Hay fechas que tienen una raigambre importante para el pueblo: el día de la Lealtad 17 de Octubre del 45, el fallecimiento de Eva Perón el 26 de julio del 52, La vuelta de Perón el 20 de Junio del 73, La muerte de Perón el 1 de Julio del 74, el regreso de la Democracia el 10 de Diciembre del 83, la partida de Néstor Kirchner el 27 de Octubre de 2010, la segunda victoria de Cristina Kirchner el 24 de Octubre de 2011, La despedida de la Rosada y el comienzo de la nueva resistencia el 9 de diciembre del 15. Hoy, 365 días después, podemos agregar un nuevo día a la liturgia popular: la victoria obtenida en las PASO presidenciales, por más de 17 puntos de diferencia, marcaba el regreso del Movimiento Nacional y Popular al gobierno. El 11 de Agosto de 2019, se enmarca como el día que volvió la alegría al pueblo, tras cuatro años de pesares, miseria y muerte. 

Si bien, los recuerdos de los cuatro años vividos bajo el régimen macrista, son recordados como los peores vividos en los últimos 40 años (superando con creces a los alzamientos militares de los 80s, el menemismo, la Alianza, el corralito y el 19 de diciembre de 2001), ese día se transformó en un oasis en medio de la tragedia: durante todo el día, radios, diarios y redes se ocuparon de traer, esos sentimientos que estaban a flor de piel: la esperanza, los nervios, el madrugón, la ansiedad, las promesas, los rituales, las anécdotas. Todos esas sensaciones y recuerdos que sacan una sonrisa y también lágrimas. Muchos contaron los abrazos (tan necesarios hoy en la pandemia), los llantos de alegría pasadas las 18 horas, cuando los “boca de urna” marcaban una tendencia que, con el cierre de los escrutinios -en cada mesa- confirmaban lo que era un secreto a voces: la pesadilla empezaba a terminarse. Los que fuimos fiscales o autoridades de mesa, contando los votos hasta el último, para ver que, el fondo de la urna, revelaba la confirmación de lo que teníamos en el pecho: era histórico. No era lo de 2011, era mejor. No habíamos derrotado a un suelto de expresiones varias, le habíamos ganado a toda una maquinaria que detentaba el poder real y al “poder” poder. Los que habitamos territorios que son peronistas, pero con barrios antiperonistas, ver que ganábamos en mesas que nos habían sido esquivas en 2015 y 2017, era el anticipo: “Si así es acá, Imaginate en Billinghurst (barrio de San Martín, Buenos Aires, que no conoce derrota del peronismo en la historia). Y ser retrucado por un “Imaginate en La Matanza”. Y ser derrotados todos por un “Imaginate en Santiago del Estero”. Todas eran sonrisas. Pero aún no habíamos salido a la vida real. Estábamos aún en la escuela que nos tuvo doce horas adentro. 

Lo primero que hice, fue salir a la calle y respirar. Fuerte, cargué aire, lo solté. Volví a cargar y me subí a mi auto. El frío impedía salir raudo a buscar a mi compañera. La llamé. Y no pude hacer otra cosa que llorar, llorar lágrimas de alegría, contarle del milagro social que -allí- habíamos sido testigos. Todas las mesas se habían ganado. Mi compañera también lloraba y me contaba que la tele no decía nada. Que Macri decía que no había resultados aún. 

Arranqué el auto, llamé a mi madre, la que milita en el medio de la patria sojera a puro pulmón. La llamé para agradecerle que podamos compartir ese momento, aunque sea a la distancia. Volví a llorar. Y parece, que fue lo recurrente en todos los que padecimos el régimen macrista, el llanto de desahogo, las lágrimas de alegría, los abrazos ahogados (otra vez los abrazos). Necesitábamos sacar afuera todo el dolor que habíamos cargado sobre los hombros: los desocupados, los desplazados, los reprimidos, los perseguidos, los torturados, los encarcelados, los muertos. El dolor de ver familias destruidas, desmembradas, deshechas. Esas lágrimas eran ponerle un fin a todo ese dolor, y surgían las sonrisas y las risas desmedidas. 

Llegué a casa. Entré, la abracé y la besé a mi compañera: -“Volvemos”. Fue lo primero que me salió. El abrazo, las lágrimas y las risas fueron todo uno. Todos tenemos un recuerdo de ese día. Aprovechemos hoy, que estamos todos en casa y, contémosle a los más chicos, que les pasó ese día. Así como los viejos nos contaron el 17 de Octubre o La vuelta de Perón. Este es uno de esos días felices que le legaremos a ellos. Esos que, como todos sabemos, siempre son Peronistas.  

Rodrigo Mas

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