Aniversario del Asesinato del Padre Mugica
El cura que fundara la Parroquia Cristo Obrero y dedicara su sacerdocio en la Opción por los pobres, en la obra comunitaria en la Villa 31, hoy rebautizada con su nombre, encuentra vigente sus palabras y sus acciones. La llegada del COVID al asentamiento capitalino y su multiplicación de contagios y decesos, ha encontrado en los curas villeros la única barrera de contención y prevención del virus. Fueron los curas villeros los que detectaron y aislaron preventivamente a los familiares de la paciente #1 en el populoso barrio. Su acción es la que permite que, día a día, llevar un plato de comida a aquellos hogares que, imposibilitados de trabajar por las restricciones laborales, sea por el COVID-19 o por la debacle económica experimentada de 2015 al 2019, ven en ellos el único soporte para sobrevivir.

Como ya viene sucediendo, los homenajes y aniversarios debieron adaptarse a los tiempos de la Pandemia, es por eso que durante el pasado Lunes, se pudieron ver por las redes sociales un sinfín de homenajes al Padre Carlos Mugica y a su Obra.
El cura que fundara la Parroquia Cristo Obrero y dedicara su sacerdocio en la Opción por los pobres, en la obra comunitaria en la Villa 31, hoy rebautizada con su nombre, encuentra vigente sus palabras y sus acciones. La llegada del COVID al asentamiento capitalino y su multiplicación de contagios y decesos, ha encontrado en los curas villeros la única barrera de contención y prevención del virus. Fueron los curas villeros los que detectaron y aislaron preventivamente a los familiares de la paciente #1 en el populoso barrio. Su acción es la que permite que, día a día, llevar un plato de comida a aquellos hogares que, imposibilitados de trabajar por las restricciones laborales, sea por el COVID-19 o por la debacle económica experimentada de 2015 al 2019, ven en ellos el único soporte para sobrevivir.

Desarmando la estigmatización


“Nuestro Pueblo, sencillo y humilde, es profundamente pacífico. Lo que sucede, es que nuestro pueblo, ese pueblo humilde y pobre, es el que padece terriblemente la violencia. La violencia de ir con el diario bajo el brazo cada día, a preguntar si se consigue trabajo. Cada vez que viene una persona a ofrecerme a mí un trabajo, yo agarro el micrófono de la capilla y llamo a las seis personas y se presentan sesenta. La violencia de no saber que le va a dar de comer al día siguiente. Lo que yo pienso, es que mi pueblo es profundamente pacífico, pero tiene paciencia. Y, la paciencia, tiene un límite”.

Las palabras de Mugica guardan una actualidad asombrosa: El abandono por parte del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires a los habitantes de la villa 31, es el mismo que a la salida del gobierno de Levingston. Y, muchos de los políticos que hoy revisten en el gobierno capitalino, cargan con los mismos apellidos.


El Padre Mugica fue asesinado por una patota de la Triple A, el 11 de Mayo de 1974, a la salida de Misa en Villa Luro. Para Mugica, la Opción por los Pobres, no fue declarativa y, su siembra, se refuerza en cientos de curas que, hoy, realizan tareas pastorales y comunitarias en las numerosas villas de emergencia en todo el territorio nacional. Cada once de mayo, en las villas no se conmemora la muerte del “Cura de los pobres”, se celebra su obra y legado.

Rodrigo Mas

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