Para quienes están acostumbrados a esperar, cada domingo, el Stand Up político de Hasan Minhaj en Netflix, no es una novedad que cada emisión supera a la anterior y los temas son cada vez más candentes. Esta semana no fue la excepción y el tratamiento de los problemas que atraviesa la prensa local, de barrio, de pueblo en EE.UU y su lucha contra los fondos buitre que controlan las noticias en el país del norte, fue una gran palmada en el hombro para los que luchamos por una prensa libre y democrática que llegue a la comunidad. Pero, siempre hay un pero, el lunes nos sorprendimos con un nuevo “clip”. No era un episodio y tampoco se podía acceder. Aún no estaba subtitulado y solo se podía acceder desde la versión digital de You Tube, en esos doce minutos, Hasan, realizaba un sentido llamado a no mirar para el otro lado a su comunidad, la comunidad asiática (minhaj es hindú musulmán), les hablaba a todos los asiáticos inmigrantes y primeras y segundas generaciones, para parar el brote racista que divide las aguas en los medios y penetra en la sociedad. La “grieta” americana nunca fue sanada, los derechos civiles para la gente afroamericana, nunca fueron respetados y los actos de violencia y brutalidad institucional, generaron los actos que se pudieron ver en la televisión los pasados días.  El llamamiento a Levantar la voz por George Floyd, no es el pedido de una estrella que luego vuelve a sus nimiedades. Es el llamado de una prensa comprometida, a través del humor, para modificar la sociedad. 

Puede acceder al contenido de Netflix desde aquí Episodio «Levantemos la voz por George Floyd»

En Argentina en las pasadas semanas hemos vuelto a sufrir los embates de una violencia institucional, una violencia que jamás se desactivo y, que fue impulsada por las doctrinas “punitivistas”, que ejerció Cambiemos durante su administración. Una doctrina que apuntaba a penar la pobreza y el delito social, dejando de lado y amparando los verdaderos delincuentes, como se puede observar con las revelaciones del AFIGATE. Los hechos de violencia institucional como el de Luís Espinoza, muestran un cambio en la actitud del Estado frente al delito de aquellos que deben proteger a los ciudadanos: Los responsables de la desaparición y posterior muerte de Espinoza se encuentran detenidos y a disposición de la justicia. Lo mismo para los que irrumpieron en una comunidad Wichi y generaron el terror en sus habitantes. Más allá que la oposición realizara un lamentable papel, hablando de defensa de los derechos humanos, los hechos y su forzada respuesta nos debe interpelar como sociedad y preguntarnos una vez más si hemos hecho lo suficiente para que el racismo, la falta de oportunidades y la violencia institucional sean un flagelo en nuestro país como los son en Estados Unidos. La respuesta no estará después de los doce minutos en Netflix o en You Tube, pero puede que sean un buen catalizador para empezar a pensar en las deudas sociales que, como sociedad, tenemos.

Rodrigo Mas

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