Según un relevamiento cuantitativo elaborado por la consultora Ejes de Comunicación durante el Lunes 15 de Noviembre, la alianza opositora Juntos, con una exposición total de 11 horas de aire, resultó ser el espacio político con mayor cantidad referentes entrevistados por emisoras de radio y canales de TV de AMBA. El segundo lugar correspondió al oficialista Frente de Todos con 648 minutos y el tercero a La Libertad Avanza con una participación de 153 minutos de aire, relegando al último lugar a los dirigentes del Frente de Izquierda Unidad, con apenas 73 minutos de participación.

El trabajo muestra que Martín Tetáz de Juntos, con 11 salidas en Radio y TV y 110 minutos de exposición pública, fue el dirigente más consultado por los medios hegemónicos monitoreados, seguido de Javier Milei con 7 salidas que sumaron un total de 94 minutos de aire. Patricia Bullrich ocupó el tercer lugar con 5 apariciones y 83 minutos mientras que en cuarto lugar figuró José Luis Espert, con la misma cantidad de salidas, pero con menos tiempo de aire (72 minutos) Victoria Tolosa Paz, diputada electa por Frente de Todos se ubicó recién en el puesto 5º con 4 salidas y un total de 65 minutos de “éter”.

Mientras el show televisivo priorizó los testimonios opositores de Bullrich (78 minutos) Espert (66 minutos) Tetáz (58 minutos) Diego Santilli (52 minutos) y relegó al oficialista Daniel Arroyo (43 minutos) al quinto lugar entre los más requeridos, la radiofonía de AMBA se mostró algo más pluralista al optar por Milei (80 minutos) Tetáz (52 minutos) el Gobernador Axel Kicillof (39 minutos) Juan Grabois (36 minutos) y Carolina Losada (35 minutos) como los 5 dirigentes más entrevistados tras las Legislativas 2021.

Aunque justo es reconocer que en esta oportunidad los medios hegemónicos se mostraron algo más pluralistas de lo que lo hicieron cuando analizamos su comportamiento en nuestro artículo Pensamiento Unico la batalla por la construcción de sentido, se mantuvo intacta más allá de haber culminado la campaña electoral.

El fenómeno correlaciona con lo que técnicamente se conoce como la teoría de la “agenda setting” propuesta por los profesores estadounidenses Maxwell McCombs y Donald Shaw un proceso según la cual, las audiencias eligen «libremente» las cuestiones (issues) ofrecidas por los medios de comunicación, como materia prima para construir y estructurar su propia agenda. De este modo, la agenda de los medios se transforma “mágicamente” en agenda y opinión pública indicándole cuanto menos, en que debe pensar.

En rigor y abandonando por una rato la teoría para dar rienda suelta a cuestiones más concretas, no cabe esperar otra conducta de parte de quienes, en su fuero más íntimo, prefieren la consolidación de un modelo económico neoliberal monitoreado y dependiente del Fondo Monetario Internacional (FMI) que ha fracasado ya en cuatro oportunidades durante los últimos 50 años, ya sea en manos de gobiernos autoritarios como lo fue la última dictadura militar (1976/83) como electos por el voto popular: tales los casos del menemismo (1989/99) la Alianza (1999/2001) y el macrismo (2015/19).

“La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria. El resultado es una mezcla de enfado y miedo” opina Noam Chomsky quien responsabiliza directamente al neoliberalismo hegemónico por semejante deterioro. “La desilusión con las estructuras institucionales ha conducido a un punto donde la gente ya no cree en los hechos. Si no confías en nadie, por qué tienes que confiar en los hechos. Si nadie hace nada por mí, por qué he de creer en nadie”.

Chomsky completa su idea de un modo contundente: «El neoliberalismo existe, pero solo para los pobres. El mercado libre es para ellos, no para nosotros. Esa es la historia del capitalismo. Las grandes corporaciones han emprendido la lucha de clases, son auténticos marxistas, pero con los valores invertidos. Los principios del libre mercado son estupendos para aplicárselos a los pobres, pero a los muy ricos se los protege».

Como también ya hemos dicho, el “nado sincronizado” e interesado de los medios que en la práctica ofician como voceros de las elites en Argentina, no justifica en absoluto los magros resultados económicos que tiene para mostrar la Administración Fernández, pero sin dudas, en una época caracterizada por la confluencia de una crisis sanitaria, económica, medioambiental y social que afecta al mundo entero, la influencia de los medios de comunicación tiene su relevancia y su porque.

Hoy, a pesar del desarrollo científico y tecnológico (¿o en virtud de él?) vivimos en una democracia que, apenas formal y cuya legitimidad triste es reconocer parece atravesar por una etapa de franca decadencia, forjó “sociedades líquidas” pueblos de memoria frágil y/o sociedades a las que directamente poco y nada les interesa tenerla.

Un colectivo social que juzga y se comporta individual, social y políticamente a partir de sus emociones, que prefiere esquivar al pensamiento crítico (sino al propio pensamiento) y que, al informarse, se contenta con recibir material previamente “rumiado” por especialistas y analistas que, a pesar de ser interesados y en muchos casos haber sido notables protagonistas del pasado reciente de nuestro país, se los presume independientes e infalibles, por el simple hecho de confirmar nuestros prejuicios.

Aquí, es el “kirchnerismo” quien es recurrentemente señalado y estigmatizado como único responsable del atraso, la falta de libertades y la decadencia de la “República”, a pesar de haber gobernado respetando la propiedad privada y las elecciones libres, bases de la democracia liberal hegemónica en el llamado “mundo libre”.

Comunicadores y analistas tamizan todo su análisis político, buscando solo complacer a su opositora audiencia. Tal encuadre, sesgado e intencional, siempre concluye en la inminente desaparición de aquel espacio (lo cual quizá merezca alguno de sus dirigentes) desoyendo que aproximadamente un 30% la sociedad lo avala al sufragar. Sus consideraciones, que insisto se pretenden objetivas, soslayan que los sectores sociales que lidera el kirchnerismo, son en su gran mayoría los ya expresado, excluidos y postergados en la pirámide de ingresos. Aquellos que el libre mercado descarta y a los que niega derechos sociales y ciudadanos.

Tal exclusión, hace de dichos sectores postergados, un núcleo duro el que, en tanto el crecimiento económico no les sea inclusivo, siempre será netamente opositor de quienes pregonan que solo el mercado, es capaz de «organizar» de manera eficiente y justa a nuestra sociedad.

Un conglomerado social al que poco le importa la construcción de sentido que impulsan los medios, pero que, aún cuando entre sus principales pecados esté la soberbia de creerse invencibles, deja afuera de “la tribu” al 70% restante de la sociedad.

«La democracia es la dinámica del desacuerdo» nos dice Jacques Ranciére, filósofo y profesor de política y estética francés, al tiempo que, en su obra, destaca y concluye que el conocimiento no es un valor exclusivo de las elites.

Aún cuando estas se presenten socialmente como abanderados de una verdad absoluta e irrefutable y no contaminadas por “la política” a quienes falazmente repudian, en realidad su principal objetivo es acceder al manejo político de los resortes de decisión del estado, para aplicar un programa de gobierno neoliberal en beneficio propio y de sus sectores vinculados.

El neoliberalismo casi como si se tratase de un credo religioso, promete el bienestar futuro, solo en la medida en que la sociedad acepte acepte digerir un trago amargo y un enorme e inmediato costo social, que solo padecen las amplias mayorías populares hacia quienes el postulado “derrame” nunca llega.

Como bien afirma el también filósofo francés Louis Althusser en su obra Ideología y aparatos ideológicos del Estado escrita en 1970 cuentan para ello con ávidos “profesionales de la ideología” que escondiendo la propia, buscan construir una sociedad no ideológica.

Voceros que cual músicos que brindan cotidianamente un “concierto dominado por una partitura única, la de la ideología de la clase actualmente dominante que integra en su música “ interés general como nacionalismo, moralismo y economicismo” contribuyen a erosionar la defensa de los intereses propios de los sectores más humildes, instándolos a aceptar “lo posible” como único modo de afrontar la crisis poniendo en riesgo de este modo, las pfropias bases de la convivencia democrática y plural.

Un intento que padecemos a diario, a pesar de que la realidad los contradiga y desnude que detrás de todo sujeto aparecen las ideologías, pues para que el objetivo que se propone la elite llegue a buen puerto, debe darse ante todo un postulado básico.

Para explicarlo permítanme citar una vez más y a modo de cierre a Louis Althusser: “La condición sine qua non de la reproducción de la fuerza de trabajo no sólo radica en la reproducción de su «calificación» sino también en la reproducción de su sometimiento a la ideología dominante, o a la «práctica» de esa ideología” que claramente atenta contra sus propios intereses.

Walter Darío Valdéz Lettieri

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