Ni bien el General Perón asumió la presidencia en 1946, planteó una nueva relación de cooperación con Francia. La rúbrica de esa política de cercanía y entendimiento fue la visita de Evita en 1947, entrelazando entre ambos países una política exterior de Tercera Posición. Durante dicha visita se firmaron acuerdos comerciales bilaterales y se desarrolló una actividad política que excedió lo estrictamente protocolar y llegó a lo afectivo. 

Cuando De Gaulle impulsó la Quinta República, se basó en las reformas sociales y políticas de la Constitución peronista de 1949. 

Charles de Gaulle, buscó lo mismo que Perón, al intentar que su país tuviera voz y voto entre las grandes naciones del mundo y al igual que el General, marcó el camino a una tercera posición que a futuro superará los postulados políticos y económicos de Estados Unidos y la Unión Soviética, que se disputaban la hegemonía mundial.

De Gaulle volvió a conducir Francia en 1958 y afirmó: “Europa ha adquirido, por su potencial, por su desarrollo, el derecho a ser “par” de Estados Unidos y no su vasalla”. Aclaró que no se consideraba antiamericano, ni antisoviético, pero remarcó que el excesivo poder de Estados Unidos necesita contrapesos en su mismo campo.

Para asegurarle a Francia soberanía política e independencia económica, De Gaulle promovió el desarrollo nuclear de su país. Desde ya Inglaterra y Estados Unidos (aliados de Francia durante la Segunda Guerra Mundial) vieron con gran desagrado el programa nuclear francés. De Gaulle  expresó que “Francia debe disponer del arma nuclear porque la fuerza de disuasión no está hecha solamente para disuadir a un agresor, también está hecha para disuadir a un protector abusivo”.

De Gaulle no estaba dispuesto permitir que Francia fuera un satélite de ninguna de las dos potencias que en ese entonces se dividían el mundo, porque pensaba que era “una posición inadmisible para quienes asimilan realismo a sumisión”. 

Durante su exilio, el General Perón estudió con mucho detenimiento a la Quinta República Francesa” y aunó sus postulados con las premisas del gaullismo.

El gran General francés visitó Latinoamérica en 1964 y llegó a Argentina en octubre de ese año. Desde el exilio el General le ordenó a los y las peronistas: “Recíbanlo como si fuera yo”. Miles de peronistas organizaron manifestaciones al grito de: “De Gaulle, Perón, un solo corazón” y “De Gaulle, Perón, Tercera Posición”. El gobierno del “gran demócrata”, Arturo Illia, ordenó una represión salvaje contra los militantes peronistas por atreverse a nombrar a Perón. Claro, “el peronismo” estaba proscrito. Illia recibió al héroe de la Resistencia contra los nazis y firmó importantes acuerdos bilaterales de cooperación cultural y tecnológica, que cimentó la expansión de la presencia francesa en nuestro país.

Las similitudes entre el peronismo y el gaullismo se plasman en los discursos y textos de Perón durante su exilio, más allá del explícito apoyo que le dio el General al movimiento independentista argelino liderado por Ahmed Ben Bella.

La gira de De Gaulle del año 1964 por América Latina era una manera de afirmar el liderazgo cultural de Francia en el mundo, y en especial en aquellos países con los cuales, en palabras del propio líder, “había un origen común en la latinidad, la cultura y en la cristiandad”.

De Gaulle dijo: “La multipolaridad es la mejor protección para la soberanía de las naciones, cuando rige una desproporción de medios. Francia, aún siendo más grande en relación a la Argentina, también debió luchar para que se entendiera que a través de los intersticios de un orden multipolar se podía hacer transitar a las naciones con un mayor grado de autonomía política, social y cultural”. Por eso De Gaulle, con todo el agradecimiento que expresaba hacia su ex aliados en la gran contienda mundial, no aceptó jamás subordinarse a ellos y libró un combate permanente para evitar que su país fuera humillado, no sólo por el “posible enemigo soviético”, sino también por “amigos demasiado protectores”, como solía decir.

Charles de Gaulle
Ex-precidente de Francia

De Gaulle y Perón no coincidieron en sus períodos de gobierno, pero de haberlo hecho, estoy casi seguro que hubieran realizado una alianza estratégica basada en una visión común del mundo que quizás hubiera cambiado la historia.

La Guerra Fría y el sistema bipolar, ya es historia, pero el legado de ambos estadistas son el ejemplo a seguir, si es que los países de la región pretenden reafirmar de forma conjunta un proceso de definitiva emancipación frente al poder del imperialismo.

El imperialismo odió a ambos líderes por lo mismo: se atrevieron a desafiar al orden mundial. Más mérito aún tuvo Perón, porque lo hizo desde América Latina, un “insoportable atrevimiento” para el imperialismo norteamericano que considera como su “patio trasero” a todo aquello que se encuentre al sur del Río Bravo. 

Con Perón, Argentina ejerció un liderazgo muy similar al que logró la Francia de De Gaulle y que todavía sigue siendo ese camino que imperiosamente debemos retomar si es que pretendemos construir la Patria que nos “mereceríamos” si es que nos atrevemos a luchar en contra de las imposiciones del poder. 

Pablo Targhetta

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