“Cada uno de ustedes, cada de los 42 millones de argentinos, tiene un dirigente adentro y que cuando cada uno de ustedes, cada uno de esos 42 millones de argentinos sienta que aquellos en los que confió y depositó su voto, lo traicionaron, tome su bandera y sepa que él es el dirigente de su destino y el constructor de su vida, que esto es lo más grande que le he dado al pueblo argentino: el empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano, el empoderamiento de las libertades, el empoderamiento de los derechos”

Cristina Fernández, 9 de diciembre de 2015

Dicen que la victoria tiene padres, pero la derrota es huérfana. Desde el mismo domingo a la noche, la militancia, dio muestras que se cargó la derrota al hombro después de haber recorrido el territorio en un momento hostil por la acción de la pandemia. El mensaje presidencial que pidió que vayamos a hablar con los vecinos, disparó una dura reacción contra los dirigentes que no estuvieron a la altura de las circunstancias y, después de mucho tiempo, el pedido de Cristina Kirchner, se hizo realidad: la militancia se transformó en el dirigente de su propio destino. Decidió que es hora de reclamar. Y lo hizo con los propios gobernantes que son de su mismo signo. 

Durante las pasadas 48 horas se pudieron escuchar pedidos simples pero concretos: poner dinero en el bolsillo de los trabajadores fue el más repetido. Tal vez el más urgente y el que debería ser YA atendido. Pero repasemos un poco lo leído en todas las redes sociales y también en los comercios y cuanto lugar en que se junten más de dos personas:

  • Dinero en el bolsillo de los trabajadores y jubilados
  • Comida en los comedores
  • Control de los precios
  • Ayuda para deudas fiscales a comerciantes
  • Créditos accesibles a Pymes y MicroPymes
  • Acompañamiento a la pequeña industria
  • Créditos hipotecarios para la clase media

Con un superávit de 8300 millones de dólares en la balanza comercial y la cosecha más importante en muchos casi dos décadas y 4200 millones de dólares frescos en las arcas, no hay excusas. Inyectar recursos en el mercado interno, es lo único que nos puede sacar de una tragedia como la pandemia y atenuar lo que nos dejó el macrismo. De la derrota de 2009 surgió el enorme triunfo de 2011. Pero ese triunfo se cimentó en tapar las mentiras mediáticas con construcción política. Los hechos concretos son lo único que le importa al votante no politizado. Y es urgente atender esas demandas que se hicieron sentir en el voto.  

Una vez solucionado lo anterior, la construcción mediática debe ser atendida y es de una sola manera: no alimentando más a un monstruo que usa los medios para continuar acrecentando su poderío en redes, infraestructura y sueldos fuera de toda lógica a su plantel de sicarios. Revisar pliegos de condiciones y recortar el acceso al financiamiento público. Porque el desarrollo comercial de ellos se sustenta en el empobrecimiento del país. Ya probamos con los buenos modales y no funcionó. Nuestra forma no es neutral, nos duele el otro. No podemos regodearnos en nuestros micro universos con forma de ombligo, diciendo que la reactivación ya llegó. Porque hasta que el último plato de comida esté servido cada noche, en cada casa, esa reactivación no será una realidad efectiva y palpable. Sólo lo que recibe Clarín (y sus satélites) en forma de pauta, permite alimentar a todos los comedores del país por varios meses.

La devolución de ganancias y el cese de pago de millones de trabajadores de ese tributo, apenas sirvió para que, esa clase media que Macri empobreció, deje de pagar el mínimo de tarjeta y se ponga al día. Haber corregido el horror de sacarle los medicamentos a los jubilados como hizo el macrismo, solo compensó que los jubilados apenas puedan pagar el alimento. Porque los precios siguen desmadrados como los desmadró La Mesa de Enlace en 2008 con la acción desestabilizadora de AEA. Hoy es imperativo frenar los precios con un control efectivo y sanciones ejemplares a aquellos que decidieron quitarle el alimento a los argentinos. Con especial énfasis a los que fueron beneficiados con aportes estatales durante la pandemia.

Es hora de ajustar lo que estuvo mal hecho y peor comunicado. Estamos a tiempo de revertir un escenario que nos llevará a una Restauración Conservadora, que no tengo dudas será brutal y hará parecer al gobierno de Macri como un ensayo suave. Menos Alfonsín y más Néstor se oyó decir por ahí, pero no es justo personalizar en dos modos de ver la política. Me parece que sabemos lo que el pueblo necesita, es hora de pasar del análisis a la acción. Porque hicimos bien el análisis, pero falló la ejecución. Es hora de probar con la ejecución que todos conocemos:
Justicia Social.

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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