El Sumo Pontífice respaldó la vacunación contra el COVID repudió las armas nucleares y aseguró que la pandemia, el cambio climático y la cuestión migratoria, muestran que nadie se puede salvar por sí mismo.

El Papa respaldó hoy de manera contundente la vacunación contra el COVID, cuestionó a quienes por ideología la rechazan basados en noticias sin fundamento y aseguró que la pandemia, el cambio climático y la cuestión migratoria, muestran que nadie se puede salvar por sí mismo. Francisco abogó también por un mundo multilateral e inclusivo y afirmó que construir “un mundo sin armas nucleares es posible y necesario, recordando que -para la Santa Sede- “las armas nucleares son instrumentos inadecuados e inapropiados para responder a las amenazas a la seguridad en el siglo XXI y que, su posesión, es inmoral».

En un mensaje ante Embajadores acreditados en el Vaticano, el Sumo Pontífice aseguró que “hemos podido constatar que donde se ha llevado adelante una campaña de vacunación eficaz, ha disminuido el riesgo de avance grave de la enfermedad” y completó “las vacunas no son instrumentos mágicos de curación, sino que representan, junto con los tratamientos que se están desarrollando, la solución más razonable para la prevención de la enfermedad”.

Pontifex, tal como se conoce al Papa Francisco en redes sociales, consideró que “es importante que se continúen los esfuerzos para inmunizar a la población lo más que se pueda. Todos tenemos la responsabilidad de cuidar de nosotros mismos y de nuestra salud, lo que se traduce también en el respeto por la salud de quien está cerca de nosotros. El cuidado de la salud constituye una obligación moral” expresó y condenó “vivimos en un mundo de fuertes contrastes ideológicos” donde “nos dejamos influenciar por la ideología del momento, a menudo basada en noticias sin fundamento o poco documentadas. La pandemia nos impone afrontar el problema y adoptar los remedios adecuados para resolverlo”.

El Santo Padre llamó a la comunidad internacional a establecer “un compromiso global para que toda la población mundial pueda acceder de la misma manera a los tratamientos médicos esenciales y a las vacunas” y reiteró su llamamiento “para que los gobiernos y los entes privados implicados muestren sentido de responsabilidad, elaborando una respuesta coordinada a todos los niveles (local, nacional, regional y global), mediante nuevos modelos de solidaridad e instrumentos aptos para reforzar las capacidades de los países más necesitados”.

El Papa Jesuita exhortó a “los estados para que adopten una política de desinteresada ayuda mutua, como principio clave para que el acceso a instrumentos diagnósticos, vacunas y fármacos esté garantizado a todos. Sería conveniente que la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual adecuen instrumentos jurídicos, para que las reglas monopólicas no constituyan ulteriores obstáculos a la producción y a un acceso organizado y coherente a los tratamientos a nivel mundial”, opinó.

El Papa Francisco, máxima autoridad eclesiástica desde el 13 de marzo de 2013, señaló que “las desigualdades profundas, las injusticias y la corrupción endémica, así como las diversas formas de pobreza que ofenden la dignidad de las personas, también siguen alimentando conflictos sociales, donde la polarización cada vez más fuerte no ayuda a resolver los problemas reales y urgentes de los ciudadanos, especialmente de los más pobres y vulnerables”.

“La pandemia ha puesto a prueba la economía mundial, con graves repercusiones para las familias y los trabajadores, que están experimentando situaciones de angustia psicológica, antes incluso que dificultades económicas y ha puesto aún más de manifiesto la persistencia de las desigualdades en diversos ámbitos socioeconómicos. Entre ellas, el acceso al agua potable, la alimentación, la educación y la atención médica” reflexionó.

“El número de personas que viven en pobreza extrema está aumentando considerablemente. La crisis sanitaria ha llevado a muchos trabajadores a cambiar el tipo de empleo y los ha obligado a entrar en el espacio de la economía sumergida, privándolos de protección social”, alertó Francisco.

“En este contexto -razonó el Papa argentino- el valor del trabajo adquiere una importancia adicional, puesto que no puede haber desarrollo económico sin trabajo, ni se puede pensar que las tecnologías modernas puedan sustituir el valor añadido que aporta el trabajo humano. El trabajo es camino privilegiado a través del cual cada uno puede participar activamente en el bien común y contribuir concretamente a la construcción de la paz. Los próximos años serán una oportunidad para desarrollar nuevos servicios y empresas, adaptar los existentes, aumentar el acceso al trabajo digno y trabajar por el respeto de los derechos humanos y de niveles adecuados de remuneración y protección social”.

La cuestión migratoria y la diplomacia.

En su mensaje ante los cuerpos diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, Francisco agradeció “personas y gobiernos, que se esfuerzan por garantizar acogida y protección a los migrantes. Soy consciente de las dificultades que algunos estados encuentran frente a flujos ingentes de personas” reconoció y agregó “es necesario vencer la indiferencia y rechazar la idea de que los migrantes sean un problema de los demás”.

“La cuestión migratoria, como también la pandemia y el cambio climático, muestran claramente que nadie se puede salvar por sí mismo, es decir, que los grandes desafíos de nuestro tiempo son todos globales. Por eso, es preocupante constatar que, frente a una mayor interconexión de los problemas, vaya creciendo una mayor fragmentación de las soluciones. Con frecuencia se observa una falta de voluntad de querer abrir ventanas de diálogo y señales de fraternidad, y esto termina por alimentar más tensiones y divisiones, así como una sensación generalizada de incertidumbre e inestabilidad” juzgó.

“Es necesario recuperar el sentido de nuestra común identidad como única familia humana” puntualizó el Santo Padre y distinguió “la alternativa sólo es un creciente aislamiento, marcado por exclusiones y clausuras recíprocas que de hecho ponen aún más en peligro la multilateralidad, que es ese estilo diplomático que ha caracterizado las relaciones internacionales desde el final de la segunda guerra mundial”.

“La diplomacia multilateral atraviesa una crisis de confianza, debida a una reducida credibilidad de los sistemas sociales, gubernamentales e intergubernamentales” calificó.

“Se toman importantes resoluciones, declaraciones y decisiones sin una verdadera negociación en la que todos los países tengan voz y voto. Este desequilibrio, que hoy se ha vuelto dramáticamente evidente, genera una falta de aprecio hacia los organismos internacionales por parte de muchos estados y debilita el sistema multilateral en su conjunto, reduciendo cada vez más su capacidad para afrontar los desafíos globales” manifestó el Papa.

“El déficit de eficacia de muchas organizaciones internacionales también se debe a las diferentes visiones, que tienen los diversos miembros, de los fines que estas deberían alcanzar, dando como resultado agendas cada vez más dictadas por un pensamiento que reniega los fundamentos naturales de la humanidad y las raíces culturales que constituyen la identidad de muchos pueblos” evaluó Francisco.

“Se trata de una forma de colonización ideológica, que no deja espacio a la libertad de expresión y que hoy asume cada vez más la forma de esa cultura de la cancelación, que invade muchos ámbitos e instituciones públicas. En nombre de la protección de las diversidades, se termina por borrar el sentido de cada identidad, con el riesgo de acallar las posiciones que defienden una idea respetuosa y equilibrada de las diferentes sensibilidades. Se está elaborando un pensamiento único —peligroso— obligado a renegar la historia o, peor aún, a reescribirla en base a categorías contemporáneas, mientras que toda situación histórica debe interpretarse según la hermenéutica de la época, no según la hermenéutica de hoy” rechazó el Sumo Pontífice

“Por eso, la diplomacia multilateral está llamada a ser verdaderamente inclusiva, no suprimiendo sino valorando las diversidades y las sensibilidades históricas que distinguen a los distintos pueblos. De ese modo, esta volverá a adquirir credibilidad y eficacia para afrontar los próximos retos, que exigen a la humanidad que vuelva a reunirse como una gran familia, la cual, aunque partiendo de puntos de vista diferentes, debe ser capaz de encontrar soluciones comunes para el bien de todos” opinó.

Conflictos y armas nucleares.

Pontifex se mostró muy preocupado por el ascenso de la conflictividad internacional. Al respecto enumeró precisó que “El diálogo y la fraternidad son los dos frentes esenciales para superar las crisis del momento actual. Sin embargo, «a pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica» y toda la comunidad internacional debe interrogarse sobre la urgencia de encontrar soluciones a los interminables conflictos, que a veces adoptan la forma de verdaderas guerras subsidiarias (proxy wars)”.

“Pienso en primer lugar en Siria, Yemen, Israel y Palestina. Las tensiones institucionales en Libia y los conflictos internos en Sudán, Sudán del Sur y Etiopía, donde es necesario «encontrar el camino de la reconciliación y la paz a través de un debate sincero, que ponga las exigencias de la población en primer lugar» sentenció y reafirmó que las armas nucleares son motivo de especial preocupación.

“Un mundo sin armas nucleares es posible y necesario. Deseo que la comunidad internacional aproveche la oportunidad de dicha conferencia para dar un paso significativo en esta dirección. La Santa Sede sigue insistiendo en que las armas nucleares son instrumentos inadecuados e inapropiados para responder a las amenazas a la seguridad en el siglo XXI y que su posesión es inmoral. Su fabricación desvía recursos a las perspectivas de un desarrollo humano integral y su uso, además de producir consecuencias humanitarias y medioambientales catastróficas, amenaza la existencia misma de la humanidad» concluyó el Santo Padre.

Créditos de la imagen: Telam

Walter Darío Valdéz Lettieri

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