El Palacio Unzué fue una espléndida residencia construida en 1887 por una de las familias aristocráticas más representativas de la “Belle Époque”. En 1937 la propiedad fue expropiada por el Estado Nacional y fue convertida en la residencia presidencial. Antes de ser ocupada por el General Perón y Evita, solo el General Farrell la utilizó para pernoctar de forma esporádica. La anterior residencia presidencial estaba ubicada en Suipacha 1034.

El General Perón fue el único presidente que vivió, de manera permanente, en el Palacio Unzué. Allí recibió a presidentes de otros países, dirigentes y destacados estudiantes de la Fundación Eva Perón. Allí también fue donde, Evita, pasó sus últimos días de vida hasta su entrada en la inmortalidad el 26 de julio de 1952. El lugar se convirtió en un lugar de peregrinación para las clases populares y trabajadoras. En las escaleras principales de la residencia aparecían flores y velas en honor a la memoria de La Jefa Espiritual de la Nación. Ese peregrinaje continuó luego del golpe de 1955 y no pudo ser detenido por la proscripción del peronismo decretado por la dictadura cívico militar. En marzo de 1956, el gobierno dictatorial oligárquico, dirigido por Pedro Eugenio Aramburu, emitió el decreto 4161 que intentó “borrar para siempre” la figura del General Perón, Evita y cualquier símbolo o figura que remitiera a ellos. En particular se ensañaron con la figura de Evita por su reivindicación de los sindicatos, la obra social de la Fundación y en especial por su lucha a favor de los derechos de las mujeres, en la que buscó la absoluta paridad con el hombre.

La figura de Evita sigue generando desprecio en el conservadurismo por atreverse a luchar por una sociedad en donde imperara la justicia social y también, por su versión “baja en calorías”: la progresía. Para los progresistas, Evita es una figura incómoda porque

no fue “una burguesa elitista”. Para Evita, todas las cuestiones (incluida la de género) estaban absolutamente ligadas con las de clase. Generar identidad de clase es algo no deseado por los/as progresistas porque genera conciencia, que es la materia prima fundamental para lograr la combatividad necesaria para que las clases populares y trabajadoras puedan romper con las cadenas del sometimiento y la explotación. La versión “cool” del conservadurismo, también aborrece la ruptura del orden establecido. 

El conservadurismo oligarca que se había abocado a la tarea de “extirpar al peronismo” de todos los rincones imaginables, percibió a la residencia como un lugar de culto para el peronismo y decidió destruirla.  

En 1956 la residencia presidencial fue demolida. Intentaron desaparecer bajo sus escombros todo el simbolismo y el legado de la Revolución Nacional Justicialista, no sin antes exponer los vestidos y las joyas de Evita. Los medios de comunicación aliados al poder real querían mostrar la “corrupción” y la “falta de moral” del peronismo, una puesta en escena, una falacia absoluta inventada por los delincuentes y saqueadores que usurparon el poder. Muchas de esas joyas fueron rematadas, otras robadas por los mismos oligarcas y, las que tenían el emblema peronista, fueron fundidas.

Se atrevieron a destruir todo lo que tuviera que ver con la Fundación Eva Perón, hasta quemaron los pulmotores, algo bastante similar a lo hecho por sus “nietos” macristas, que al asumir destruyeron el plan Qunita.

Pasaron 65 años de la demolición de la Residencia Presidencial que habitaron el General Perón y Evita. El conservadurismo oligarca y la progresía no han logrado hasta el día de hoy destruir el legado de aquellos dos inmensos, que nos han rescatado del subsuelo de la Patria y que nos han llevado a vivir para siempre en el “Palacio de la Dignidad”, ese que aún reluce en el interior de todos y todas los y las peronistas.

No bajaremos los brazos hasta lograr imponer nuevamente la justicia social en nuestra Patria.

¡Viva el General Perón y Evita Capitana! ¡Viva la clase trabajadora!

¡Libertad para la compañera Milagro Sala!

Pablo Targhetta

Comentar con facebooks
Artículo anteriorViolencia Conservadora o de cómo Larreta desalojó un barrio de madres solas
Artículo siguienteAl banquillo por enésima vez