Por: Walter Darío Valdéz Lettieri

A principios de este año, el consenso de economistas y analistas pronosticaba que varias economías latinoamericanas se contraerían fuertemente durante el primer trimestre 2021, sin embargo ello no sucedió y los reportes sobre la evolución del PIB en los países de la región, más allá de sus particularidades y características distintivas de cada nación, sorprendieron al alza. El crecimiento económico promedio de las seis principales economías latinoamericanas resultó ser, en términos trimestrales anualizados, del 6% en dicho lapso, luego de crecer 17% en el último trimestre 2020.

En el caso argentino, si bien las restricciones a la circulación de personas afectaron seriamente todos los procesos productivos, el nivel de empleo y por lo tanto de consumo y las cadenas de pago y valor, el rebote esperado para este año se acercaría al 7%. Nada mal, más aún considerando que se trata de un año electoral. Sin embargo la contracara del dato estadístico es que tal mejora, aún no se percibe en la calle ni en los bolsillos de la gran mayoría de trabajadores de nuestro país, quienes aún padecen la descomunal destrucción de valor provocada por la Adm. Macri, que potenciada por la pandemia, llevó al 42% de los hogares argentinos (unos 19,5 millones de personas) a tener que vivir por debajo de la línea de pobreza.

Por otra parte, tal anticipó oportunamente Macondo 2021 Argentina NO entrará nuevamente en default, al menos no antes de 2024 y una vez superado el desafío electoral de noviembre próximo, nuestro país acordará con el FMI y el Club de París un nuevo programa de facilidades extendidas que despejará las incertidumbre macroeconómicas que tanto “preocupan” a los mercados y factores de poder.

Por eso, así como a nivel electoral inflación, vacunación y desempleo son los ejes que determinarán rumbo del voto popular, en términos económicos, estos tres factores se conjugan y explican y explicarán en gran medida, que tan sustentable será el rebote y que tan rápido podrá ser advertido por las amplias mayorías populares. Sin dudas, en tanto y en cuanto se consolide un rápido proceso de vacunación (todo parece indicar que así sucederá antes de la llegada del invierno) la actividad económica podrá consolidar una mejora que se prolongue en el tiempo, pues contribuirá a evitar que el gobierno nacional se vea obligado nuevamente, a tomar decisiones restrictivas que impactan negativamente sobre el crecimiento económico.

Ahora bien, ante este panorama bien podemos preguntarnos ¿tales factores resultan útiles para explicar el crecimiento económico que se aprecia en toda Latinoamérica? Si así no fuere ¿existen puntos en común entre el grupo de naciones que conforman la región? ¿Cuales son esos aspectos comunes claves y determinantes?

S&P Global Economics sugiere evaluar un cúmulo de conclusiones que se desprenden del sobresaliente desempeño económico regional y asegura que la razón principal de la sorpresiva mejora obedece a que “los sectores de servicios, se están volviendo más “resilientes” a la evolución desfavorable de una pandemia” En su informe LatAm Highlights, la compañía también enumera en segundo lugar que “el repunte de los precios de las materias primas ciertamente está ayudando a la región” y agrega un tercer y muy importante factor de cara al futuro: nada ha cambiado para modificar las expectativas de crecimiento a largo plazo de la región” aunque advierte que el crecimiento económico regional “convergerá a su promedio de 2%/3% en los próximos años, debido principalmente a la baja e ineficiente inversión”.

El trabajo señala que el sector servicios latinoamericano se expandió al 9% promedio en términos trimestrales anualizados, durante el primer trimestre de 2021, lo cual equivale a tres puntos porcentuales por encima del crecimiento del PIB. Ello derribó las expectativas, que especulaban con que el incremento a niveles records de los nuevos casos diarios de COVID-19 producto de la segunda ola pandémica, combinado con medidas de cierres adicionales en algunos países, daría como resultado una desaceleración más aguda en el sector de servicios.

Como ya hemos analizado la mayoría de los problemas que sufren las empresas, no se deben solo a la pandemia y no disponer de una planificación para escenarios de incertidumbre, dificulta la toma de decisiones. Por tal motivo y buscando que la crisis sanitaria no desencadene un cierre masivo de empresas con su correlato de destrucción del saber empresarial y el capital físico localizado, cadenas productivas  completas y circuitos de flujo de pagos, la mayoría de los gobiernos de la región han instrumentado agresivos programas tendientes a inyectar liquidéz en la economía y dismunir a la vez el costo de financimiento. Ahora bien, que tan sustentables en clave fiscal son dichas políticas públicas.

A nivel global, la ortodoxia económica parece haber pasado (afortunadamente) “a cuarteles de invierno” Hoy ni siquiera el FMI la esgrime como bandera de batalla y muchos países centrales, que históricamente nos han sido presentados como íconos de la disciplina fiscal y la libertad económica, abandonaron el dogma y establecieron ayudas a personas, empresas y mercados.

“La lección aprendida aquí, explica S&P Global Economics, es que los hogares y las empresas de la región se están adaptando rápidamente a vivir en pandemia: más compras en línea, al por mayor” hábitos más cómodos para reanudar una vida “normal” incluso ante las incertidumbres relacionadas con la pandemia. “Sin embargo -advierte el reporte- para consolidar un crecimiento constante en los sectores de servicios, la dinámica del mercado laboral debe mejorar. Los servicios se han beneficiado de las medidas de estímulo, como transferencias directas de efectivo y el seguro de desempleo, pero a medida que dichas ayudas estatales se eliminen gradualmente, el crecimiento saludable del consumo dependerá más de la mejora del empleo”.

En tal sentido el trabajo describe que “los niveles de empleo en la economía de América Latina todavía están entre un 5% y un 10% por debajo de los niveles prepandémicos, las tasas de subempleo siguen siendo altas y el progreso en ambos indicadores se ha ralentizado en los últimos meses. Por lo tanto, el avance en la vacunación será la clave para crear más empleo al permitir que más sectores se abran y vuelvan a su plena capacidad”

Respecto al impacto de las materias primas en el crecimiento, el research confirma que “América Latina se beneficia claramente de los precios más altos de las materias primas, especialmente cuando están impulsados por la demanda, a través de las exportaciones y la inversión. Sin embargo, han estado subiendo desde el segundo trimestre de 2020 y ya esperábamos un sólido desempeño de las exportaciones regionales durante el primer trimestre de 2021” De hecho, en algunos casos los datos del PBI relacionados con las materias primas sorprendieron a la baja, como en el caso de Chile, donde los volúmenes de exportación de cobre en realidad disminuyeron en el primer trimestre de 2021, en medio de interrupciones en el suministro relacionadas con la pandemia.

Si bien el arrastre de la expansión económica del primer trimestre 2021, presiona al alza la proyección de crecimiento del PIB para el año en curso (actualmente en alrededor de 5%) ello no cambia las expectativas de crecimiento a largo plazo que maneja el think tank.

“América Latina tiene un problema de baja productividad, impulsado por bajos niveles de inversión fija, que promedió menos del 1% a lo largo de la última década (respecto al 5% de otros mercados emergentes) La pandemia no ha cambiado eso y las expectativas de inversión lucen más débiles una vez controlada la pandemia dado la creciente inestabilidad política y social en la región” alerta el paper.

Finalmente, el análisis señala que la expectativa de S&P Global Economics para la región, (una vez controlada la pandemia) sigue siendo un crecimiento promedio del PBI en el rango de 2% a 3%, que es aproximadamente la mitad de lo que crecen en promedio otros mercados emergentes importantes.

Walter Darío Valdéz Lettieri

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