Ayer por la noche me acercaron unos videos en los que  se puede ver a un trabajador de prensa terminando de grabar unas imágenes en el frente de un denominado “Centro de Primera infancia” en la intersección de Esmeralda y Marcelo T. de Alvear. En el mismo video se escuchan a dos señoritas (quienes han grabado el video) informando que dichas imágenes acababan de ser transmitidas en TN indicando que en ese “jardín de infantes” para gente en situación de calle, había 79 casos de COVID-19.  Además, ellas relataban que el mismo señor había admitido que era mentira y que “el jefe lo había mandado a decir” sobre los contagiados. En un segundo video puede verse al trabajador de prensa como claramente reconoce: “es lo que te estoy diciendo me están increpando como si fuera idea mía, eso es lo que ustedes no entienden: no es idea mía” y luego tras ser indicado por brindar mala información, arremetería con un “Yo no soy el que baja la línea política, eso es lo que vos no entendés”. Yo soy un simple operario”, “a mí me dicen arma acá y dale… la discusión sigue. Las chicas le piden que diga que es mentira. El esgrime que, “es un trabajador de prensa” y remata con un “¿qué querés que te diga?”.

Yo, como Coordinador de Redacción, desde anoche sé que este video, es la prueba fehaciente que Clarín envía a sus trabajadores de prensa a sembrar el terror. Es la prueba que este trabajador no está de acuerdo con lo que transmite y responsabiliza a quien lo mandó: su jefe. También sabía que no podía escribir estas líneas desde la inmediatez y tenía que dejar decantar el hecho noticioso. Nunca se puede escribir en caliente. No importa que tengas todas las ideas, no se puede escribir una nota enojado. No importa la primicia, no importa lo terriblemente atroz que resulta la admisión de la mentira. Necesito decantarlo. Un rato después, no puedo con mi genio y necesito compartirlo con la comunidad en la red social Twitter. El video comienza a hacerse viral. Se retwittea y cada uno hace un aporte. Decido irme a dormir. 

A la mañana veo mi casilla saturada de notificaciones, cientos de ellas y una en particular de un querido amigo camarógrafo: Me alerta que hay reacciones de odio hacia el trabajador de prensa. Inmediatamente respondo a esos mensajes y se neutralizan. El mensaje viralizado superaba las 100000 interacciones y seguía creciendo. Sigo hablando con mi amigo y me recuerda lo sufrido por él en algunas marchas, los insultos, las agresiones físicas. Nada justifica la violencia. Nada.

Necesitaba escribir el Editorial. Pero ya no iba a ser sobre Clarín, la mentira descubierta y la admisión de culpa. Ahora se trata de otra cosa. Se trata de explicar que el trabajador de prensa no es el medio. Pero también se trata de “setear” la vara un poco más alta. Se trata que el trabajador de prensa tiene una responsabilidad con quien lo mira, escucha y lee. Se trata de pedir por mejor calidad en las noticias. Se trata de un llamado a que se cumplan los preceptos mínimos del periodismo. Se trata de poner la vara más cerca de la verdad que de la “obediencia debida”. Se trata que el trabajador se sienta fuerte y apoyado por un público y que no tenga que optar entre una “opereta” y comer. Se trata de poder estar fuertes para pararse y decir a los productores y gerentes que “Eso no va, eso NO es verdad”. Pero nunca pedir sanciones contra un trabajador vulnerado. 

Como público no podemos pedir violencia para nadie. Pero si podemos pedir responsabilidad. Responsabilidad ulterior dice la ley. Cada ciudadano puede expresar sus ideas, su mensaje. Pero es responsable de sus dichos. Y, si los dichos transmitidos no son verdad, debe retractarse y responder por los daños ocasionados a los que perjudicó. Las sanciones también deben ser ejemplares. No basta con un simple tirón de orejas. Las sanciones económicas a los medios (porque son una empresa con lucro y no una ONG) deben ser claras, firmes y llegar hasta la máxima pena en el caso que lo ameritara. 

Clarín no se encuentra por encima de la ley. No es un Estado paralelo. Clarín mintió en ese informe para “operar” a Horacio Rodríguez Larreta. Larreta conoce el juego porque conoce a sus socios. Los alimentó a pauta para lograr su elección, blindaje y reelección. Pero ahora, quieren que les rinda pleitesía. Si, en medio de la Pandemia, le piden que ponga rodilla en tierra y jure lealtad al Grupo. 

Clarín lleva adelante una guerra contra el peronismo desde 1945. Desde la mismísima intención de Noble de ser Presidente. Su sucesor fue más inteligente: Magnetto vio que podía colocar presidentes por medio de golpes de estado, de mercado, por la ventana y hasta inventar a uno que no podía decir tres palabras de corrido. Hoy la guerra sucede porque, como en 2007, no se hace su voluntad. Ya no es la decisión sobre quién va a ocupar la Rosada. Ya no es sobre una ley que los obliga a respetar la ley. Esta vez es, sencillamente, porque el ejecutivo nacional (y, por consecuencia, todos los ejecutivos provinciales) decidieron hacer primar el valor máximo consagrado en la Constitución: la vida de los argentinos.  Clarín tiene otros planes. Erosionar y doblar voluntades. Ese es el objetivo. No importa cuantas vidas cueste. En la lógica de campaña del grupo, más muertes significarán menos chances que el oficialismo repita resultados en 2021 y no llegue a ser competitivo en 2023. 

El grupo desata esta guerra de guerrillas, con pequeñas pero efectivas acciones: los presos, la cuarentena más larga del mundo, los “intelectuales”. La verdad no puede ser obstáculo entre ellos y sus objetivos. Sacan a sus trabajadores a mentir. Los exponen al escarnio. Les quitan la poca dignidad que les queda. Los usan y los descartan.  

Por segunda vez en una semana, son descubiertos en el acto. La anterior vez por un video de Telesur que intentaron hacer pasar como local. Ayer, la mentira, fue desbaratada por tres trabajadoras de un local de comidas. Una golondrina no indica la primavera, dos da en qué pensar. 

La confesión de la mentira no es la noticia en sí, la confesión es que mandaron a un trabajador a hacer el trabajo sucio que ellos no se molestan en hacer. Clarín miente. Clarín no hace periodismo. Clarín siembra el terror. Hay leyes que prohíben ese accionar. Es hora de ponerse los pantalones largos.

Editorial

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