La partida de Néstor Kirchner significó un reacomodamiento de la escena política del tamaño del líder político que cambió la historia en solo 7 años. La construcción política nacional de Néstor Kirchner -más allá de los años en el sur- comenzó el mismo día que se subieron al avión con Aníbal, Cristina, Scioli y Alberto. Una construcción del sujeto político y una reconstrucción de los valores, éticos y morales, que le devolvieron, a una sociedad balcanizada, la oportunidad de volver a creer. Un apellido que, en siete años, pasó de sonar a licor a estar en boca de todo el mundo. La letra K que, en el idioma español, estaba limitada al gramaje o la forma snob del “polirrubro” de la esquina, se tornó en la forma despectiva para denominar al enemigo a denigrar. Un nombre que pasó del absoluto desconocimiento a la presidencia de la Nación y al amor más importante que se conozca en este siglo por un dirigente político. ¿Cómo lo logró? Siendo cercano a la gente. Pero a la vez siendo una figura en la cual se podía confiar. Accesible pero determinante en sus decisiones. La de cumplir antes de prometer. La de levantar banderas que nadie creía posible ser levantadas y llevarlas adelante. O acaso alguien soñaba con un país dónde los maestros sean respetados, los jubilados reconocidos, los científicos repatriados, las diversidades con los derechos igualados, las identidades restituidas y las mujeres empoderadas. No, absolutamente nadie. Solo ese grupo sabía que estaba decidido a lograrlo.

Siempre recuerdo la anécdota, cuando Aníbal Fernández llegó a la ciudad dónde yo era el director del noticiero local. Una noche se reunió con los políticos locales, mientras a prensa esperaba afuera para lograr alguna nota de color con la figura que llegaba de la Capital. Recuerdo haberme mantenido al margen de la charla con la prensa hasta que me lo presentan y acotan mi pertenencia al movimiento. Ahí, Aníbal, desplegó una batería de ideas y proyectos que tuvo como única respuesta de mi parte: “Con que hagan el 10% de lo que me está contando, tiene mi voto para siempre”. 

Y así fue: cada cosa que nos contó Aníbal (esa fría noche costera), todo eso que tenían pensado, se cumplió. Educación, Ciencia, Trabajo, Desarrollo, Crecimiento todo estaba ahí. Pero para mi sorpresa fueron mucho más allá, porque lo mejor se lo habían guardado para deslumbrarnos: Los sueños de nuestros padres de ver sentados a los jerarcas de la dictadura rindiendo cuenta por las atrocidades se hizo posible al revocar la obediencia debida y el punto final. Pidió disculpas, en nombre del Estado, por callar las atrocidades de la dictadura emprendiendo así, el acto de soberanía política más importante de los últimos cuarenta años. El tan mentado sueño de la independencia económica se dio con el pago en efectivo de la deuda con el fondo y el principio de acuerdo con el Club de París que permitía centrar los recursos en alcanzar la justicia social mediante paritarias, más y mejor educación con la construcción de jardines, escuelas y universidades. Construyó una alianza continental progresista con el gigante Brasil y el millonario reservorio petrolero de Venezuela que terminó con las aspiraciones del Departamento de Estado de lograr una zona de libre comercio que detuviera el déficit de Estados Unidos. Entre Lula, Chávez y Néstor le dijeron no al ALCA en Mar del Plata. 

Néstor Kirchner pasó de loco lindo del interior a peligroso para el establishment. No lo pudo manejar Duhalde y no lo pudo manejar Clarín y lo había “primereado” a Bush en uno de los papelones más importantes que tuvo la casa Blanca desde Watergate y Vietnam. Clarín intentó condicionar y obligarlo a un segundo mandato. Kirchner le respondió nominando a Cristina Fernández para las elecciones de 2007. La elección de la entonces Senadora, también se conocería como el referéndum que nunca tuvo Kirchner luego de asumir. Cuarenta y siete por ciento del electorado, convalidaría su gestión y premiaría con la continuidad del modelo. A su salida del gobierno Kirchner contaba con el 78% de aprobación popular. Casi cuatro veces los votos que le alcanzaron para acceder a la primera magistratura del país.

Sabiendo que el enemigo era cada vez más grande, no dejó de militar. Clarín y la asociación de empresas, las patronales rurales y la Embajada de los Estados Unidos se unieron como en 1945 para derrotar a Perón y Kirchner conoció la derrota electoral en 2009. Una alianza variopinta y advenediza le arrebató el triunfo en las elecciones legislativas por 1,5%. Pero más allá de saberse vencido electoralmente, puso más fuerza en la construcción de ciudadanía, en la militancia territorial. Se sentó en su banca de Diputados una sola vez para votar, pero ese voto fue decisivo. Se cargó al hombro la labor de convencer a propios y ajenos de la necesidad de promover iguales derechos a las parejas del mismo sexo. De esa manera, Argentina, se transformó en el primer país de Latinoamérica y uno de los pocos en el mundo (hasta ese momento) de promulgar el matrimonio igualitario. Con ese gesto, Kirchner convenció a muchos que, lo imposible, se puede dar: solo es cuestión de tiempo y militancia. 

Y en eso estaba cuando lo sorprendió la muerte después de una semana tensa por la muerte del militante Mariano Ferreyra. Un joven, un militante, había muerto a manos de una patota sindical. Hasta el último momento luchó para que los responsables rindieran cuentas ante la justicia. Y así fue. Los autores materiales e intelectuales pagaron el homicidio. Pero él no pudo verlo. 

Su velorio, fue la muestra de amor más descomunal vista en la historia moderna de nuestro país: solo los antecedentes de la muerte de Eva y Perón anteceden a la masiva concurrencia a la capilla ardiente montada en la Casa Rosada. Centenares de miles pasaron para agradecer y presentar sus respetos a la Presidenta y su familia. 

Su imagen se transformó en ícono de la lucha de los jóvenes idealistas, de los adultos con compromiso y de los veteranos con memoria. Nada fue igual después de su muerte. Los procesos se aceleraron, las acciones trasformadoras se multiplicaron y Cristina tomo la posta de dirigencia para la que se preparó toda la vida. La victoria del 2011 con el 54% de los votos, no solo fue el reflejo del apoyo popular a las medidas llevadas adelante por Fernández, fueron -también- el homenaje al arquitecto del modelo nacional y popular del siglo XXI. 

La avanzada conservadora no se detuvo, se cometieron errores, el movimiento se dividió y allí otra alianza variopinta se alzó (por la mínima expresión) con el gobierno. Pero fue la figura de Cristina y el recuerdo de Néstor los que trajeron aquel viejo dicho que en pintadas callejeras desafiaba a la “Revolución Fusiladora”: Luche y Vuelve. 

Llevó tiempo, dolor, mucho dolor. Pero las heridas cicatrizaron, las diferencias se saldaron y el movimiento se volvió a unir llevando a uno de los que se subieron al avión a la Presidencia: Cristina aportó los votos y, Alberto Fernández, el armado político (que era la especialidad de Néstor).

Hoy, el Presidente de la Nación le tocó inaugurar la reposición del monumento que estaba emplazado en la Sede Central de la UNASUR y que fue retirado de allí, por la traición del Lenin Moreno. Hoy la imagen de Néstor recibe a los visitantes en el Centro Cultural más grande de Sudamérica. Ese que él soñó y que es el legado cultural más importante del kirchnerismo. Ese que llegó a inaugurar en su primer tramo como acompañante de la Presidenta durante el Bicentenario. Ese que intentaron reducirlo a CCK, como si las letras quisieran significar otra cosa. Ese que intentaron bastardear alquilándolo para galas privadas. Ese que hoy lo tiene presente para todos los que quieran recordar más allá de sus corazones. 

El legado de Kirchner está en los maestros, en los científicos, en la AUH, en el matrimonio igualitario, en los juicios a los genocidas, en las identidades restituidas de los nietos, en las viviendas, escuelas, jardines y universidades, en las diversidades, en la juventud y en los jubilados, en la clase obrera dignificada, en la clase media con capacidad de consumo, en las empresas abiertas y recuperadas, en los campos no rematados que exportan. En síntesis, cada obra que dignificó a un pueblo que había perdido toda esperanza de mejora. Lo que no es poco. Pidió que florezcan mil flores. Hoy hay que cuidar el jardín que nos legó. 

Rodrigo Mas
Editor de Argentina Informada

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