El inicio de la enfermedad llamada “endeudamiento externo compulsivo” comenzó con el empréstito Baring Brothers: el préstamo que tomó Bernardino Rivadavia en 1824 por 1 millón de libras. Los acreedores descontaron gastos, comisiones y se cobraron a cuenta dos años de la deuda, por lo que Argentina recibió la mitad del dinero acordado. El préstamo se tomó con el fin de hacer obras en el puerto de Buenos Aires y fundar un banco argentino que respaldara la moneda, pero dichos proyectos jamás se realizaron.

Desde la génesis hay dos elementos que se trasladarían en el tiempo hasta nuestros días: los fondos no se utilizan para el desarrollo y los préstamos se tomaban bajo condiciones injustas, que atentan contra los intereses nacionales.

La evolución histórica del endeudamiento argentino es realmente única y funesta: de 1810 a la década de 1860, hubo un bajo nivel de endeudamiento, en donde el empréstito Baring es un «un fenómeno aislado» de la época. En aquel tiempo, Argentina, no tenía construido un Estado lo  suficientemente sólido como para salir a pedir dinero con suficiente respaldo. Además, los mercados de capitales todavía no estaban maduros. 

De 1860 a 1930, el país demandó mucho capital, dado que éramos una novel nación, con un mercado de capitales local muy pequeño y que dependía de los recursos externos para poder crecer. Durante este periodo, Argentina se convirtió en uno de los países en los que, la inversión extranjera directa, fue de las más grandes del mundo y, claro está que, dichos niveles de inversión, tienen sus riegos. En 1875, durante el gobierno de Avellaneda y a causa de un “problema” en el sector financiero internacional, se frenaron los créditos y eso trajo como consecuencia el achicamiento de las reservas. 

El primer default se dio en 1890, cuando, a raíz de la política económica de Miguel Juárez Celman, el Estado se había endeudado brutalmente y Argentina cayó en default al no poder pagar. La deuda ascendió a unos 879 millones de pesos fuertes. 

Julio Argentino Roca intentó alargar los plazos de pago, lo que llevó a una crisis política durante su segundo mandato en 1901. De 1930 a 1970, la crisis del 29, le cerró el mercado externo. El país, que ya estaba endeudado, instituyó un régimen de control cambiario, para poder cumplir con los pagos. Pero las exportaciones bajaron de una forma considerable, y las divisas entrantes eran muy escasas, de hecho “el pacto Roca-Runciman” incluyó un empréstito para lograr hacer frente a los pagos atrasos de la deuda y para eso se estableció un plan de emisión de bonos.

El gobierno de Juan Domingp Perón desechó el endeudamiento externo y se financió con recursos nacionales, no hay que olvidar que, durante el primer mandato del General Perón,

se pagó el empréstito Baring Brothers, contraído por Rivadavia 120 años antes. Todo cambiaría después del golpe de 1955. La Revolución Libertadora de 1955 abrió el capítulo de endeudamiento compulsivo externo en el país: este se produjo el 19 de abril de 1956 con el ingreso al FMI. La fusiladora tomó deuda y, posteriormente, Frondizi también lo hizo (dado que asumió en plena crisis de la balanza de pagos). La deuda ascendió de 500 a 1800 millones millones de dólares (a valores actuales, de 4860 a 17496 millones de dólares). A partir de 1970 hasta nuestros días la economía argentina volvió a centrarse en el sector primario, se produjo una sostenida desindustrialización. 

Desde golpe genocida de 1976 hasta el final de la dictadura en diciembre de 1983, comenzó la época más oscura del endeudamiento externo argentino hasta el momento: se recurrió al mercado financiero internacional para financiar gasto público, lo que hizo que las obligaciones contraídas en esta etapa fueran muy difíciles de sostener en el tiempo. El déficit fiscal comenzó a ser financiado con capital externo, que entró a raudales para aprovechar las altas tasas de un sistema financiero desregulado. En marzo de 1980, con la crisis bancaria comenzaron a retirarse en masa. Para 1981 ya era imposible sostener el acelerado retiro de capitales, hubo una devaluación y comenzaron los retrasos en el pago de la deuda. Así, la Argentina, multiplicó varias veces su nivel de endeudamiento, que para el fin de la dictadura, era

de 46.000 millones de dólares. Antes de irse, los genocidas mandaron al sicario económico, Domingo Cavallo, a estatizar las deudas de los/as que los financiaron.

Alfonsín poco pudo hacer por el condicionamiento heredado e incrementó el endeudamiento. Durante el menemato neoliberal de los 90, el endeudamiento creció de forma exponencial hasta llegar, en 1995, a más de 90.000 millones de dólares y, durante su continuidad, el desgobierno de Fernando de la Rúa llegó, a 144.000 millones de dólares.

Luego de asumir en 2003, Néstor Kirchner, le pagó la totalidad de la deuda que nuestro país tenía con el FMI: se canceló en un solo pago: 9.800 millones de dólares para que el país lograra construir su propio destino y lograr así, la verdadera independencia. 

En 2014, bajo el gobierno de Cristina Fernández, se llegó a un arreglo con el Club de París muy positivo que se negoció en tasas escalonadas y se ató los pagos al ingreso de inversión directa en el país.

Con la llegada de Macri al gobierno en 2015 se inauguraría el período de peor endeudamiento externo de la historia argentina, superando a la propia dictadura cívico-militar genocida y al menemato. Macri volvió a tomar un crédito con el Fondo Monetario Internacional por el monto más elevado de toda la historia del organismo entregado a un solo país: USD 56.300 millones. Préstamo impagable por la suma involucrada y por los plazos de vencimiento pactados. “Verdes» que prestó su amiguita Lagarde para la especulación financiera y la fuga de capitales, en lugar de ir hacia la economía real. Durante los 4 años de desgobierno de Mauricio Macri, se fugaron 88.371 millones de dólares. Estos muchachos/as sí se robaron un PBI y también un FMI. Los mayores ladrones/as de la historia.

El peronismo es el único espacio que desendeudó al país. La historia es la mejor vacuna contra las falacias de la oligarquía saqueadora y endeudadora. 

Pablo Targhetta

Comentar con facebooks
Artículo anteriorDetuvieron al asesino del piloto
Artículo siguiente¡Se profugará?