En los últimos meses se ha dado un aumento generalizado en los precios internacionales de muchos bienes, sobre todo commodities y combustibles. Este shock de precios tuvo un importante impacto en el plano distributivo. Mientras los sectores productores de estos bienes tuvieron un importante aumento en sus ingresos, otros sectores económicos vieron aumentar sus costos, y la enorme mayoría de la población sufrió una pérdida de poder adquisitivo.

La mejora en los ingresos de los sectores beneficiados no estuvo relacionada con mejoras en la productividad o mayores niveles de inversión, sino en un hecho externo y fortuito. Antes esta circunstancia, muchos gobiernos del mundo tomaron medidas tendientes a reducir estas injusticias distributivas. En Argentina, el Poder Ejecutivo presentó ante el Congreso el proyecto de ley que busca gravar por única vez estas Rentas Inesperadas.

El proyecto plantea aplicar una sobrealícuota en el Impuesto a las Ganancias a aquellas empresas que hayan aumentado de manera importante su ganancia en el actual ejercicio económico. Este proyecto solo afecta a empresas, no a personas físicas. 

La sobrealícuota planteada es del 15%, y se calcula sobre la diferencia entre la ganancia real del presente ejercicio económico respecto del ejercicio anterior (no sobre la ganancia total). Las empresas alcanzadas serán aquellas que en el ejercicio actual obtengan una ganancia superior a $1.000 millones y que cumplan 1 de las siguientes 2 condiciones: a) que la ganancia del ejercicio sea superior al 10% de los ingresos; o b) que la ganancia del ejercicio actual sea un 20% mayor que la del ejercicio anterior, en términos reales. Se estima que alrededor de 350 empresas serán alcanzadas por el gravamen y que se recaudará alrededor de $200.000 millones. 

Iniciativas muy parecidas a la nuestra se discuten en muchos países del mundo. Incluso, en el marco del G7, los países miembros (Canadá, Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido) han empezado a plantear como deben relacionarse los Estados con las empresas multinacionales, y sentaron la base para un nuevo sistema fiscal internacional, mediante la instauración de un impuesto mínimo global del 15% para las grandes corporaciones multinacionales.Es una realidad que las grandes corporaciones logran eludir pago de impuestos aprovechando guaridas fiscales. Ante esta problemática, la OCDE definió renta no rutinaria cuando el margen de ganancia supera el 10%, y este es un antecedente importante a la hora de discutir la racionalidad del actual proyecto argentino. Más allá de esta situación general que es la forma de tratar a las mega-empresas multinacionales, la situación coyuntural de la guerra también ha motivado la creación de gravámenes que capten parte de la renta obtenida por las empresas beneficiadas. El caso que más se destaca es el de Italia, donde impuesto a la renta inesperada se aprobó este año y será aplicable a las empresas energéticas. El Estado italiano espera recaudar 4.000 millones de euros, con este gravamen, el cual se aplicará a las empresas que hayan aumentado sus ganancias entre octubre del 2021 y marzo del 2022, al menos en 5 millones de euros. En este caso se aplicará una tasa del 10 por ciento extra, pero que se podría elevar a niveles de hasta 25 por ciento. Otro de los casos es el del Reino Unido, dónde se buscará gravar la renta inesperada con una tasa del 25 por ciento a las compañías energéticas productoras de gas y petróleo. Allí la recaudación esperada es de 6.300 millones de dólares que se destinarán a subsidiar la energía de 8 millones de hogares. El espíritu es muy similar al del actual proyecto argentino, buscando mitigar los injustos efectos económicos de la guerra mediante políticas redistributivas con el Estado como intermediario.

Mucho se menciona en el debate público argentino sobre la necesidad de avanzar hacia una mayor progresividad en el sistema tributario y una desconcentración del ingreso. Estos son elementos muy relacionados entre sí, ya que el sistema tributario de un país es un elemento determinante en la distribución de su ingreso. Un sistema tributario más progresivo grava más fuertemente a los sectores más pudientes de la sociedad, y menos al resto. Esto permite mejorar los niveles de equidad en una economía. Para alcanzar una mayor progresividad tributaria deben tener mayor relevancia aquellos tributos calculados en base a los ingresos y el patrimonio de cada contribuyente. Tras la salida de la convertibilidad, en Argentina se logró mejorar la progresividad del sistema. Entre 2003 y 2015 los impuestos progresivos representaron aproximadamente el 43% de los ingresos tributarios en promedios, contra un 57% de ingresos regresivos. Se cambio fuertemente la tendencia de la década previa, donde los impuestos progresivos representaban entre el 25% y el 35% de la recaudación.

Informe elaborado por el Observatorio de Políticas Públicas Universidad Nacional de Avellaneda

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