La argentina no permite pestañear, nada más riesgoso en la profesión periodística que quedarse “dormido” en momentos clave a siete días de las elecciones de medio término. La confesión de Mauricio Macri sobre el uso del multimillonario préstamo del FMI a la Argentina, debió ser para la alianza conservadora, Juntos por el Cambio, lo que en política se conoce como el “Cajón de Herminio”. Pero no. Igual hagamos un poco de historia.

El famoso “Cajón de Herminio” tuvo su aparición en la política, durante el acto de cierre de la campaña electoral de 1983 del Partido Justicialista. En plena 9 de Julio, el palco y frente a dos millones de asistentes (sí, dos millones) y otros tantos millones que lo miraban por televisión, Herminio Iglesias, candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, cometió el acto impensado, le acercaron una caja de cartón con forma de ataúd que decía UCR y le acercaron un encendedor para que lo prendiera. La historia y quienes aún no aceptan el resultado que consagró a Raúl Alfonsín como Presidente y a Alejandro Armendáriz como Gobernador de la Provincia, responsabilizan a esa acción como el detonante de la derrota del peronismo. Ese momento único e irrepetible en el que, dejarse llevar por el momento, te obliga a un desastre que, en el caso de Herminio Iglesias, le costó su carrera política.

Mauricio Macri no prendió fuego un cajón con las siglas del Frente de Todos, pero se dejó llevar por la charla amena y genuflexa con Marcelo Longobardi y confesó lo indecible: El préstamo del FMI se usó “para pagarle a los bancos comerciales” ante el temor que del retorno del kirchnerismo. Más allá que el préstamo fue acordado en 2018, pocos meses después de la victoria en las elecciones de medio término por parte del macrismo, la deuda a la que Macri hace mención, es la deuda contraída por Cambiemos entre 2016 y 2018 mediante el festival de Lebacs y Leliqs con el que empapelaron la “city porteña”.  

La falta de coaching, se hizo evidente: Mauricio Macri emprendió un “tour de force” mediático para minimizar el impacto de su citación judicial por el espionaje a los familiares de los submarinistas del ARA San Juan y ante una pregunta que, estaba pautada, pero el alumno Macri no había estudiado de memoria y espetó sin forma de ser asistido por el conductor macrista “la plata la usamos para pagar a los bancos comerciales que se querían ir porque temían que vuelva el kirchnerismo”. Ningún indicador mostraba posibilidad alguna, de la vuelta del kirchnerismo al poder en ese momento dado que, la bomba, fue prudentemente escondida por los medios. La economía había explotado, pero nadie lo había notado. El préstamo para garantizar la reelección de Macri, supuestamente iría a reforzar la confianza de los inversores golondrina para que se quedaran más tiempo en el país, pero no se usaría. Macri de esta manera, confesaba lo que ya era un secreto a voces, La plata se usó para tapar la salida en estampida de esos inversores que vieron venir el desastre económico del macrismo. Macri no dudó, por la confesión mediática la violación del Artículo 6 del organismo internacional que, prohíbe a los países miembros “utilizar los recursos generales del Fondo para hacer frente a una salida considerable o continua de capital”. 

Ante este escándalo mayúsculo e internacional por la magnitud y alcance de la señal número uno en noticias de la región (y el mundo), debería ser tapa y motivo de análisis en todos los canales, periódicos, portales. Sin embargo, la muerte de un kioskero en el Municipio de La Matanza a manos de un ex convicto que ya fue capturado y se encuentra esperando que la justicia determine su suerte, ocupa la centralidad de las noticias. El uso despiadado de la oposición, en forma carroñera del dolor de los deudos, haciendo hincapié en las declaraciones de los familiares que piden “pena de muerte” para el victimario, permitieron a los medios hegemónicos un manto de piedad para los dichos de Macri y establecieron que, el patrón moral de indignación debe ser sobre el pobre trabajador ultimado de un tiro en la cabeza. Ni siquiera por un segundo, en ninguno de esos canales donde aparecen “Cristinas Pérez” impostando enojo, se les ocurrió pensar que parte de esos 44000 millones de dólares que Macri usó para la fuga de los bancos, hubieran permitido la reinserción laboral que hubiera evitado ese asesinato. Bajo ningún punto de vista se detuvieron a pensar la inequidad social que dejó el Macrismo y que se acrecentó por la pandemia de Coronavirus, contribuyó para que un condenado, que ya había cumplido su deuda con la sociedad, vuelva a delinquir. 

No pienso defender la actitud de tomar una vida por dinero, tampoco justificaré los motivos que llevaron a tomar la decisión de salir a robar, portando un arma en compañía de una menor, pero no puedo desentenderme del marco en el que sucede todo. La elección del lugar (Partido de La Matanza) para expresar un viejo anhelo del “gorilismo” vernáculo, poder destituir un intendente peronista. Días atrás idénticos crímenes sucedieron dentro de la Ciudad de Buenos Aires y no superaron las páginas policiales de unos pocos diarios. Los crímenes no suceden dentro del Feudo de Rodríguez Larreta. La enorme maquinaria de pauta evita que se conozca si quiera una infracción de tránsito y si es muy evidente, los “pautaperiodistas” de turno preguntarán “¿Quién es el intendente de Mataderos?” evitando toda conexión con Jefe de Gobierno Porteño. Intentan tapar la mayor estafa económica (superando al Megacanje de Cavallo y Sturzenneger) con un crimen común cuyo responsable ya está tras las rejas. 

La pregunta que subyace es ¿qué tiene que hacer o decir Mauricio Macri para ser condenado socialmente y su fuerza política verse en problemas para superar una elección? No alcanzó con tarifazos del 3000%, no alcanzó con devaluar la moneda un 50% el día después de las PASO 2019, No alcanzaron sus fotos abrazado en cabarets de centroamérica con proxenetas como Raúl Martins o haciendo campaña con narcotraficantes como el ex Intendente PRO, Sergio Varisco. Tres veces fue acusado de espiar propios y ajenos, fue condenado por contrabando agravado, lideró el proceso más rápido de destrucción de la Argentina (superando en velocidad a la dictadura cívico militar del 76) confiesa que la plata se usó para la fuga y un crimen resuelto, cuyo perpetrador se encuentra preso ¿puede tapar semejante desastre? La respuesta ya no está en manos de los políticos, sino en manos de una sociedad que ha dejado, el ejercicio de pensar, en manos de los medios de comunicación. Una sociedad con pereza de profundizar y con una indignación mal dirigida, parece estar poniéndole los clavos a su propio ataúd. Y esta vez no se necesitará de un Herminio que acerque el encendedor. Todavía estamos a tiempo de poner a los delincuentes en el lugar que corresponden y no es precisamente en el Congreso.  

Rodrigo Mas

Editor de Argentina Informada

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