajada. 

Los meses que quedan hasta la elección de octubre, estarán signados entre un gobierno que intenta cuidar a los ciudadanos y una oposición que, sin vergüenza alguna, piensa dinamitar toda institucionalidad que haya quedado en pie, después de la pandemia macrista. La oposición mentirá datos o los manipulará para que den bien en el prime time de TN y La Nación+. La verdadera PASO se verá en los canales entre dos derechas violentas y sin más objetivo que dejar tierra arrasada. Esta semana asistimos al lanzamiento del operativo “no me importa pero me opongo”. La próxima semana bucarán alguna otra triste excusa para no hacerse cargo del desastre que están causando en la salud y la democracia de la Nación.  

Editorial

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