El bloque oficialista porteño hizo valer la mayoría obtenida en las últimas elecciones para frenar los pedidos de interpelación y destitución de la Ministra de Educación, Soledad Acuña, solicitados por el Frente de Todos y por el Frente de Izquierda, respectivamente.

Tras los agravios proferidos por la Ministra de Educación Porteña hacia los docentes, todos los representantes gremiales se sumaron al pedido de renuncia de Acuña. La posta fue tomada por los legisladores opositores, que presentaron proyectos para frenar la avanzada discriminatoria conservadora contra los docentes. “Odio de clase” fue la forma que eligió la Diputada Myriam Bregman, para describir las palabras de Acuña. 

La mirada despectiva de los dirigentes y funcionarios conservadores sobre la educación pública y los docentes no es novedad. La frase de Acuña «la raíz de lo sobre ideologizado y la militancia política en las aulas está en la formación docente, en el perfil que se define sobre qué es ser docente» no dista demasiado de la utilizada por Macri al cuando señaló “una terrible inequidad, de aquel que puede ir a la escuela privada versus aquel que tiene que caer en la escuela pública”.

La mayoría automática con la que cuenta el bloque conservador en la Ciudad de Buenos Aires, transforma en meros espectadores a los legisladores opositores que ven naufragar proyectos e interpelaciones, mientras que parquizados, loteos y venta de bienes públicos llegan al recinto con tratamiento y aprobación express.

Redacción

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