A pocas semanas de haber dicho que el Estado brasilero estaba quebrado y que no había nada que él pudiera hacer, el presidente del gigante sudamericano volvió a deslindar su responsabilidad en la crisis sanitaria que están viviendo los estados amazónicos, en el norte de Brasil debido a la Pandemia de Coronavirus.

Jair Bolsonaro decidió dejar a su suerte a la ciudad de Manaos, que se debate entre la imposibilidad de tratar a los pacientes internados por falta de insumos básicos, como el oxígeno o respiradores y tener que derivar pacientes a otros estados (algunos situados a cientos de kilómetros) por carecer de capacidad en los nosocomios locales.

«El problema en Manaos… Es terrible el problema ahí. Ahora, nosotros hicimos nuestra parte, con recursos medios», fue la respuesta esbozada con una total falta de empatía por el mandatario brasilero. 

La situación alarmante en el Estado de Amazonas, obligó a la Fuerza Aérea a transportar en vehículos militares a unos 800 pacientes contagiados con COVID-19 durante las pasadas fiestas. El paracaidista que reviste como Ministro de Salud, Eduardo Pazuello, pudo desplegar los aviones para hacerse presente en la capital, Manaos, en la que inauguró un hospital de campaña en el que se receta hidroxicloroquina como única medida de combate del virus.

Las autoridades locales ya computaron 28 fallecimientos debido a la falta de oxígeno y tuvieron que recurrir a Venezuela para poder suplirse con los tanques que estarían llegando al estado en los próximos días.

Ninguna de las vacunas ha conseguido aún la aprobación de la autoridad regulatoria local para utilizarse en el país por protocolo de emergencia, sin embargo se espera que el próximo domingo, tanto la vacuna de Pfizer como la Coronavac, lograr el permiso provisorio.

Redacción

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