El viejo dicho futbolero reza que “equipo que gana no se cambia” y eso parece haber prendido en la derecha local. Tras la vergonzosa derrota que le propinara el Frente de Todos en 2019 que los sacó de la Casa Rosada en primera vuelta, optaron por un cambio de nombre en la “marca” de la alianza conservadora, que nuclea al PRO, la Unión Cívica Radical, la Coalición Cívica y, ahora, incorpora a Margarita Stolbizer y, “carpetazo” mediante de Clarín, al autodenominado “libertario”, José Luís Espert. La vieja receta conservadora busca, marketing mediante, un relanzamiento de la imagen electoral. 

Dentro de las muchas opciones que los equipos de comunicación vienen barajando, “Juntos”, parece ser la que contaría con el apoyo de todos los grupos que componen la coalición de derecha. Los bajos números que arrojan las encuestas para la intención de voto en forma individual de sus candidatos, forzó a los integrantes a intentar cubrir la falencia con un manto, que aleje relacionarnos con el fracaso de la administración macrista y les permita aunar el voto opositor bajo un solo lema: el antiperonismo.

La intención del grupo “duro” del PRO, es llevar el “leit motiv” de campaña, no hacia las propuestas, sino hacia un escenario para mostrar la caída económica, producto de la pandemia mundial de coronavirus, como un fracaso personal del gobierno de Alberto Fernández. Mientras tanto, el ala blanda propone vender futuro y el “ya aprendimos” como argumento pero las caras son las mismas de siempre: la que el establishment consideraba imbatible: María Eugenia Vidal que perdió por la friolera de 14 puntos (tras haber caído en las PASO por más de 20 puntos porcentuales), no desea nuevamente competir en la Provincia y marca un pronto retorno a Capital. El PRO debe renovar 26 bancas entre las que se encuentran sus mayores elementos: Fernando Iglesias, Carmen Polledo, Luciano Laspina, Graciela Ocaña o “La Coneja” Baldassi, entre otros, pero -estos- deberán luchar entre sí para disputar espacios con Macela Campagnoli, “Toti Flores” y Paula Olivetto de la Coalición Cívica y, a su vez, contra, José María Cano, Álvaro de Lamadrid, Luís Petri o “Facundito” Suárez Lastra de la UCR. Todo esto con las apetencias de los nuevos actores de reparto que son Margarita Stolbizer, José Luís Espert y una Elisa Carrió que busca desesperadamente fueros ante la inminencia de los procesos que tiene en sede judicial. Tampoco puede olvidarse la pretensión de Patricia Bullrich de una banca que la catapulte a la carrera por el 2023. 

La lucha de egos que se desató en la coalición derechista, es sanguinaria, pero saben que sin un eje aglutinante, la carrera está perdida antes de comenzar. Con un Macri, más “muerto políticamente” que con capacidad de “arriar” al espacio hacia la contienda de noviembre, un cambio cosmético de denominación, es todo lo que el espacio puede ofrecer por el momento. La falta de renovación y generación de nuevos cuadros dentro de la alianza, es algo no menor. Mientras el Frente de Todos hace gala del staff sub 50 gobernando, sub 40 en sus segundas filas y un sólido sub 30 en formación permanente, la derecha no puede otra cosa que mostrar los mismos nombres -desde hace más de 15 años- en cada una de sus filas. 

La misma “receta” electoral que fracasó -estrepitosamente- en 2019 con un nombre nuevo, se asemeja a esos restaurants de Palermo que ofrecen una “carne fileteada, apanada con guarnición de tubérculos y ouefs frits”, para la vieja y conocida “milanesa con papas a caballo”. El problema es que, el comensal, ya sabe que en ese restaurante, se come mal, poco y la cuenta es muy dura de pagar.   

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