Tras el papelón sufrido por Comodoro Py al ser desautorizado en su reclamo de competencias y el retorno de la Causa por el espionaje macrista durante la administración de Cambiemos al Juzgado de Lomas de Zamora, el juez interviniente, Juan Pablo Augé dictaminó a instancias de los Fiscales Cecilia Incardona y Santiago Eyherabide, el procesamiento de Gustavo Arribas, Silvia Majdalani (como jefes de la Agencia Federal de Inteligencia – AFI), el ex Director del Servicio Penitenciario Federal (AFI), Emiliano Blanco, a la Coordinadora de Documentación Presidencial, Susana Martinengo, el ex Director de Asuntos Jurídicos de la AFI, Juan Di Stéfano y a una treintena de ex funcionarios del SPF y la AFI (entre los que se encuentran los integrantes de la célula de espionaje paraestatal conocida como Super Mario Bros. 

La noticia que los medios se encargaron quede relegada a un segundo plano tras los coletazos de los vacunatorios VIP de CABA y el Ministerio de Salud -que le costaron el puesto al Ministro González García-, no deja de revestir la importancia que se merece.

Los 38 procesados integraban, de acuerdo al auto de procesamiento una “asociación de carácter permanente con distribución de funciones, jerarquías y responsabilidades de conformidad con el denominado “ciclo de inteligencia”, creada con la finalidad de obtener información, producir inteligencia o almacenar datos de personas por el solo hecho de sus acciones privadas, u opinión política, o adhesión o pertenencia a organizaciones partidarias, sociales, sindicales, comunitarias, cooperativa, asistenciales, culturales o laborales, captación de imágenes, intercepción de comunicaciones telefónicas, así como por la actividad lícita que desarrollen en cualquier esfera de acción, todas expresamente penadas por la Ley Nacional de Inteligencia”.

Las actividades que desarrollaban este grupo paraestatal conformado por los más importantes lugartenientes de Mauricio Macri en lo que a inteligencia se refiere, se dedicaban a espiar a propios y ajenos. Tal es el grado de paranoia de quien ordenó el espionaje macrista que, las acciones de estos fueron desde el espionaje de la hermana menor de Mauricio Macri y su novio, a los familiares del submarino hundido (en circunstancias más que misteriosas) ARA San Juan, al espionaje de la vida privada del Jefe de Gobierno de CABA, que sacó a la luz la relación extramatrimonial que Rodríguez Larreta lleva adelante. 

Lo que debería ser la nota de análisis de la mayoría de los diarios este domingo, por la gravedad institucional que conlleva, quedará tapada por una acción reprobable y condenable, pero claramente menor a la que estamos analizando.

En Argentina Informada dimos cuenta de nuestro repudio a lo sucedido en el Ministerio de Salud y el comportamiento reprobable de Horacio Verbitsky pero no queremos perder el foco de lo verdaderamente importante: existió en la Argentina, una estructura paraestatal montada para espiar, extorsionar e inventar causas que atravesó todos los estamentos del aparato estatal. El macrismo se sirvió de los resortes del Estado para espiar a los argentinos sin distinción de ideología o lugar dentro del juego político. El haberse hecho público este accionar, fue por la codicia y la impunidad que sentían sus integrantes: Los 40 minutos de la reunión de D´Alessio con Stornelli grabados en un parador de Pinamar, al igual que la jactancia del rol que cumplía en presidencia de Susana Martinengo (de sólidos contactos con las fuerzas de seguridad tras su paso como Secretaria de Seguridad durante la intendencia del Macrista Ivoskus) o el seguimiento a Florencia Macri y su novio italiano, son muestras que, al igual que en el menemismo, nos enteramos de los sucedido por el burdo accionar sus miembros que se sentían amparados por un poder “superior”. Cabe preguntarnos qué otras personas o intereses habrán espiado para fines comerciales, financieros y/o para terceros que sí saben como no “quedar pegados con todos los dedos” como los 38 procesados.

La Cámara deberá ahora confirmar estos procesamientos, que de no haber mediado el Vacunatorio VIP Affair, sentiría el peso de una sociedad que reclama que nunca más los sótanos del poder vuelvan a manejar los destinos de los argentinos.

Editorial

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