En lo que podría interpretarse como uno de los datos políticos más relevantes del final de 2021, a nivel nacional y por primera vez en mucho tiempo, cae la evaluación favorable del jefe de Gobierno Porteño Horacio Rodríguez Larreta y mejora la imagen positiva del presidente Alberto Fernández ante la opinión pública.

La última encuesta de opinión elaborada por Zuban Córdoba confirma que Larreta, durante mucho tiempo el dirigente político más valorado pero llegó a diciembre de 2021 con un 51% de imagen negativa. El análisis de la consultora que dirigen Paola Zuban y Gustavo Córdoba analiza que “consiguió exitosamente confrontar con el gobierno e instalarse como alternativa, pero pagando el costo de meterse en el barro frente a los ojos de la opinión pública”.

El sondeo (2.100 casos relevados entre el 17 y 21 de diciembre mediante un cuestionario estructurado on line con un nivel de error muestral de +/- 2,14%) también exhibe que aun cuando “el Frente de Todos concentra la mayor negatividad en la imagen pública, con valoraciones negativas que oscilan entre el 50% y el 62% para todos sus dirigentes” el presidente Alberto Fernández “muestra un aumento de 5 puntos en su imagen positiva, el primer incremento considerable desde noviembre del año pasado,  un cambio de tendencia mínimo, que los próximos meses dirán se sostendrá en el tiempo”.

Los indicadores disparan riquísimos elementos para el análisis político. Quizá sorprenda la escalada en la imagen positiva del presidente, cuya gestión de algún modo plebiscitada en las últimas elecciones, recibió un revés que muy pocos esperaban previamente a la elección. Sin embargo, el indicador se ¿avala? la firme y ¿prematura? decisión del mandatario y sobre todo de su primer anillo de cercanía de postularlo como candidato a la reelección en 2023.

Quizá también sorprenda el desgaste de Larreta, quien si bien no compitió directamente en la pasada compulsa electoral, si lo hizo a través de sus candidatos, quienes luego del triunfo obtenido en las PASO vieron evaporar aquel resultado favorable cuando el partido no fue un “amistoso” sino que se disputó “por los puntos”.

El hábil dirigente opositor, para muchos el verdadero “gato” de Juntos por el Cambio (cae siempre bien parado) se encuentra hoy fuertemente presionado por una puja intestina donde mide fuerzas contra una UCR que pretende encabezar la lista presidencial en 2023, un sector del Pro que intenta no “jubilar a Macri” antes de tiempo (a pesar de que el poder económico aún se muestra muy disgustado con el ingeniero) y otro, los “Vidalistas”, que ven en “Mariú” la única candidatura competitiva capaz de derrotar a nivel nacional al peronismo en 2023.

Más allá de ello, ambos datos -relevantes por sí mismos-, nos permiten hacer foco sobre un problema central que padece no solo Argentina sino todo occidente: una crisis de representatividad y credibilidad que afecta a casi todas las instituciones y erosiona las propias bases de la democracia.

Si bien nuestra democracia parece estable y ya consolidada, en rigor también demuestra una gran desconexión respecto a las principales preocupaciones que padece la ciudadanía. La encuesta exterioriza que 7 de cada argentinos considera que el gobierno no escucha a la ciudadanía y casi 8 de cada 10 (77%) no aprueba la reelección indefinida de los dirigentes.

El repudio, si bien contundente, parece no hacer mella en parte de nuestra dirigencia política, la que ante ciertos temas se abroquela y acuerda relativizando toda grieta. Es el caso de la reciente aprobación relámpago con la que el parlamento provincial autorizó la reelección de 90 mandatarios comunales bonaerenses, proyecto solo rechazado por los legisladores que responden a Sergio Massa, María Eugenia Vidal, José Luis Espert y al FIT.

La decisión convalida la ponderación que incluye el estudio de Zuban Córdoba: “Alejada de las ansiedades y desvelos de la elite política la gente cierra el año con valoraciones muy negativas sobre el contexto del país” pormenoriza el sondeo. 

La realidad evidencia un alarmante desacople entre datos macroeconómicos que dan lugar al optimismo como por ejemplo la recuperación industrial reconocida incluso por la consultora favorita del establishment (FIEL) el crecimiento del empleo registrado, que ya supera sus niveles pre pandemia, o el incremento de las exportaciones. las más altas desde 2012, con una implacable inflación anual mayor al 51% anual que descarga sobre los sectores socialmente más vulnerables su nefasto impacto 65% de los niños y 43,8% de la población del país viven en la pobreza. que solo producen mayor hartazgo, impotencia y desazón.

“Hay frustraciones y decepciones acumuladas que se vuelven muy difíciles de contener. El apartamiento entre la ciudadanía y la clase política vuelve necesario poner temas sobre la mesa en un país que termina el año con noticias de ex-funcionarios que hacen referencias banales al nazismo, un índice de inflación asfixiante y un crecimiento sostenido de la pobreza”, observa el trabajo.

“La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria. El resultado es una mezcla de enfado y miedo” opina el lingüista, filósofo, politólogo y activista Noam Chomsky, quien responsabiliza directamente al neoliberalismo hegemónico por semejante deterioro. «La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie».

Chomsky completa “El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege”.

En esta coyuntura, donde se consolidan sociedades líquidas donde impera la posverdad, vale recuperar lo que bien apunta filósofo francés Louis Althusser, en su obra «Ideología y aparatos ideológicos del Estado» escrita en 1970 prevalecen los “profesionales de la ideología” que escondiendo la propia, buscan construir una sociedad «no ideológica».

Así resulta quizá más sencillo interpretar porque el trabajo de Zuban Córdoba desnuda que para una porción importante de nuestra sociedad (3 de cada 10 personas) los grandes medios de comunicación tienen más poder que el gobierno nacional, los que en la práctica son el vehículo mediante el cual la elite que atesora el poder económico construye un sentido común que atenta contra los intereses de las clases populares en Argentina y el mundo.

El relevamiento muestra un dato que duele, preocupa: 6 de cada diez argentinos no está satisfecho con la democracia aunque, sin embargo, 8 de cada 10 considera que la democracia es el mejor sistema de vida. “La desafección de la ciudadanía, la percepción del mal funcionamiento de la justicia, la baja valoración de la gestión del gobierno y la ineficiencia del sistema político, incluido el accionar de los partidos políticos, son explicativos del desencanto con el sistema” explica el informe llamado Domingo de Datos.

El acertado diagnóstico que plantea Zuban Córdoba coincide con el concepto de fatiga democrática que formula en su último libro, así titulado, el estratega comunicacional Antoni Gutiérrez-Rubí. Allí razona “La fatiga es peligrosa. Puede hacer ineficaces las políticas públicas cuando estas no son aceptadas, respetadas y compartidas. Este hastío, esta posible derrota psicológica de la sociedad, puede dar al traste con todos los esfuerzos económicos y políticos que se están activando”.

El también asesor del Frente de Todos postula en la introducción de dicha obra que se “evidencia el aumento de la desconfianza en la política y una fatiga democrática creciente, donde vemos cómo la incertidumbre, el desencanto y la desafección con gobiernos e instituciones se dan la mano con el hastío, la crispación, la aceleración y la polarización”.

“Ante ello -ensaya el especialista- es clave reivindicar una política lenta, atenta y empática, donde la moderación se pueda situar como un valor en alza y donde la ciudadanía vuelva a ser la esencia y el centro de lo público, de la política al servicio de las personas”.

Lo que lúcido enumera el consultor catalán conjuga con los resultados de la encuesta presentada por Zuban Córdoba, la cual expone algunos aspectos que aparecen ante la opinión pública, como una suerte de deuda pendiente de nuestra democracia: 6 de cada 10 entrevistados considera que ella se ha mostrado impotente para reducir la pobreza y mejorar el funcionamiento de la justicia, mientras casi 5 de cada 10 entienden que ha naufragado a la hora de mejorar la educación o consolidar la estabilidad económica tan anhelada por todas y todos.

Yanina Welp investigadora del Albert Hirschman Centre on Democracy profundiza: “Esto no es simplemente una disquisición teórica, ya que tiene consecuencias directas sobre la legitimidad del sistema y también sobre la misma definición de los asuntos públicos”.

Y otro dato que surge de la encuesta de Zuban Córdoba desnuda dichas consecuencias “el 74% cree que el problema de la democracia son los políticos, una creencia absolutamente transversal a todos los segmentos ideológicos” donde, al igual que en el caso de las reelecciones indefinidas, no se manifiesta la grieta . “Revertir la insatisfacción y decepción democráticas debería ser una prioridad para todo el sistema político” recomiendan los analistas.

El fenómeno articula con los resultados de otra encuesta ya publicada por Macondo 2021 la que, elaborada por Taquion, advertía que 8 de cada 10 argentinos desconfían de jueces, políticos y sindicalistas.

Sin embargo, increíblemente este hartazgo parece contener en su seno una semilla de esperanza. El sondeo de Zuban Córdoba también enfatiza que “a pesar de esas frustraciones, un 85% está convencido de que la democracia es el mejor sistema posible, y la posibilidad de tener gobiernos autoritarios sigue siendo rechazada por la inmensa mayoría”.

“La sociedad argentina es democrática y está comprometida con las instituciones” completan los consultores oriundos de Córdoba. “La sociedad muestra, una vez más, estar adelantada con respecto a su dirigencia. Es motivo de orgullo, la democracia argentina goza de buena salud, pero la ciudadanía no otorga cheques en blanco; sus principales representantes deberían empezar a prestar atención, es una responsabilidad enorme”.

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Walter Darío Valdéz Lettieri

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