-”Vení, sentate. ¿Vos viste lo que dijo este?” Sí, así comenzaban siempre nuestras charlas con Aldo. A veces, duraban horas. Me encantaba tenerlo cerca para charlas de tres de las cosas que más nos gustaban: Política, Películas y Series. Nos sentábamos cerca en la gran mesa que su hermana, La Tana, organizaba y su compañero, El Moro, nos malcriaba con manjares imposibles. Las fiestas en la familia Canduzo, son lo más parecido a una bacanal romana y, siempre, terminan en baile pero, de alguna manera u otra, ese momento me encontraba charlando -con él- de la última serie que vimos, o de ese papel destacable de tal o cual actor.  Si por alguna razón, estábamos en lados opuestos de la sala, siempre se escuchaba el vozarrón de Aldo que atravesaba desafiante al sistema de audio: “Cómo era el nombre de la actriz esa, la de…” y, ahí, empezaba la segunda ronda de charla.

Aldo era verborrágico, divertido, llegó a llamar a Netflix, en los comienzos de la plataforma, para que renovaran la programación porque “ya lo había visto todo”.

Hace unos años, Aldo, perdió a su compañera. La amaba mucho. Recuerdo la imagen de él diciéndole “Vamos a bailar”, mientras la abrazaba en el cumpleaños de quince de su sobrina. Sabía que le quedaban pocos bailes juntos y no quería desaprovechar ninguno. Aldo era hijo y hermano de laburantes y, como todos en la familia, hincha de Vélez (aunque la tribuna funebrera era la medianera de su casa). Pese al voluminoso porte, que le imprimía una imagen dura, se le llenaba de luz la mirada y cambiaba el tono cuando hablaba de su hija María Luján, de lo orgulloso que lo ponía saberla Contadora. 

Crítico acérrimo de los pasados cuatro años, realizó su tarea militante en el auto que manejaba. Tenía el “termómetro de la calle” pero, igual, él preguntaba “cómo la veías”. Llegó a ver terminada la pesadilla. Recuerdo que brindamos por eso. Creo que fue la última vez que brindamos. 

Hoy Aldo se fue por una complicación respiratoria. Los miles de puchos fumados no lo ayudaban. Mal momento para partir.   

Me quedo con su sonrisa y el asado que nos comimos en Aguas Verdes, con las películas recomendadas, las ideas discutidas y el “vení, sentate”, que invitaba a la charla eterna.   

Rodrigo Mas

Coordinador de Redacción de Argentina Informada

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