-¿Qué es ese ruido? Preguntó mi compañera. 

-Ni idea, no estaba acostumbrado a los ruidos de su edificio. Están golpeando con cacerolas, respondí extrañado. El Moserrat no era lugar de protestas hasta ese momento.

-¡Prendé el televisor!

-Ok. Lanata (cuando Lanata era Lanata. O tal vez ese disfraz de progre que usó tantos años) explicaba que desde varios lugares informaban de gente protestando con cacerolas. El “zapping” por los canales comenzaban a mostrar protestas en todas las zonas aledañas a los canales, escena habitual cuando la “urgencia” supera a la capacidad de envío a los lugares donde la noticia se está gestando. Un rato más tarde cuando las condiciones técnicas lo permiteron, ya se transmitía desde varios puntos de la capital.

El anuncio del corralito por Domingo Cavallo, Ministro de Economía de la primera Alianza Conservadora decretaba que los ahorros de los argentinos, era confiscado por los bancos. Por primera vez en la historia, una clase media “ombliguista” y viendo que “ya era tarde” y que “habían venido por ellos” decidió protestar la medida del gobierno que votaron y refrendaron en las elecciones de medio término con su voto continuista. 

El aviso de que las manifestaciones se dirigían a Plaza de Mayo para pedir la dimisión del Ministro, facilitó la peregrinación de ocho cuadras hasta el lugar convocado.  A la llegada, un variopinto grupo de mujeres mayores, familias y jóvenes se unían en cánticos contra el Ministro Cavallo, Patricia Bullrich (que meses antes había reducido las jubilaciones y sueldos estatales en un 13%) y el FMI. Con la llegada de agrupaciones políticas de izquierda, los insultos viraron al Presidente De La Rúa, personaje desdibujado por la presencia del Ministro estrella del establishment.

Recuerdo que nos ubicamos a la derecha de la Plaza, por haber entrado por Diagonal Sur, y nos quedamos a pocos metros de Balcarce. El estratégico lugar me permitió ver la llegada de la Policía Montada de Juan Manuel Santos (entonces Jefe de la Policía Federal), que estaba a cargo de Enrique Mathov y reportaba al entonces Ministro del Interior, Federico Storani. Mi experiencia cubriendo noticias, me colocó sobre alerta: “Si está la Montada, nada bueno, va a suceder”, le dije a mi compañera, mientras buscaba el carnet de prensa. Los jinetes estaban donde hoy termina el Museo del Bicentenario, me acerqué con el carnet en alto en mi mano y pregunté por el jefe del operativo, volví a decir mi nombre fuerte y el medio y requerí al Jefe del procedimiento. Expliqué que no era necesaria la presencia de ellos porque, ahí, solo había familias y señoras mayores. “Nadie está a cargo” me espetó uno de los montados con jinetas y esa fue la clave para volver al lugar donde estaba. Todo se iba a desmadrar en breve. Pedí a mi compañera y unos conocidos que empecemos a sacar a la gente mayor porque iban a reprimir. Logramos sacar del medio a varios grupos de mujeres que hacían su primera experiencia reclamando. Cuando le indicaba a una familia que mejor era que se fueran, porque “los de allá abajo” iban a venir a reprimir, veo que el primer cartucho de gas lacrimógeno se disparó desde el grupo de uniformados. Cualquier asistente a marchas sabe que, entre que cae y el humo se hace imposible respirar, hay unos pocos segundos, así que salí corriendo a patear el cartucho con destino a Defensa. Otro manifestante, pensó lo mismo y llegamos juntos al cruce, como llegó una decima antes, saqué el pie y con maestría el muchacho lo impactó con destino de vuelta. Le grite que saque a los suyos que esto terminaba mal. Visibilicé a mi compañera, que estaba esperándome tras sacar a las mujeres del medio agarré su mano y, con la otra, agarré a mi cuñada que había llegado unos minutos antes. La montada ya comenzaba la carrera hacia arriba cerrándose como en una curva. El espacio que dejaron, nos permitió terminar de salir de allí con destino a Paseo Colón. Ninguna de las dos había estado en una marcha antes. Recuerdo la cara de susto de ambas. Recuerdo la cara de las mujeres que me dijeron que no nos iba a pasar nada si solo estábamos reclamando “de forma pacífica” y su espanto al correr hacia los paredones del Ministerio de Economía. Recuerdo querer volver. Las agrupaciones políticas enfrentaron a los represores y comenzó la cacería que duraría tres días. 

La llegada de nuevo al departamento, no logró bajar la adrenalina, ni la culpa de no haber continuado sacando gente de allí. Relatar lo sucedido, la violencia y la muerte que siguió a esos minutos y que prosiguió hasta alcanzar las cuarenta almas, no le hace justicia al momento. 

La mañana del 20 mostró un país convulsionado. Esa noche pocos durmieron y muchos murieron. El ausente Presidente, apareció para decretar un Estado de Sitio y se retiró en el famoso helicóptero acompañado por Hernán Lombardi, el mismo que en tiempos de Macri, espió a los trabajadores de los medios públicos y los echó por sus opiniones en las redes sociales. A partir de allí, todo fue caos y destrucción.

La Historia es cíclica para todo: nos permite volver a revivir los momentos más penosos de ella y también colocar las cosas en su lugar. Veinte años atrás Cavallo, De La Rúa, Antonio de la Rúa, Enrique Mathov y Juan Manuel Santos protagonizaron la mayor cacería humana desde la llegada a la democracia, provocando la muerte de 40 argentinos a manos de las fuerzas policiales, en el lapso de 48 horas. Pero junto a los que dieron las ordenes, también estuvieron personajes centrales de la política actual: Patricia Bullrich, Ministra de Trabajo, Hernán Lombardi, Ministro de Trabajo, Darío Lopérfido, Ministro de Educación, Horacio Rodríguez Larreta, Triunviro en el PAMI, Enrique Nosiglia, manejando todo desde las sombras y una veintena de personajes provinciales como Mario Negri, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo, fueron parte del desastre que nos llevó a la casi balcanización del país. Estos mismos personajes fueron la columna vertebral del saqueo del país que ejecutaron Mauricio Macri, Marcos Peña Braun y Rogelio Frigerio entre 2015 y 2019. Estos mismos son, los que hoy quieren volver a llevarnos al abismo. 

Los angloparlantes tienen una frase que dice “Fool me once, shame on me, fool me twice, shame on me” traducido sería: Si me jodés una vez, la vergüenza es tuya, si me jodés dos veces la vergüenza recae sobre mí”. Ahora, ¿vamos a permitir que Bullrich, Rodríguez Larreta, Lombardi, Cornejo y Morales nos “jodan” por tercera vez? La respuesta deberá una vez más ser “Argentinos, a las calles” para defendernos de estos delincuentes que deberían, aún, estar purgando penas en una cárcel. 

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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