Barbijos, Poemas recitados, el himno nacional cantado por Lady Gaga y un llamado a la unión nacional, fueron algunos de los condimentos que tuvo el acto de asunción presidencial de Joe Biden en Estados Unidos. La nota principal es la llegada, por primera vez en la historia de ese país, de una mujer al cargo de VicePresidenta. 

“La democracia ha prevalecido” es la síntesis con que, el 46° presidente de Estados Unidos,  selló su discurso inaugural al tomar posesión del cargo. Joseph Ribinnette Biden Jr accedió al cargo tras cuatro años que dejaron fracturada a una sociedad, que tiene una enorme deuda interna. La Pandemia puso al desnudo una crisis sanitaria pero también económica y social. La búsqueda de la unidad propuesta por Biden, choca de plano con la grieta que divide a los norteamericanos. Un país dividido por el racismo, el creacionismo y con una ultraderecha radicalizada (que ya hizo su primera muestra de poder en la toma al Capitolio dos semanas atrás).  

El reconocimiento de los estragos que está dejando la pandemia de COVID-19 por parte de Biden, es un giro de 180 grados en lo que respecta a Trump, “Sobreponerse a estos desafíos, para restaurar el alma y asegurar el futuro de los Estados Unidos, requiere mucho más que palabras y requiere de la más elusiva de todas las cosas en la democracia: la unidad. Biden buscará ser el presidente que subsane el tejido social, pero va a llevar, mucho más que la buena voluntad de este político de 78 años.

El cambio político y social que significó la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca y su estadía de ocho años allí, tuvo una contrafuerza de igual o mayor magnitud en la presidencia de Donald Trump. Algo muy parecido a los Doce años de Kirchnerismo en la Argentina, seguidos de los cuatro años de destrucción macrista. Por eso la llegada de Biden se asemeja mucho a la llegada de Alberto Fernández. Su intención conciliadora y su discurso de unidad plasmado en el “Hoy es el día de Estados Unidos, es el de la democracia” recuerda al discurso inaugural de Fernández. Al igual que este, Biden chocará con una derecha que no admite haber sido derrotada en las urnas. Una derecha intentará minar cada acción progresista propuesta por Biden o Harris. Por eso Biden apunta a bajar los “ánimos” cuando expresa “debemos terminar esta guerra incivilizada que enfrenta rojo con azul (republicanos y demócratas) rural contra urbano, conservador versus liberal (progresista). Podemos hacer esto si abrimos nuestras almas en vez de endurecer nuestros corazones”. También agregó que “cada desacuerdo no tiene que ser la causa para una guerra total y debemos rechazar la cultura en la cual los hechos en sí mismos son manipulados o fabricados”, en obvia referencia a las campañas de fake news que se vienen llevando a cabo desde hace media década. Para cerrar con un contundente “las pasadas semanas nos han enseñado una dolorosa lección: Hay verdad y hay mentiras”. Sin nombrarlo, todos los asistentes entendieron que se refirió a Donald Trump. “Enfrentamos un ataque a la democracia y a la verdad. Un virus furioso, inequidad creciente y el aguijón del racismo sistémico, crisis climática, el Rol de EE.UU. en el mundo. Uno solo de esos sería desafío suficiente para nosotros en forma profunda”. Biden está consciente de los problemas que deberá enfrentar. Faltan cuatro años para poder determinar si decidió “tomar al toro por las astas”.

Redacción

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