Caballero, caballero,

esto me tumba y me tumba.

Apenas sintió la conga,

el muerto se fue de rumba”.

El cómico radial, Sebastián Fernández, más conocido como Rinconet, siempre recurre a la metáfora culinaria para describir situaciones que siempre pagan. Y esta no fue la excepción: Macri “es como el pastel de papas: jamás decepciona”. Su presencia en el programa que suplanta la nieta de Mirtha Legrand, prometía ser un “programón” para la noche del sábado en pleno confinamiento por la segunda ola de coronavirus. Las burlas previas sobre si ambos herederos conversarían sobre la meritocracia, quedaron cortas ante las aseveraciones del ex presidente. 

Tras quejarse que con las interrupciones de la abuela, solo le quedaba “llevarse el doggy bag” empezó una montaña rusa de lugares comunes. La primera parte se centró en el libro que Pablo Avelluto con Hernani Iglesias (y la corrección de Hernán Lombardi) le escribieron al dirigente conservador a modo de memorias y que la novel conductora denominó “introspectivo”. Su explicación que el único mandato que tuvo fue un precalentamiento para que “cuando volvamos al poder podamos hacerlo mucho mejor” sonó al clásico “Cassette” de los jugadores cuando se comieron una goleada vergozante y apelan a que, en siete días hay revancha. Justamente, el que no puede escapar al comentario futbolero. 

Su insulto al electorado, que lo eyectó de la posibilidad de la reelección, de haber sido convencidos de “asado, heladera y todo gratis” fue el comienzo de una realidad paralela, sobre la visión de Macri sobre el desastre que dejó en Diciembre de 2019. “(Argentina) va a ser uno de los primeros países en decir nunca más al populismo”, “Se vienen 20 años de crecimiento”, “La democracia está en riesgo”, “no tenés alternancia en el poder”, “un Estado que te quiere avasallar”, “La cuarentena eterna”, fueron solo un puñado de los delirios esbozados por una personalidad psicopática como la de Macri, en la que todos están equivocados excepto él. Incluso ante los marcadores horrorosos que dejo su (des)gestión tiene el tupé de compararlos con los que arroja una pandemia mundial que ha superado con creces los soldados muertos en la Segunda Guerra Mundial. Y, así y todo estos resultados económicos, no le son favorables.

También admitió el consejo (“que mueran los que tengan que morir”) y encima dijo que el presidente tergiversó sus dichos. Pero enseguida se ataja de sus dichos sobre la vacunación (“no me voy a vacunar hasta que el último argentino de riesgo esté vacunado”) e insiste que pagó por su vacuna, en una farmacia en Miami, cuando esto no es cierto.

“-y vos por qué creés que no fuiste reelecto?

-Por varias razones, (…) porque generé muchas expectativas en lo económico y no estuve a la altura de eso que generé”. 

Su nivel de egocentrismo lo hace rondar sobre un andamiaje en el que se siente seguro. Que la gente vota con el bolsillo y no con un pensamiento integral de lo que debe ser un país. “Que no había una crisis”. Insiste con la mentira que su propio Presidente del Banco Central, Melconián, expresó en la memoria y balance de 2016. El nivel superavitario, les permitió tomar la mayor deuda que la democracia haya conocido. Pero también les sirvió para distribuir en el G20 un “brochure” donde se alababa las condiciones macroeconómicas del país (que llevan años construirse) a meses de haber asumido. Todo eso amparado en el “exceso de confianza” le hizo “no ver” un problema “asintomático”. Frenemos aquí. La falta de dinero en el Banco Central, hizo caer al gobierno de Alfonsín y al de De La Rúa. De haber una crisis como la que el dirigente conservador relata (y nunca mejor usado el término), el gobierno de Cristina Fernández y de su Ministro, Axel Kicillof, hubiera caído como un mazo de naipes. Y, hoy, no serían, Vicepresidenta y Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, respectivamente. 

“yo creo en la energía de la construcción, en la energía de la épica del hacer…” para justificar que no dijo cada primero de marzo el estado del Estado. Una mentira que trata de tapar otra mentira. Claramente los castigos que contó que le propinó la Señora Blanco Villegas, no surtieron efecto alguno en el ex presidente. Su mitomanía continúa intacta.

“Se ha vuelto a un déficit altísimo” es otra mentira que intenta ocultar que, solo cuatro países, no ha tenido déficit durante la pandemia de COVID-19. Argentina es uno de esos cuatro países.

“Tuvimos la suerte que el mundo se había entusiasmado muchísimo con este líder antichavismo que salía en la Argentina”. No fueron las condiciones leoninas que aceptó para el pago a los Buitres, no fue tomar deuda a niveles que harían poner colorado a Rivadavia, fue “este líder antichavismo” lo que movilizó a los fondos golondrina a participar de la bicicleta financiera más horrorosa que se haya visto en el país desde la dictadura cívico militar de la que el Grupo Macri fue uno de los principales beneficiarios.

“Lejos de haber asado, hay polenta” es tal vez el signo más clasista y repugnante de la personalidad que expresa Mauricio Macri. Su desprecio por los sectores populares y por el alimento que fue la base del impero Maya, Azteca e Inca, muestra la ignorancia aplicada al pequeño fin de asestar un golpe al contrincante político por acciones de alza de precios que generan los mismos que lo colocaron a él en el poder. 

“El 11 de Agosto, ese día terrible de la PASO” todavía no puede digerir la derrota brutal que le propinó el Frente de Todos al sacarle 17 puntos en una elección histórica que los devolvió a la realizada de las PASO de 2015: 29 puntos.

Sobre el futuro Macri exhibe sus miedos: ese que no le pongan “un procurador militante”, como si la renuncia de Gils Carbó no hubiera sido tras los violentos amedrentamientos generados por el, hoy prófugo, Pepín Rodríguez Simón y el nombramiento de Casal hubiera seguido todos los pasos establecidos en la Constitución Nacional y ser nombrado por decreto.  

“Yo me salí del Staus Quo, porque es una fábrica de hacer pobres” prefiero evitar el comentario para que Argentina Informada continúe saliendo.

“Jaime, revalidado de vuelta con el milagro que hizo con Lasso en Ecuador”, esta confesión de parte me evita que nos concentremos en el párrafo anterior. Podemos seguir adelante. 

“Fui perdiendo la capacidad de transmitir después de las catorce toneladas de piedra en 2017, después de haber ganado las elecciones”, “esa violencia “, “ese ataque bestial”, “todo ese desastre, se quebró nuestro gobierno, se me quebró la cabeza”. Definitivamente no estaba preparado para el cargo. Si una manifestación y una sesión en el Congreso acaban con tu capacidad de generar consensos y tu voluntad de gobernar, lo tuyo no es la política, pibe.

“Yo intentaba a las siete ocho de la noche cuando entraba en Olivos y gracias a la hechicera, porque, Juliana fue increíble, yo me olvidaba, cerraba todo, ponía Netflix hasta las… siete de la mañana del otro día y reconstituirme”. La afirmación y la duda de la hora que comenzaba la jornada la laboral, sumado que, por las siguientes ocho horas en el que -él- se encerraba con su familia, el país no tenía timón y funcionaba en piloto automático. Ni hablar que el vuelo de Casa Rosada a Olivos toma unos 45 minutos desde su salida hasta que entraba a la Quinta, este personaje nunca se tomó el gobierno ni su función en serio. Pero si tuvo el tupé de echarle la culpa a Frigerio, Monzó o Peña de haber tomado decisiones (por más horribles qu hayan sido) por él. Un verdadero caso de libro.

“El 18 fue una sensación de agobio”, “una sensación de no poder parar el dólar, cuando estábamos por pararlo, vino los cuadernos. Porque volvió todo y el mundo dijo el Lava Jato y yo explicando que este es el gobierno que estaba y el Lava Jato es del gobierno anterior. Los mercados no son 100% racionales”. Recapitulemos: una operación realizada por un escriba del diario La Nación, que no pudo ser peritada (tras el pedido de Graciana Peñafort) y se transformó en fotocopias de un tipo que hablaba como Bonavena pero escribía como García Márquez, influyó para que él, que estuvo detrás de todo eso, no pudiera parar al dólar. Volviendo al gran Gabo: Macondo, un poroto al lado de esto.

Juana lo pone contra las cuerdas con preguntas que están fuera del guión pautado. Él lo padece. Juana no es la mejor de la clase. Claramente él tampoco.

La culpa es siempre del populismo. Ella lo lleva a hablar de los Planes Sociales, saltando de u tema otro sin solución de continuidad. Habla de los planes como algo nefasto, sin embargo fue él que los duplicó junto con Carolina Stanley, y fue la moneda de cambio para que los grupos troskistas piqueteros, no le arruinen la fiesta amarilla. 

“Puse 18 años de mi vida en este país”. Lo dice como si hubiera que agradecerle el favor que nos hace bajando al ruedo político. Y si, hablan finalmente de la meritocracia. Eso que no te regalan y vos te lo ganaste con esfuerzo personal. Ella que al igual que su madre y hermano, viven de la gloria de un abuelo y una abuela que, aunque no nos guste, es una trabajadora incansable. Él, por su parte, es el heredero de un padre que lo consideró siempre un inútil y siempre lo llenó de problemas. Pero la meritocracia en boca de estos dos, deja de ser graciosa para convertirse en algo trágico: la verdad revelada desde la comodidad del sillón del “family”. Ninguno de los dos estudió, ninguno de los dos hizo esfuerzo alguno para llegar a donde están. Son producto de ese Status Quo que Macri se atreve a criticar. Una junta médica nos puede decir que continuar con este análisis de lo sucedido en la mesa que ocupa la nieta de Mirtha no es sano. Pero como dice la diva de los almuerzos. El público se renueva.

“las violaciones a los derechos humanos que hemos visto en la Argentina han sido tremendas y eso se va a investigar” ¿Qué es lo que pasó? ¿Qué entiende esta persona como violación a los derechos humanos? ¿Acaso Amnesty International vino a la Argentina a reclamarle a Alberto Fernández algo sobre el manejo de la pandemia? 

“Lo que nos hace libres es la libertad de elegir” es la primera verdad completa que dice. Argentina eligió vivir sin Mauricio Macri. Por una amplia diferencia y en primera ronda, Argentina decidió no vivir con Macri como Presidente. Porque la libertad es eso que aprendimos en 1810. Si no nos gusta el gobierno que tenemos, votamos otro. (Continuará porque esta es solo el primer bloque).

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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