Se fugaron “casi” dos FMI
El Banco Central confirmó la fuga de 86.000 Millones de dólares durante la gestión Macri. También informó que el 1% de los compradores de divisa extranjera concentró casi la mitad del dinero que salió del país.

Vuelve a ocupar gran espacio en las noticias la cotización del dólar.

Veamos algunas cuestiones acerca de la discusión económica del tipo de cambio.

¿Es el precio del dólar importante?

Sí, lo es. Es un precio clave. Determina la relación entre la competitividad interna con la del resto del mundo. En primera instancia el precio del dólar afecta la balanza comercial, es decir, las exportaciones e importaciones.

En general, se observa que los países más desarrollados intentan promover las exportaciones, pues elaborar esos bienes genera riqueza y trabajo en su territorio, y desalentar las importaciones, pues el trabajo que se genera en su territorio lo trasladan a otros países.

Esto no es siempre así. Hay una ideología, la del libre cambio, que argumenta que es mejor importar de quienes poseen ventaja para enfocar nuestra producción en lo que nuestro país tendría ventaja.

No casualmente, sino causalmente, la ideología del libre cambio es más aplicada en los países subdesarrollados. Es harto conocido y evidente que Estados Unidos, Unión Europea, China, o casi cualquiera de las economías pujantes no se despreocupan de sus exportaciones ni de sus importaciones. Hay roles muy activos de los Estados en las regulaciones comerciales.

El libre cambio se difunde como ideología una vez que Reino Unido desarrolla la “revolución industrial”. Consigue una ventaja con respecto al resto del mundo en la industria textil y naval, y necesita mercados. Entonces, economistas británicos como Adam Smith y David Ricardo teorizan las bondades del intercambio sin barreras.

El libre cambio ha sido siempre eso, una ideología útil, eventualmente, en alguna circunstancia, para los países centrales.

Lo vemos hoy de nuevo. La Organización Mundial del Comercio, en gran medida creación estadounidense, hoy es desconocida por Trump. Si no es conveniente al imperio, se acabó el libre cambio, los acuerdos internacionales y lo que sea necesario.

¿Y en Argentina?

En Argentina esta discusión es la cuestión central desde el comienzo del país. Desde la colonia y desde el advenimiento nacional, desde las guerras entre unitarios y federales, hasta la inmigración, los sindicatos o el peronismo. Todos los procesos densos de nuestra historia estuvieron cruzados por este dilema. ¿Qué dilema? El asunto de si hay una industria argentina. Que en un punto es idéntico al dilema del libre cambio. Sólo hay industria en Argentina si no hay libre cambio, o no lo hay plenamente.

Es representativo el gaucho del Siglo XIX ataviado con un vistoso poncho… made in Manchester. Con lana argentina. No es invento, ni especulación, es lo que pasó en la segunda mitad de ese siglo como regla.

Por supuesto las hilanderías británicas eran sustancialmente más eficientes y productivas que los talleres artesanales tucumanos o cordobeses.

Argentina padeció el triunfo de Buenos Aires, la ciudad del contrabando, que fue su rol durante la colonia. A esa burguesía comercial contrabandista no le interesaban los talleres para abastecer el mercado propio, sino, al contrario, representar, convertirse en distribuidor, del fabricante extranjero, mayormente inglés.

¿Y esto qué tiene que ver?

Esto mismo es lo que pasa hoy.

Macri, además de dejar el país en default, de fugar U$S 86.000 Millones, de haber endeudado en más de U$S 130.000 Millones, batiendo récords de montos y tiempos, de destruir la economía, dejó el Banco Central sin reservas. Destruyó las regulaciones y mecanismos de control que fiscalizaban que los exportadores liquidaran las divisas (trajeran los dólares).

No había dólares. No hay dólares.

¿Y para qué hacen falta dólares?

Aquí las respuestas son alternativas. A Macri le hacen falta dólares para fugarlos. A Alberto le hacen falta dólares para iniciar un proceso de industrialización.

¿Qué es esto de la fuga?

Ciertamente, hay una dimensión cultural en la clase media que ha incorporado el dólar como “reserva de valor”, moneda en la que ahorra. Más que ello incide la voracidad de una burguesía y una oligarquía que ganan inmensas fortunas en el país. Pero hay un problema: las ganan en pesos. Y si ellos no las pasan a verdes y se la llevan no les luce.

Ese fue el rol cipayo, colonialista, vendepatria, de Macri. Vaciar de dólares Argentina fue atentar contra las chances presentes y futuras de un desarrollo nacional.

Así, el hiperendeudamiento de Macri sirvió para dolarizar carteras que se iban del país. Adicionalmente, el mecanismo de fuga propiciaba fuertes devaluaciones. Las devaluaciones depreciaban el valor de los salarios en dólares, que siempre fue un objetivo confesado de Macri: hambrear a los argentinos.

Tan fracasado y ruin es el vendepatria que terminó poniendo él mismo el cepo que dijo venir a eliminar.

Alberto necesita dólares para pagar las importaciones necesarias para el despegue industrial. Como no hay, no se puede destinar los pocos que entran a la fuga o al ahorro, por ello se desdoblan los tipos de cambio.

Siempre estuvo claro en la teoría, y también en la realidad, e igualmente se corroboró ante las estafas del macrismo, que el dólar que vale para el consumo es el oficial. Prat Gay, el albacea de Fortabat y primer devaluador de Macri, sostuvo que los precios internos estaban calculados a un dólar de $ 14 cuando el oficial estaba a $ 9,60. Y devaluó. Y esa devaluación al poco tiempo estaba trasladada a precios.

Eso es lo que evita el ministro Guzmán. Que los trabajadores argentinos paguen los alimentos y el resto de sus consumos más caros. Para ello necesita que no se le escapen los dólares que entran.

¿Qué pasa si se devalúa?

Claramente se traslada a precios y los salarios pierden. ¿Aumentan las exportaciones? En general habría que esperar que sí pero en Argentina esa relación se ha mostrado relativamente inelástica. Tiene que ver con que los sectores más dinámicos del país ya están exportando a pleno y una mejora en las cotizaciones no se traduce en un aumento de la producción. La agricultura no puede expandirse más.

Una devaluación, entonces, ajustaría a la población, no mejoraría sustancialmente en el corto plazo las exportaciones y sí haría caer las importaciones.

La reprimarización profunda que se operó bajo el macrismo es un daño brutal al patrimonio económico y cultural. Llevará años reconstruir las industrias.

¿Por qué hicieron tanto daño?

Están las explicaciones evidentes y válidas: ganaron fortunas.

Me interesa agregar que hace tiempo, existen una serie de “justificaciones” que ofrecen una pátina de buena conciencia a los ganadores del modelo. La idea de que el beneficio propio es beneficioso para el conjunto se refuerza con el mito de la autorregulación de los mercados (llamada ley de Say). Lava las culpas de la destrucción depositando la fe en que la riqueza y el trabajo perdido serán suplantados en el corto o en el largo plazo por trabajos más eficientes.

Este es el mayor mito de la economía ortodoxa. El que hay que buscar detrás de los crímenes del macrismo en particular y de la derecha en general. La cantinela de que el mercado premiará a quienes trabajan bien y que serán los que se impongan. Por supuesto, no pudieron ni podrían verificarlo en la realidad.

La cuestión no es el cepo. Es el modelo de país. Una colonia pastoril con una casta oligárquica al mando; o un país pujante, con industria, trabajadores y Estado luchando soberanamente por un lugar de dignidad y un piso de derechos.

Carlos Almenara docente y periodista. Autor de El faneróscopo de Eliseo.

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