“Juntos por el Cambio va a volver con el poder con real poder. No va a estar más un presidente que lo invitaban a una fiesta, que invita a sus invitados y de golpe se encontró que el disc jockey, el catering lo manejaba la ex presidenta. Ahora vamos a llegar a una fiesta, no va a ser una fiesta, pero vamos a llegar a un lugar donde, todas las herramientas, para cocinar lo que hace falta que cocinar, las vamos a tener”.

Así como se lee, la transcripción del párrafo en el que Mauricio Macri sentado en el auditorio de la Bolsa de Comercio de Córdoba, habló para un auditorio adicto. Intentar comprenderlo es imposible por su falta de capacidad de hilar conceptos y su pobrísima oratoria. Pero detrás de la delincuencia idiomática que dejó en el reducto conservador cordobés, se puede vislumbrar que, la alianza de derecha, Juntos por el Cambio, decidió dejar de ocultar sus intenciones en caso de acceder al poder nuevamente. 

Su llegada al poder nacional en 2015, fue con promesas y mentiras que se descubrieron con las primeras cinco medidas de gobierno. Sin embargo, el relato propuesto, hablaba de sinceramiento y otros eufemismos que fueron transformando en miserable la vida de todos los argentinos en los meses venideros. La salida de Jaime Durán Barba de la comunicación conservadora, mostró lo que era un secreto a voces: sin “coaching” los dirigentes de Juntos por el Cambio dan rienda suelta a sus más primaria pulsiones. Frases como “Que mueran los que tengan que morir” de Macri, las violentas demostraciones en Plaza de Mayo con Patricia Bullrich a la cabeza o las penosas intervenciones de Fernando Iglesias en la Cámara Baja, son el emergente del tiempo que vive este nuevo intento de restauración conservadora. La frase de hoy no es menos violenta que la psicopática de ayer, culpando a los controles de tránsito de la ausencia de apoyo en su declaración por el espionaje ilegal a los submarinistas del ARA San Juan. Pero no será la última. Mauricio Macri no deja de sorprender en lo que a vergüenza ajena se trata. Veremos momentos más violentos, más decadentes y vergonzantes con el correr de los días. Lamentablemente, esa es una amenaza peor que cualquiera de las barbaridades que pueda haber dicho el líder PRO. Y no hay forma de evitarlo.

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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