El Tribuna Oral Federal 1 (TOF1) de la Localidad de La Plata, integrado por Pablo Vega, Nelson Jarazo y Alejandro Esmoris, condenó esta tarde a Miguel Etchecolatz por los delitos de lesa humanidad cometidos en perjuicio de 84 víctimas que fueron secuestradas, torturadas y desaparecidas en el Centro Clandestino dentro de la Brigada San Justo. 

Junto con el genocida, el ex ministro de la dictadura, Jaime (James) Lemont Smart, el excapitán del Destacamento de Inteligencia 101, Emilio Alberto Herrero Anzorena, el exjefe de la Sección Reunión Interior del Destacamento de Inteligencia 101 de La Plata, Carlos María Romero Pavón, el exjefe de contrainteligencia, Ricardo Armando Fernández, el exjefe de la Policía Bonaerense, Leopoldo Luís Baume, Carlos del Señor Hidalgo Garzón, Raúl Carballo, Héctor Horacio Carrera y el exmédico de la Policía bonaerense, Jorge Héctor Vidal, también recibieron condenas a prisión perpetua. También recibieron la máxima prevista en el Código Penal (25 años) el exjefe de la Brigada de Investigaciones de San Justo, Alejandro Menichini, el excapitán de Artillería Jorge Héctor Di Pasquale, Roberto Armando Balmaceda, Rubén Alfredo Boan, Rodolfo Enrique Godoy y Ricardo Juan García. 

El tribunal absolvió a Roberto Armando Felix por no hallarse cumpliendo funciones en esa dependencia y no pudo probarse su participación en los delitos pese a las denuncias que lo ubicaban en el centro de torturas, mientras que, Juan María Torino, pudo escapar de la condena al haber fallecido durante el juicio.

Etchecolatz aprovechó la impunidad, que le permite su prisión VIP en Campo de Mayo, para lucir un cartel que se pudo ver en la trasmisión por streaming «Señor Jesús: si me condenan es por haber defendido tu causa». El genocida acumula su octava condena a perpetuidad por delitos durante la última dictadura cívico-militar.

Redacción

Comentar con facebooks
Artículo anteriorCondena social y sanción de la UAR para los Rugbiers nazis
Artículo siguienteLarreta se victimiza mientras castiga impositivamente a los porteños